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No se quieren enterar

27/01/2015 07:43 CET | Actualizado 28/03/2015 10:12 CET
EFE

La sociedad ha cambiado radicalmente y nos pide a los representantes públicos que incluyamos esos cambios en todos los ámbitos, también en la política. El desarrollo de la tecnología y el desarrollo de internet, con todo el potencial que tiene asociado, del que hasta ahora solo hemos visto la punta del iceberg, ha cambiado todo: la forma en la que nos relacionamos, la forma de consumir, nuestro ocio, la forma de trabajar, etc...

Estos cambios están provocando una distribución del poder: lo hemos visto en la generación de conocimiento y contenido, donde los consumidores también se han convertido en productores, acuñándose el termino prosumidor; aparecen redes distribuidas de producción energética, donde muchos pequeños centros distribuidos producen la energía que antes se producía de forma centralizada; el cuarto poder, que antes lo constituían solo los medios de comunicación, se ha distribuido ahora entre millones de personas que, a través de sus blogs, redes sociales, y otras herramientas, trasladan su opinión de forma masiva.

En el PSOE -después de ver como perdíamos la confianza de una buena parte de nuestro electorado en las elecciones generales de 2011 y elecciones europeas de 2014- se aceleraron unos cambios imprescindibles dentro del partido, entre los que se encuentra la elección del secretario general por el voto de todos los militantes.

Hemos depositado el poder de las decisiones en los militantes, como se venía demando desde hace mucho tiempo; somos todos los militantes los que hemos decidido que nuestro secretario general sea Pedro Sánchez, pero, como todos los cambios que se producen, no todos los asimilan y algunos se resisten a las nuevas formas y sus consecuencias.

Los medios de comunicación se siguen fijando en la opinión de determinadas

personalidades del PSOE, dando más valor a su voto que al del resto de los militantes. No se han dado cuenta de que en esta ocasión no decidieron los dirigentes territoriales, ni los que ocuparon cargos de alta responsabilidad. Esta vez hemos decidido los militantes, y vale lo mismo el voto de un exministro o un líder autonómico que el de un militante que nunca ha ocupado cargos de responsabilidad. Si tenemos en cuenta que en muchas ocasiones se nos ha acusado a los que ocupamos responsabilidades públicas de estar lejanos a la realidad, no estaría mal que los medios de comunicación se fijaran en lo que piensan los militantes sobre la situación interna y el liderazgo.

No sirve la justificación de que es imposible conocer la opinión de todos los militantes, porque a día de hoy existen herramientas de monitorización de la red, que te permite tener un percepción cercana a lo que puede pensar un gran porcentaje, y si no nos fiamos de la red porque no todo el mundo tiene acceso a ellas, existen las encuestas.

Si los medios de comunicación hicieran cualquiera de estos dos ejercicios comprobarían que el liderazgo y aprobación de Pedro Sánchez no han disminuido desde el congreso entre los militantes, sino todo lo contrario, ha aumentado. Son muchos los que me trasladan que no votaron a Pedro Sánchez, pero que cuenta con todo su apoyo, y que creen que lo está haciendo bien, y son muy pocos los militantes que le apoyaron y manifiestan que no están de acuerdo con lo que está haciendo.

En ocasiones, son tan importes los gestos como los hechos. Como militante que con mi voto decidí que Pedro Sánchez fuera mi secretario general, no comparto la reunión de Bono y Zapatero con Pablo Iglesias, por lo que se puede interpretar de ánimo de enredar, no comparto los conciliábulos que solo sirven para dar apariencia de conspiración a la que pueden dar verosimilitud algunos dirigentes con manifestaciones públicas poco claras. A los compañeros que han ocupado y ocupan altas responsabilidades, les pido eso precisamente, responsabilidad en el ejercicio de sus cargos, porque están impidiendo que los ciudadanos escuchen nuestras propuestas y perciban los cambios, para recuperar la confianza de la ciudadanía, tarea en la que está inmerso nuestro secretario general.

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