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Empieza un tiempo nuevo

06/02/2016 10:00 CET | Actualizado 06/02/2017 11:12 CET
EFE

Ha pasado más de un mes desde las últimas elecciones generales, donde se puso de manifiesto algo que veníamos detectando hace mucho tiempo: la política ha cambiado en la forma que la hemos conocido en los últimos cuarenta años, y ahora toca comprobar que los partidos, tanto los viejos como los nuevos, han entendido esos cambios y son capaces de hacerles frente.

Hasta ahora los Gobiernos eran monocolor o, a lo sumo, contaban con apoyos de partidos con poca representación. Ahora nos encontramos con cuatro partidos que tienen una representación considerable en el ámbito nacional, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, que superan los 40 diputados. La aritmética obliga a entendimientos entre tres de esos cuatro partidos, sin olvidar a los que tienen menos representación, algo que debería beneficiar a la democracia española, siempre y cuando los partidos estén a la altura de esta nueva situación.

Después de que el martes dos de febrero el rey encargara a Pedro Sánchez intentar formar Gobierno, ante la negativa, por segunda vez, del actual presidente de Gobierno en funciones de someterse a la sesión de investidura, hay varias conclusiones claras: Rajoy demuestra que está fuera de lugar, algo que pasa desde hace mucho tiempo, y que está intentando buscar una vez más una carambola del destino que le salve de un final para el que ha trabajado con fuerza durante la legislatura pasada: pasar a la oposición, en el mejor de los casos, o el abandono de la política de forma definitiva, como escenario más probable.

Aunque, en teoría, todas las aritméticas serían posible, en la práctica, teniendo en cuenta la cultura política existente en nuestro país, algunas de ellas son inviables, partiendo de la lógica que el PSOE nunca propiciará un Gobierno del PP y viceversa. Por mucho que se empeñe el PP, los votantes y los militantes del PSOE no entenderían un Gobierno del PP por la acción u omisión de los diputados del PSOE.

Nadie puede dudar que Pedro Sánchez ha sido valiente y ha recogido el encargo del rey con determinación, con la intención de formar un Gobierno en nuestro país, desbloqueando la situación política que había generado Rajoy con su inacción.

Ante este escenario, quedan dos opciones posibles: que Podemos y Ciudadanos decidan propiciar un Gobierno del PSOE, o un Gobierno del PP. El primero que ha decidido tomar la iniciativa ha sido Pedro Sánchez, respetando escrupulosamente los tiempos que marca la democracia y esperando a que el rey le propusiera intentar formar Gobierno. A partir de ahora empieza la tarea de hablar con todos los grupos representados en la Cámara para explicarles su propuesta de país y buscar el apoyo para llevarlo a cabo desde el Gobierno de España.

Los ciudadanos no entenderían que los partidos siguieran anclados en el regate en corto que hemos visto hasta ahora y en las tácticas de partido. Ahora toca hablar de las políticas que son imprescindibles poner en marcha en este país. Una vez acordadas, el encargado de someterse a la investidura, Pedro Sánchez, tendrá que exponerlas en el Congreso de los Diputados, decidiendo cada partido si apoya o no apoya al candidato y sus propuestas, y el porqué de su decisión.

Aunque quizás no sean conscientes de ello, los que más se juegan en esta etapa son los partidos nuevos, que llegaron a cosechar, un magnífico resultado en las urnas predicando una nueva forma de hacer política. Si en el actual escenario no son capaces de demostrar que aplican en la práctica lo teoría que pregonaron, en unas hipotéticas nuevas elecciones podrían perder gran parte del electorado que les apoyaron, creyendo que había otra forma de hacer política y que los nuevos actores iban a ser garantías de ello.

Nadie puede dudar que Pedro Sánchez ha sido valiente y ha recogido el encargo del rey con determinación, con la intención de formar un Gobierno en nuestro país, desbloqueando la situación política que había generado Rajoy con su inacción y su negativa a someterse a la investidura. Pedro Sanchez ha demostrado estar a la altura de las circunstancias. Ahora, el resto de líderes tendrán que demostrar si también lo están.

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