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'Aut Caesar aut nihil': la última oportunidad de Pedro Sánchez

14/12/2015 16:45 CET | Actualizado 14/12/2016 11:12 CET

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Foto: EMILIO NARANJO/EFE

El 10 de enero del 49 a.C., Julio César, desafiando al Senado Romano, que lo había prohibido expresamente, cruzó el río Rubicón con el propósito de enfrentarse a Pompeyo, y cuentan las crónicas que tras la arenga a sus tropas, estas respondieron al grito de "Aut Caesar aut nihil". O César o nada.

Unos siglos después, César Borgia, hijo natural del papa Alejandro VI, utilizó esta frase como Divisa, llegando a ser duque, príncipe, conde, obispo de Pamplona, arzobispo de Valencia, capitán general del ejército del Vaticano y cardenal con casi 20 años de edad. César Borgia llegó a llevar el "Aut Caesar aut nihil" grabado en su espada, de la que hizo buen uso en sus breves años de gloria; tanto entre sus aliados como, sobre todo, entre sus enemigos, que no eran pocos.

Hoy Pedro Sánchez se enfrenta a su propio Rubicón en el debate televisivo con Mariano Rajoy, su última oportunidad de enderezar una campaña tachada por la prensa de amateur, errática e inconsistente, y que ha logrado el notable prodigio de que los socialistas estén hoy en peor posición que al principio de la misma, mientras sus rivales, singularmente Iglesias y Rajoy, continúan creciendo en las encuestas y Albert Rivera comienza a dar alarmantes síntomas de agotamiento.

No lo va a tener fácil Sánchez, un debate nunca lo es, sobre todo cuando tienes en frente un rival tan resbaladizo como Mariano Rajoy, fajado en cien comparecencias parlamentarias y a quien no parecen afectar los golpes dialécticos de sus rivales.

Rajoy sabe que le basta con no perder el debate y que, por tanto, no necesita arriesgar. Es consciente de las urgencias de un Sánchez que necesita ganar por KO, y tratará de no cometer errores no forzados, buscando maximizar los de su rival mientras lanza mensajes a sus targets favoritos en esta campaña: personas mayores y el mundo rural. No descarten que Rajoy haya decidido embarrar el debate a base de interrupciones, series aburridas e interminables de datos, desplantes a la falta de experiencia de su rival, y referencias -con gráficos- a la herencia recibida. En una estrategia conservadora, ese tipo de tácticas pueden funcionar bastante bien.

Sánchez, por el contrario, necesita ganar el debate con claridad para situarse en el imaginario colectivo como única alternativa a Rajoy. A su favor juega la tremenda diferencia de edad entre ambos y sus indudables distancias físicas.

No le bastará a Sánchez con arrinconar a Rajoy en el marco izquierda-derecha, sino que a falta de Rivera e Iglesias en el plató tiene una oportunidad de oro de aparecer como un líder nuevo frente a uno viejo, marcando una agenda temática más moderna, urbana y joven de la que puede mostrar su rival.

No le bastará a Sánchez con recitar frases de laboratorio más o menos afortunadas, necesita generar esperanza de cambio, ilusión en el futuro, no puede caer en la trampa de los datos, sino que debe convertir cada uno de ellos en una historia de la que las personas, los ciudadanos, sean los protagonistas.

Ya saben, "Aut Caesar, aut nihil".