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Contra el café para todos

28/07/2013 09:53 CEST | Actualizado 26/09/2013 11:12 CEST

Hace algunas semanas viajé a Portland para pasar unos días con la familia de mi mujer. El mejor rato de aquel largo puente lo pasé un sábado por la tarde yendo con mi cuñado a ver una reposición de Solo ante el peligro en un cine de aquellos que antes se llamaban de repertorio.

Fuimos a la sesión de las dos de la tarde. El precio de la entrada era de tres dólares (poco más de 2 euros al cambio actual). Después fuimos a tomarnos algo a una microbrewery (un establecimiento en el que fabrican su propia cerveza) que había al cruzar la calle y que sirve cerveza artesana. Era la "hora feliz" y cada pinta costaba creo recordar que dos dólares y medio en un espacio con terraza bastante agradable. Ni que decir tiene que invité yo. Portland tiene esas cosas, por menos de 12 dólares uno puede disfrutar en compañía de una buena proyección, una cerveza de calidad y encima sentirse magnánimo. Es además una de las ciudades más cultas de los Estados Unidos con el segundo número de doctorados per cápita y algunas de las mejores librerías.

La experiencia, que aparentemente en sí no tienen nada de extraordinaria, me hizo pensar en la ausencia de cines de reposición en las grandes ciudades españolas, convertidos si acaso en artículo de coleccionistas. Madrid o Barcelona tienen, sin duda, más cinéfilos que Portland pero esta ciudad tiene cuatro o cinco cines de repertorio, a pesar de ser una ciudad de solo medio millón de habitantes, mientras que Madrid no tiene ninguno. Tampoco acierto adivinar porque en un contexto de depresión (no recesión) económica, uno casi nunca encuentra en España hosteleros que bajen los precios manteniendo la calidad aunque sea durante algunas horas al día. Por si cupiera alguna duda, ni el barrio ni la clientela en que se encontraba ese cine y ese bar denotaban que nos encontráramos en un contexto marginal o acaso alternativo (aunque Portland tenga esa etiqueta).

El café para todos no es solo una frase del Che Guevara que más tarde hizo fortuna en tiempos de la transición para criticar la igualación de competencias autonómicas entre las autonomías que realmente las deseaban y otras que ni siquiera soñaban con ser autonomías. El café para todos es una forma de ver la vida que entiende que todo el mundo es igual, que a todos nos gusta ir pasar un día entero en la piscina en verano, la cerveza Mahou, el Mercadona, ir al supermercado a las siete y media de la tarde después de trabajar en jornada partida, ver futbol, quedarnos en casa la hora de la siesta, salir los sábados a partir de las diez de la noche y volver de madrugada, escaparnos los puentes y comer a las tres de la tarde. El café para todos implica una forma de ser gregaria: todos tenemos la misma agenda diaria ya que, como muy bien decía Muñoz Molina en una entrevista, no es cierto que el español sea individualista, es falso.

La lógica del café para todos es entender que ser iguales va mucho más allá de que la ley debe ser igual para todos y debemos gozar de similares oportunidades. Entiende que la igualdad es un fin en sí mismo y siempre preferible a la libertad como apunta el World Values Survey (un estudio que coordina la Universidad de Michigan sobre la evolución de los valores en el mundo). En el caso de España eso supone, por ejemplo, que lo importante es que todo el mundo vaya a universidades cortadas por el mismo patrón por obra y gracia de los distintos gobiernos de turno o que todo el mundo tiene que comer el menú del colegio aunque haya familias que prefieran ahorrarse los 90 euros y llevarse un tupper.

We are all weird (todos somos raros) no es solo el título de un conocido libro de Seth Godin, gran gurú norteamericano del marketing, que nos recuerda algo obvio, que el éxito de una empresa depende de ofrecer productos o servicios fuera de lo común, que no caros o elitistas, ya que en el fondo todos tenemos manías y perversiones que nos hacen desear experimentar y vivir cosas extrañas. Pero es una perspectiva del mundo y de la gente que va más allá de los siempre sospechosos objetivos del marketing, implica entender al que quiere educarse de forma distinta o unos hábitos de ocio diferentes (cuanto incomprendido hay en España al que se le critica porque su trabajo sea su pasión como si fueran conceptos incompatibles).

El día que mucha gente piense en nuestro país que todos tenemos algo raro será posible ir a ver Solo ante el peligro a un cine de repertorio a las dos de la tarde en cualquier ciudad española.