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Cuando el 'hype' destroza tu producto

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Foto: Shutterstock.

¿Que qué es hype? A simple vista parece otro de esos anglicismos que tanto inundan nuestra lengua, y la verdad es que eso tampoco se aleja mucho de la realidad, pero para entender este fenómeno y lo que significa vayamos a la explicación "oficial", la que nos proporciona nuestra querida wikipedia:

Hype: furor creado como promoción de marketing consistente en la necesidad de rellenar un ciclo lento de noticias.

Hasta aquí nada grave, podría decirse incluso que es en lo que se basan los principios del marketing actual.

No obstante, también tenemos otra definición algo menos oficial pero que sin embargo resulta bastante más ajustada a la realidad que viene a decir:

"El hype es la expectación y motivación de compra del consumidor sobre un producto, influenciado únicamente por la información externa, normalmente exagerada".

Aquí es cuando encontramos el verdadero problema, cuando hablamos de la información externa, esa información sobre la que no tenemos ningún tipo de control y ante la que nos encontramos totalmente desnudos frente a engaños y falsas promesas, que sin embargo influencian en nuestro comportamiento de compra.

Por norma general este fenómeno es más frecuente en el cine o en los videojuegos, ya que a diferencia de otros sectores, en éstos la única fuente de información que tienen los consumidores para decidir si comprar o no un producto antes de que sea lanzado, es el marketing y la publicidad que se realiza antes del mismo, por lo que los usuarios se encuentran totalmente indefensos y desprotegidos ante todos los mensajes y tanto tráiler que, a menudo, poco o nada tienen que ver con el producto final.

En muchísimas ocasiones (por no decir todas) el hype por un producto y la ilusión por comprarlo se convierte en decepción y malestar por parte de los compradores al ver que lo que se vendía como lo mejor del mundo por televisión o internet no es ni la sombra del producto final. En cualquier otro sector estaríamos hablando de un caso claro de publicidad engañosa, penado incluso por la ley, pero sin embargo, en el mundo audiovisual lo vemos como algo totalmente normal.

Se conocen muchos casos de hype que han acabado en saco roto y engaño al cliente, en cine tenemos el caso de Suicide Squad, Batman vs Superman o cualquier otra película con un presupuesto lo suficientemente elevado como para realizar un traíler mejor que la propia película.


Escuadrón Suicida - Trailer Oficial Comic (Warner Bros. Pictures España)

En videojuegos, a diferencia del cine, la desilusión es mucho mayor debido al precio y a las horas que pasan los jugadores en contacto con el producto. Recordemos por ejemplo que No Man's Sky está siendo investigado por publicidad engañosa, pero en muchos casos como Rainbow Six siege, The division, Watch Dogs, etc., el engaño de la primera presentación del producto, a pesar de haber levantado cierta polémica, ha sido tolerado, (y todavía está por ver que pasará con los juegos de PSVR.)

La pregunta es: ¿habríamos comprado o disfrutado de esos productos sin necesidad de que nos engañasen para adquirirlos? La respuesta es sí, sin ninguna duda. Los productos víctimas del hype realmente no son tan malos, pero nos lo venden de una forma tan maravillosa, con unas técnicas de marketing tan abusivas que hacen que nos decepcionemos y sintamos odio hacia ellos.

Por lo tanto, ¿qué gana una empresa con una exagerada campaña de marketing? Nada. La publicidad es como la sal, hay que utilizarla propocionalmente al plato, si te pasas te cargas el producto. Puede que engañes a unos cuantos pero conforme pase el tiempo cada vez menos gente confiará en ti y verás como tus ingresos disminuyen considerablemente.

SONY por ejemplo se ha ganado la enemistad de casi toda la comunidad de jugadores al anunciar su nueva PlayStation 4 Pro, y lo mismo empieza a pasar con las revisiones de hardware de los móviles a precios exagerados. ¿Y eso ha importado? No. Porque da igual, porque para las grandes compañías ya no somos clientes, somos números y balances en una gráfica.

Parece que la preocupación por satisfacer al consumidor poco importa ya, y las empresas solo piensan en qué hacer para ganar más dinero de una forma fácil, rápida y sin pensar en el futuro. El problema radica en que lo toleramos y lo vemos como algo normal, pero si los consumidores no empezamos a denunciar estas prácticas abusivas de marketing el engaño será cada vez peor.