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Visibilidad enfermera

25/09/2017 07:30 CEST | Actualizado 25/09/2017 07:31 CEST
Getty Images

Empieza el turno ya sea en consulta, en planta, en quirófano... pueden ser la 8 de la mañana, las 3 de la tarde o las 10 de la noche, da igual la hora, también da igual que se trate de un hospital, centro de salud, centro sanitario o cualquier centro donde una enfermera desarrolle sus funciones, da igual del centro que se trate para que se oiga un....¡niña! ¡morena! ¡señorita!... Cualquier adjetivo acabado en "a" relacionado con el sexo femenino y a ser posible cercano a la juventud. Da igual que la enfermera sea enfermero, da igual que la enfermera tenga 40 años o esté a punto de jubilarse, incluso, da igual que le hayamos dicho nuestro nombre,d a igual... ¡niña!

Los clichés en torno a nuestra profesión parecen acompañarnos desde los orígenes del universo y no tienen pinta de dejarnos. Desde el típico cliché sexista y machista de enfermera sexual, que desgraciadamente hemos tenido que ver este fin de semana en la pasarela Cibeles, cliché que aparece también poniendo la palabra enfermera en el buscador de Google y gifs de aplicaciones móviles, hasta el cliché de ayudante-secretaria del médico.

Situaciones que nos han pasado, y nos consta que a compañeros nuestros también, cuando desempeñamos una de nuestras funciones, como es dar educación para la salud. Pues bien, en más de una ocasión cuando realizo tal función, al acabar el paciente se dirige a mí en calidad de "doctora" a lo que yo no tengo inconveniente en contestarle, educadamente, que soy enfermera y no médico.

La cara de asombro y de poema de algunos/as es para enmarcar. ¿Por qué les resulta curioso que una enfermera les explique y oriente en su patología? ¿Por qué se sigue pensando que el único que sabe es el médico y la enfermera es su secretaria (como me dijo un día un paciente)? Algo falla, algo hacemos mal, algo transmitimos erróneamente.

Estamos fallando cuando la población sigue pensando que la enfermera es la que se sienta al lado del médico para firmar las hojas o llevar historias de lado a lado, y lo decimos en plural porque creo que en esto debemos de hacer autocrítica. Llevamos tiempo reclamando en las redes sociales fundamentalmente bajo la etiqueta #enfermeriavisible, más visibilidad y reconocimiento, pero no llega. No llega y cada vez provoca el hastío de más compañeros que avanzan y están haciendo mucho por la profesión y acaban quemándose ante el poco reconocimiento social de nuestra labor.

Los clichés en torno a nuestra profesión parecen acompañarnos desde los orígenes del universo y no tienen pinta de dejarnos.

Parémonos un momento en algo que señalábamos anteriormente. ¿Por qué si un paciente ve a un enfermero chico con un fonendo, sin dudarlo le llama "doctor" en infinitos casos? Supongo que la cuestión se puede explicar antropológicamente y por una cuestión de género. Lo primero es explicar que "doctor" es en su primera acepción, la persona que ha recibido el más alto grado universitario, aunque el término lo utiliza el usuario como coloquialismos refiriéndose al médico. Y es que venimos de donde venimos y pese a que la sociedad ha evolucionado inmensamente quedan reminiscencias en el subconsciente que hacen actuar así. El paciente por supuesto no quiere faltar a la sensibilidad del profesional, pero por eso es tan importante el reseñar quién es el que le está realizando la actividad asistencial en ese momento, que tenga claro que es una enfermera la que está cuidando de su salud.

Sin duda, lo que nosotros hagamos en nuestra praxis diaria va a influir en la imagen de nuestra profesión. Nosotros somos la mejor marca enfermera, si no nos sabemos defender como profesionales, no podemos esperar que los demás lo hagan por nosotros. Debemos hacernos valer y, aunque es muy difícil evitar todas las protestas y parecer que somos el paraguas de todas las quejas y reclamaciones, no debemos dejar que se nos falte al respeto desautorizándonos e infravalorando nuestro trabajo, que siempre debemos realizar bajo evidencia (será nuestro mayor argumento).

Y si nuestra acción o inacción es clave para visibilizarnos no deja de serlo tampoco la acción o inacción de nuestros representantes. Sus actos por la visibilidad de nuestro colectivo son casi inexistentes, excepto algunos días claves al año. Algunos nos preguntamos si los aproximadamente 19 millones de euros que maneja el Consejo General de Enfermería al año no dan para acciones de marketing y visibilización de manera mantenida, en donde se muestre a la sociedad española la realidad y el importante peso sanitario que tenemos. Realmente es sorprendente la inhibición del Consejo en visibilizar a la enfermería española para que nuestros pacientes nos vean como enfermeras capaces y eficientes y que no duden que la que le está guiando en sus cuidados es una enfermera perfectamente capacitada.

Queda mucho por hacer, por parte de todos, lo primero y fundamental es creernos lo que valemos y lo que somos, quitarnos los complejos de inferioridad. Somos una profesión que dispone también de autonomía, que no se nos olvide y a quien se le olvide le rogamos que lea la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS).