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Una segunda oportunidad

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EFE
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Una vez pasadas las elecciones del 26 de junio, las más raras de la historia de nuestro país, toca analizar: análisis que para que tenga el resultado deseado, el de mejorar, debe hacerse con frialdad y cuando la ausencia de ruido permita sacar las conclusiones acertadas.

El PSOE es un partido con más de 137 años de historia que se enfrentaba a una situación inédita en la historia reciente: dejar de ser la referencia de la izquierda, ese era el principal objetivo del conglomerado de izquierdas que se presentaba bajo la sigla de Unidos Podemos. Este hecho no se ha producido y se ha cumplido lo que muchos socialistas venían manifestando durante la campaña electoral: el PSOE es mucho más fuerte de lo que algunos creen o quieren creer.

El haber evitado el sorpasso no debe llevarnos a la complacencia, pero tampoco a la flagelación a la que en ocasiones somos tan aficionados. El PSOE es un partido de gobierno y por lo tanto siempre que nos enfrentamos a unas elecciones lo hacemos para ganar, con el objetivo final de transformar la sociedad desde el gobierno.

Hemos evitado el sorpasso y con ello los ciudadanos nos han enviado un mensaje claro: quieren que sigamos siendo el partido de referencia de la izquierda española. Esta segunda oportunidad tenemos que aprovecharla porque seguramente Unidos Podemos ha desaprovechado su mejor oportunidad. A partir de ahora el seguir manteniendo la hegemonía de la izquierda solo depende del PSOE.

Todas las organizaciones, sean del tipo que sean, tienen los mismos vicios y problemas en su funcionamiento que se incrementan cuando la organización está más débil y, dependiendo de cómo se gestionen, provocarán que el colectivo siga debilitándose o, por el contrario, se fortalezca. A continuación, haré un repaso de lo que, en mi humilde opinión, el PSOE debe hacer como organización.

Estas elecciones han demostrado que una de las fortalezas del partido son sus militantes y toda la estructura territorial, algo que hay que aprovechar no solo en periodo electoral, debe ser parte de la construcción del proyecto que permitirá ilusionar a parte de la izquierda que decidió mirar hacia otros partidos.

La organización en su conjunto debe hacer autocrítica y eso significa que cada uno de los que formamos parte de ella debemos pensar qué hemos hecho mal y qué podemos hacer para que, en conjunto, podamos mejorar. Aunque, según he ido comprobando con el paso del tiempo, el concepto de autocrítica que tiene la mayoría es erróneo: piensan que hay que detectar qué han hecho mal los demás y en ningún caso qué ha hecho mal uno mismo. Todavía no he encontrado a nadie que reconozca un error propio. Esta falta de autocritica hace que cada uno haga un análisis de las elecciones en su territorio, pensando en salir fortalecido en la conclusión, sin ser conscientes de que esto nunca ayudará a la mejora de la organización.

Otro de los errores más comunes es intentar hacer responsable de los elementos negativos a las personas que queremos debilitar, sin ser conscientes, o quizás si, de que con ello seguramente estemos debilitando la organización. Cualquier análisis que busque convertir al PSOE en un partido ganador tiene que huir de los personalismos y entender que cualquier solución pasa por la organización en su conjunto.

Para ello hay que hacer cómplices del análisis y de la solución a todos los que de una forma u otra forman parte del PSOE. Estas elecciones han demostrado que una de las fortalezas del partido son sus militantes y toda la estructura territorial, algo que hay que aprovechar no solo en periodo electoral, debe ser parte de la construcción del proyecto que permitirá ilusionar a parte de la izquierda que decidió mirar hacia otros partidos.

Las herramientas del PSOE son muchas: militantes, cargos públicos, simpatizantes, colectivos afines... y hay que aprovecharlas en esta etapa. Una etapa que no debe ser de reconstrucción, como dicen algunos, porque nada se ha destruido, pero sí debe ser de fortalecimiento.