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Frenemos los devastadores efectos del VIH y la sequía en los niños

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Todas las fotos son propiedad de UNICEF/Modola

Los niños como Sebenele son la razón por la que he creado la Fundación 7 junto a UNICEF. He conocido a Sebenele, un chico de 14 años muy listo y sonriente, durante el viaje que he realizado esta semana a Suazilandia para comprobar cómo ayuda mi fundación a UNICEF a mantener y a proteger a los niños que tienen el virus de la inmunodeficiencia humana.

Suazilandia tiene la tasa más alta de infección por VIH del mundo y durante mi visita he podido ver de primera mano el impacto que está suponiendo en las vidas de los niños. Un 24% de ellos han perdido a uno o a sus dos padres por culpa del sida y muchos de ellos ahora también tienen el virus. Sebenele es uno de esos niños: su padre murió por una enfermedad relacionada con el sida hace dos años y, actualmente, su madre lucha por ganar el dinero suficiente para alimentar a Sebenele y al resto de la familia.

Cuando llegué a casa de Sebenele, una cabaña pequeña situada al final de un sendero polvoriento, me recibió con una enorme sonrisa. Le pregunté por el colegio, por las asignaturas que le gustaban, por sus futbolistas favoritos y por lo que quería ser de mayor. Me dijo que quería ser enfermero porque quería ayudar a los niños, igual que le ayudaron a él cuando cayó enfermo por culpa de la desnutrición.

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Pensé en mis hijos y en las similitudes entre los gustos de Sebenele y los de mis hijos. Probablemente tus hijos también disfruten de las mismas cosas. Le dije que él podría enseñar a mis hijos a doblar el uniforme del colegio tan bien como él. Después de pasar un rato charlando con él, estaba claro que se enfrentaba diariamente a unos problemas a los que ningún niño debería hacer frente.

Me explicó que se esfuerza por seguir tomando los fármacos antirretrovirales, vitales para que siga sano, pero que no puede tragar las pastillas sin comida. En ocasiones, la falta de comida en casa era tan grave que ha tenido que ir al hospital más cercano para tratar la desnutrición aguda grave que padecía: se le dio un concentrado especial de nutrientes para que se recuperara.

Su madre solamente gana 400 rands (23,5 euros) al mes y el aumento del precio de los alimentos provoca que la familia se hunda en la pobreza cada vez más. Para ella, la falta de comida es un problema para el que no ve mejoría. Sebenele me enseñó una parcela que había al lado de su casa, donde antes crecía maíz. Ahora no es más que tierra seca y agrietada con unas pocas plantaciones marchitas que no se pueden cosechar porque no llueve desde hace meses.

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Desgraciadamente, la familia de Sebenele no es un caso aislado. Por todo el este y el sur de África, la peor sequía de las últimas décadas está teniendo un impacto enorme en las vidas de los niños y de las familias cuyas vidas ya son lo suficientemente difíciles por culpa del VIH. Me sorprendió mucho enterarme de que más de 26 millones de niños que viven en países de esas regiones africanas (entre los que se encuentra Suazilandia) están en situación de riesgo de desnutrición, escasez de agua y contracción de enfermedades. Me sorprendió todavía más comprobar que UNICEF no había recibido ni la mitad de la financiación necesaria para mitigar la crisis de la sequía. A no ser que se actúe rápidamente, la situación no puede hacer más que empeorar.

Cuando creé la fundación me comprometí a hablar en público y a recaudar fondos imprescindibles para algunos de los niños más vulnerables del mundo. A lo largo de los siguientes tres años, mi fundación se ha comprometido a donar un cuarto del presupuesto anual de UNICEF en Suazilandia para el VIH y a proporcionar cuidados médicos y apoyo a los niños y a las mujeres con VIH.

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Os puedo decir que los niños que conocí en Suazilandia se enfrentan a muchos, muchos retos, pero hay esperanza. Se están logrando muchos avances en la lucha contra el VIH y con el respaldo de mi fundación, UNICEF está ofreciendo a los niños de Suazilandia un servicio de asesoramiento vital, además de alimentos y acceso a clubes juveniles donde pueden compartir experiencias y aprender a mantenerse sanos y fuertes.

Los avances en la prevención y el tratamiento del VIH en la región tienen que seguir adelante, pero me temo que ahora se ven amenazados por la sequía que afecta a algunos países, la peor de los últimos 50 años. La crisis ya está obligando a los niños y a sus familias a volver a la pobreza y a la enfermedad en lugar de continuar hacia un futuro mejor. Los niños que conocí esta semana necesitan que se escuche su voz. Necesitan nuestro apoyo. La comunidad mundial debe actuar urgentemente para evitar que más niños en esta zona de África sufran y para garantizar que UNICEF pueda seguir proporcionando alimentos, medicina y agua potable, eso que tanto necesitan estas comunidades. Estos niños, y esta creciente crisis, no deben ser olvidados.

Colabora con UNICEF para ayudar a los niños afectados por la sequía en África oriental y meridional. Pincha aquí.

Este post fue publicado originalmente en la edición británica de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.