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Brujería de mercado

04/09/2017 07:54 CEST | Actualizado 04/09/2017 07:54 CEST

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Dicen que las brujas nacieron de la soledad de las mujeres. Aisladas en los tiempos infinitos de la época agrícola, se dedicaron a la observación. ¿Qué plantas preferían los animales al enfermar, cuáles los envenenaban? Crearon un saber alternativo al del poder, en aquel tiempo masculino y religioso. Tan potente, que entonces las tuvieron que matar a todas. Parafraseando a Bataille, no por nada eliminaron a las brujas y no a las putas. Nunca se trató de una lucha contra el pecado.

Sabida es la historia de exclusión femenina de la ciencia durante siglos. Hace no tanto que podemos acceder al saber público. Así y todo, quizás por los resabios de la excomunión mujeril del poder es que hay una relación casi orgánica de las mujeres con el circuito de las curas y los milagros llamados "alternativos".

Hoy lo brujeril parece reducirse a una nostalgia utópica respecto a un tiempo precivilizatorio, y se idealiza cualquier cosa que diga "natural" u "oriental". ¿Pero se trata de prácticas liberadoras?

Todo indica que no. Este mundo ha corrido paralelo al avance científico, recibiendo una cierta aprobación de gesto paternalista y de leve desprecio intelectual: busque su destino en la carta astral, pero no me venga a cambiar el mundo; maneje sus celos para que no le dé cáncer (esto no es broma, fue la recomendación del polémico doctor de moda de "medicina consciente" de un matinal en Chile); vaya al taller de las buenas madres; chicas, domestíquense solas y refuercen el mundo que hemos inventado para ustedes.

Pero algo pasó en el camino, y aparecieron otros brujos más vivos. Y aquello que tiene de potencia el saber intuitivo y creativo, la apertura a lo sagrado y lo alternativo al mundo industrial, quedó envasado en el mercado del wellness. Tal como las religiones acogotaron lo espiritual en lo normativo y el souvenir.

En varios países se ha avanzado en regular la vacunación frente a la avanzada negligente de los antivacunas.

Estos saberes alternativos, antes que contar con una evidencia de su eficacia, son ante todo un sueño moral. Una metáfora de la pureza del alma. A los dealers zen se les atribuye estar libres de algún afán egoísta. Por eso, las alarmas se encendieron cuando se fueron desvelando los timos, y el punto de riesgo al que se ha avanzado.

Si no, ¿cómo fue que llegamos a que un médico en Chile, el afamado Dr. Soto (al que, por cierto, le es más rentable ejercer de médico alternativo que tradicional) en televisión abierta haya recomendado, sin pudor alguno, hacerse un "détox" con un desinfectante industrial? Claro que lo hizo con un nombre más glamouroso, promocionando este producto como MMS (Solución Mineral Milagrosa). Cuyo inventor, Jim Humble, ya sacó sus propias cuentas alegres, no sólo comercializando su tóxico, sino que incluso fundó una iglesia en torno a este supuesto "milagro".

Pero más allá del nombre rimbonbante para esta estafa, esta vez, las autoridades sanitarias y éticas se pronunciaron.

En varios países se ha avanzado en regular la vacunación frente a la avanzada negligente de los antivacunas. Y ya existe el precedente de la condena judicial de una doctora germana que pretendía curar el cáncer con psicología y manzanilla.

Se rajó un velo. Y se develó que, en el mundo alternativo, la moral también puede funcionar como un cloro: un veneno hediondo. No todo lo que dice natural lo es. No todo lo natural es impoluto. Existe un ecoesoterismo capitalista, aunque sus fieles tiendan a defenderse acudiendo a alguna teoría conspirativa.

A todo esto, ¿por qué habría que desintoxicarse, incluso con veneno? Hoy existen brujas dispuestas a torturarse por su cuenta. Que ven tóxicos en todas partes, salvo, claro, en la tóxina botulínica. Con el bótox sí que no se meten.

Este post fue publicado originalmente en hoyxhoy

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