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Es un mundo raro

23/01/2016 10:04 CET | Actualizado 23/01/2017 11:12 CET

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Ilustración: EFE

Una vez, una mujer muy bonita con una pegatina en el nombre dijo algo así:

"La cura para todo está en el agua salada: lágrimas, sudor o el mar".

Por eso, el mundo es un 71% agua, porque está hecho una mierda y necesita cura. Cura de la buena. Yo qué sé, es un mundo raro. Mirad.

Los machistas no se avergüenzan de serlo y hay hembristas disfrazadas de feminismo, creo en la igualdad pero no nos lo ponen nada fácil. El rosa tiene coño y transforma los juguetes infantiles, Disney hace de los valores patrones de desigualdad, y Manuela Carmena recibe más palos por una cabalgata que Ana Botella por el Madrid Arena. Elimina 1800 sillas VIP para discapacitados, reduce la deuda municipal, cuelga un pañuelo en Cibeles que pone "Welcome refugees", y con orgullo, llena Madrid de luces de colores.

No os estoy hablando de partidos políticos, ojo. Os hablo de humanidad. Yo ya sabía que eran las abuelas quienes terminan salvándonos siempre, pero a este mundo, mojado semiazul, le ha dado por no quererla. Yo qué sé, es un mundo raro.

En Madrid arranca enero golpeando a un muchacho en el barrio de Salamanca por "maricón de mierda". Ediciones Encuentro publica un libro titulado Quiero Dejar de ser Homosexual de un tal Joseph Nicolosini, y lo he visto hasta en La Casa del Libro. Alan es arrastrado al suicidio por ser diferencia absoluta, la cual nunca es múltiplo de felicidad, y Rusia pone multas por salida del armario.

Sigo hablándoos de deshumanidad.

Es invierno, y casi no hace frío, el gorila de montaña está a punto de extinguirse, todavía hay toros, arrasan los circos, Felipe nos habla de democracia en Navidad, y Cataluña sigue sin referéndum.

Al que yo votaría que no, ojo. Pero el que sería un bonito ejemplo de libertad y democracia real.

Egipto, Corea del Norte y Jordania entienden el castigo como justicia y no conocen el perdón como virtud. El amor se hace tras persianas bajadas y París estalla a plena luz. Siguen con el petróleo, con la sed de sangre y la ley del ciego y su ojo por ojo. Vuelve la homosexoledad a la mesa de Nochevieja y no puedes llevar a tu pareja, qué pensaría el abuelo del pueblo. Además, ¿qué tal la novia?

Yo qué sé, ya os he dicho que es un mundo raro.

La gente envidiosa sigue destrozando a sus amigos, siguen llamando educación a la imaginación con escolta, y entre la duda del hiato te obligan a crecer en el puto segundo de bachillerato. Hay tiendas de ropa que ofrecen trabajo sin remuneración los dos primeros meses, y yo diría que a eso se le llama explotación. Llueve menos y los ex siguen siendo esas personas por las que dimos la vida pero que hoy ni saludaríamos.

Les ha dado por decir que ahora todo el mundo sabe hacer poesía, y oye, que todavía no le encuentro el lado malo. Las redes siguen llenas de creatividad escondida, y el amor cada vez cabe más entre un En Línea y la última conexión. El arte contemporáneo es toda esa mierda que haría cualquiera pero que nadie hace.

Ha muerto David Bowie. Y Snape. Todavía no sabemos por qué papel gana a piedra y no era la educación lo que habría muchas puertas, era la hipocresía que no voy a tener porque no me da la gana. Y la gente sigue volviendo solo cuando quiere algo.

Comparten más el hambre que la comida, los domingos no saben ser días normales y sin café no hay nada que nos devuelva a la vida. Seguimos pensando que dormir en la misma cama debe ser una obligación y no una elección diaria. La gente tiene hijos sin saber tener hijos, las paredes son blancas y tras las ventanas, hay más ventanas. Los soñadores siguen mirando al suelo mientras le crecen las alas pero volar es enfermedad.

Yo qué sé, ya os digo que es un mundo raro. Llenito de agua salada.

Será que tenemos que seguir rehabilitándonos.

O que el raro soy yo.

Será que habrá que seguir remando,

para ver tierra.