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Opciones y vínculos

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Ilustración: Alfonso Blanco

Según Ralf Dahrendorf, una forma de analizar las sociedades es fijarnos en el equilibrio que mantienen entre opciones y vínculos.

Las opciones permiten que el hombre elija. Los vínculos son los lazos que nos unen a los antepasados, la comunidad, la iglesia, la casa, el país, las amistades y un largo etcétera.

Las sociedades tradicionales del antiguo régimen eran ricas en vínculos, pero pobres en opciones. Las sociedades modernas y posmodernas son ricas en opciones, pero los vínculos se erosionan. Las primeras eran sociedades cerradas o cuasicerradas, las segundas se denominan sociedades abiertas.

Las sociedades más idealizadas hoy día, como pueden ser las escandinavas, la australiana o, sobre todo, la estadounidense son ricas en opciones, pero los vínculos se resienten. Se piensa que ese déficit puede cubrirlo la fuerza del Estado, sobre todo en Europa, o la del mercado en los países anglosajones.

La potencia del ideal del estilo de vida (lifestyle) y de la autorrealización personal a través del trabajo hace que la gente asuma de buen grado que sus vínculos sean más débiles: las relaciones personales son de peor calidad, los lazos entre padres e hijos, más débiles, la desconfianza en el puesto de trabajo, mayor, la gente entra y sale de distintos grupos sociales con tanta facilidad como irrelevante es pertenecer a ellos.

En sociedades abiertas pero más tradicionales, como la española y todas las del sur de Europa, la gente ambiciona más opciones a costa de sacrificar vínculos de los que está un poco harta. El ideal del consumo llevado a la propia vida. Es lo que se ve en tantas de las historias que aparecen en Españoles por el mundo, gente que viven en casas de ensueño en las antípodas haciendo trabajos que en España ni se imaginan.

El juego está bien siempre que se asuma que es de suma cero. A más opciones, los vínculos son más frágiles, y a vínculos más fuertes y relaciones de mejor calidad, suele haber menos opciones.

No hay que engañarse al respecto, aunque nos digan lo contrario.

Igual que en el siglo XXI muchos hombres han superado, en términos relativos, el miedo a la muerte asumiendo sin ambages que vida sólo hay una y que se puede ser feliz así, estamos llegando al momento en que muchos aceptan con agrado tener cuantas más opciones mejor pensando que realmente la fuerza de los vínculos debe estar un nivel por debajo en la lista de prioridades.

Pero, curiosamente, muchas de estas personas votan a opciones políticas que no creen necesariamente en las sociedades abiertas.