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Rosa Díez, la indignación

27/09/2013 07:31 CEST | Actualizado 26/11/2013 11:12 CET

Rosa Díez levanta, a día de hoy, pocas pasiones políticas -al menos si nos atenemos al número de votos obtenidos por UPyD en las últimas elecciones y a la intención de voto del barómetro del CIS-. ¿Cómo es posible, con lo apasionada que es ella?

Verán, yo a veces oigo voces... las escucho atentamente, analizo sus rasgos fonéticos y encuentro matices que ni siquiera los hablantes saben que están transmitiendo. Les voy a contar lo que he detectado en la presidenta de UPyD, ya me dirán ustedes si coinciden con mi percepción.

Indignada Plus

Las comparecencias de la señora Díez siguen un esquema: pronuncia las primeras frases con un tono pausado, grave -153 Hz de frecuencia media [audio]-. No mira a nadie, concentrada en sus papeles, concentrada en su propia mente. Muy solvente y espontánea, elabora el discurso mientras lo pronuncia. Aparentemente. Después, hace una larga pausa [audio], todavía mirando al atril y a sus papeles, mira al interlocutor -en este caso al presidente Rajoy-, y se arranca. Usa enunciados largos e imbricados como una muñeca rusa [audio], y en cuestión de tres minutos despega y comienza su encendida diatriba -o sus encendidas preguntas, o su encendida filípica, el caso es estar (o parecer) siempre encendida-. Ya empiezo yo también a imbricar.

Los narradores de fútbol usan el concepto de "las cinco velocidades" para dar más emoción a las retransmisiones: van aumentando el tono y la intensidad a medida que el delantero se acerca a la portería, de modo que cuando entra el gol, la voz del narrador está al límite. Y si no hay gol, encaja bien un "¡Uy!" y la voz se vuelve abajo hasta la siguiente ocasión.

Pero Rosa Díez no controla los ritmos en este sentido. Igual que esos conductores que meten la cuarta en autovía y de ahí no salen, una vez que se instala en su tono de altas revoluciones, ni reduce, ni mete la quinta para ir más suelta. Escuchamos entonces una voz al límite [audio] en cuanto a frecuencia, y apretada, que cuando frena un poco, se cala [audio].

Es la voz de una indignación irrefrenable, con enunciados largos e inspiraciones cortas. Agotador.

Cerebral

Pero Rosa Díez no es una persona impulsiva, y por tanto su indignación no es visceral sino meditada. Ella se enfada porque sabe cosas.

Gregory Bateson desarrolló la teoría del doble vínculo -double bind theory- para explicar por qué ciertos mensajes nos bloquean. Por ejemplo, un símbolo de prohibido el paso en el que se lee "Pase" o una madre que susurra una nana a su bebé al tiempo que le pellizca con fuerza una pierna. Desconcertante, ¿verdad? Y contradictorio, ¿a cuál de los dos mensajes obedecemos?

La comunicación oral de Rosa Díez también desconcierta. Si bien, grosso modo, la suya es la voz de la indignación -alta intensidad, tono desmedidamente agudo, enunciados largos, etcétera-, un análisis más minucioso revela ciertos aspectos que contradicen esta sensación.

Cuando uno está indignado, hiperarticula: mueve los órganos del habla con mayor fuerza y precisión, lo que deriva en la articulación enfática -y por tanto muy marcada- de vocales y consonantes. La presidenta de UPyD, no [audio].

Cuando uno está indignado al extremo de que su voz llega a los 360 Hz -recordemos que Rosa Díez tiene 61 años, y que su voz no efusiva está en torno a los 155 Hz- es porque está a punto de una ebullición histérica. En un estado así, a cualquiera se le dispararía la velocidad de articulación a más de 240 palabras por minuto. A Rosa Díez, con 181 palabras por minuto, no [audio].

Cuando uno está indignado contra alguien -en este caso Rajoy-, su único objetivo es su interlocutor: todo lo que dice es para conseguir un efecto sobre él -este es, de hecho, el motivo de la hiperarticulación-, y por eso el indignado no se da cuenta de si pierde los papeles, si se embala o si se equivoca. El foco de la atención del indignado es el otro, no uno mismo. En el caso de la Señora Díez, no [audio].

Este comportamiento fonético proyecta la impresión de una persona cerebral, con unos objetivos muy claros y un plan diseñado al milímetro.

Impaciente

Es normal impacientarse cuando uno ve que no acaba de conseguir eso que lleva treinta años intentando. La presidenta de UPyD pierde por momentos su autocontrol espartano y en la voz se le nota la urgencia. Lo más revelador de este rasgo es la escasa articulación de ciertas palabras largas. Para muestra, estas cinco palabras: nacionalización [audio], responsabilidad [audio], carácter [audio], sociedad [audio] o la oposición [audio]. Hay muchas más.

Su patrón inspiratorio también es característico de personas impacientes, esas personas que no pueden esperar hasta terminar el enunciado, o al menos hasta pronunciar el sustantivo en un sintagma nominal para tomar aire [audio]. Por otra parte, en los puntos en los que la sintaxis sí se lo permite [audio], ella no lo hace, como si no quisiera perder tiempo en esas nimiedades fisiológicas, respirar, bah, para qué.

Pero ha de saber que esa impaciencia, ese descontrol inspiratorio le conduce a tener una voz gritona aunque débil, porque el chorro de aire, que debería ser expulsado de los pulmones a velocidad constante, sale como puede. Los finales de los enunciados tienen el sonido crepitante que revela que toda la región epilaríngea -las estructuras que rodean la laringe- está constreñida. Seamos modernos y apliquemos el aprendizaje experiencial, o hands-on: cojan un bote de ketchup de esos que se ponen al revés y que tienen una válvula antigoteo. Hagan salir el contenido, presionando hasta que no se pueda más. Lo que ocurre en ese momento es igual que lo que ocurre al tratar de emitir voz cuando ya no queda aire: la laringe -la válvula antigoteo- se cierra y el sonido es crepitante [audio], burbujeante en el caso del ketchup.

La estrategia de partido

La indignación vende, todos estamos indignados hoy en día: los recortes, la corrupción, la banca... Ya ni siquiera nos relajamos tomando un café con leche.

¿Por qué no aprovecharlo?

¡Sí! ¡Eso es! Lo veo, lo estoy viendo en letras blancas sobre fondo magenta: yo, Rosa Díez, seré la voz de todos los ciudadanos que están indignados -aunque hay millones que aún no lo saben-.