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El romance del verano a ritmo de gaita

31/08/2014 09:53 CEST | Actualizado 30/10/2014 10:12 CET

Ni Abelardo y Eloísa, ni Calisto y Melibea, ni Romeo y Julieta... La pareja estival de Rajoy y la Merkel recorriendo en iluminada armonía el Camino de Santiago ha causado la envidia de todos los amantes de Teruel y del resto del mundo. "Hay una gran sintonía entre nosotros", ha dicho la canciller en referencia a la gimnasia de amor político que se han marcado ambos, acaso dos románticos utópicos, quién sabe, que no todo ha de ser recortar y laminar al ciudadano.

Detrás de su oficio de corte y confección también tienen sus corazoncito y su derecho a su poquito de caminata románica a la tumba de Santiago el Mayor, pero sin bordón, sombrero ni concha, que son peregrinos de mucho postín a la europea. Y se han puesto de paso a repartirse la cúpula de la UE, mientras contaban los cometas veniales que surcaban el cielo. Están muy orgullosos de sus políticas de austeridad, la maestra y su alumno, hechos maestros en eso del tijeretazo de mérito y del eufemismo de la "reforma difícil" -para el ciudadano, supongo, ese rebelde contumaz que protesta y que monta el lío en la plaza del Obradoiro-.

De paso, él, obsequioso, le ha ofrecido a ella las candidaturas de presidente del Eurogrupo y miembro de la Comisión Europea para Luis de Guindos y Arias Cañete, respectivamente. Ella, receptiva, ha recibido favorablemente la del ministro de Economía y Competitividad y ex director de Lehman Brothers para España y Portugal -ya saben, el banco estadounidense que vendía hipotecas basura- y no ha dicho nada del ministro por no un quítame allá ese comentario que hizo en mayo: "El debate con una mujer es difícil. Si demuestras superioridad intelectual, es machista". Nos hemos llevado este verano las obras completas de ese intelectual llamado Arias Cañete: es un no parar de leer entre las pausas de sombrilla y chapuzón.

Les ha faltado a ambos adherirse al reto del cubo de hielo, que nació para recaudar fondos para luchar contra la enfermedad de Charcot y trae idiotizado a medio planeta en YouTube. Eso sí, la magia de esa intimidad solo fue rota por el intérprete, pues a diferencia del resto de la humanidad, los presidentes de Gobierno -ya lo saben- están exonerados de saber idiomas. Que eso es cosa de la plebe. Digo. "Ha habido un ambiente especial. Me llevo un recuerdo para toda la vida", dice ella al finalizar el reparto de la tarta de Santiago, rellena con reformas y recortes como pinzas de cangrejo gallego. Y continúa: "Ha habido una gran sintonía entre nosotros". Lo sabemos, canciller: el amor al castigo a las clases medias todo lo puede. Tras varios años de pasión recaudatoria por nuestras maltrechas bolsas, la zona euro no ha crecido y el PIB alemán de la canciller ha caído 0,4 puntos en el último trimestre. A la vista del desastre, tras hacernos a todos un "San Hurtado" y no un Santiago, ambos ministros del agarro están por mantenella y no enmendendalla.

Pablito el de las Varas, un clásico del Camino, se ha quedado sin venderles un bordón. Mientras, en este final de agosto, los guiris borrachos siguen saltando desde los balcones en los hoteles Magaluf, en Buñol se preparan para liarla a tomatazo limpio con más de un centenar de toneladas de fresca hortaliza y dos palentinos levantan un par de casas a pocos metros de la iglesia románica de San Martín de Frómista, en plena ruta del Camino, con permiso de Patrimonio de la Junta de Castilla y León. Igual no pasó por Palencia el romance de verano, ellos que se buscan y se pregonan, entre el abrazo jacobeo y la mariscada a ritmo de gaita.

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