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Salpicón de verano: la gaviota se mancha de tinto

01/08/2015 09:58 CEST | Actualizado 01/08/2016 11:12 CEST

Caen las horas de calor mientras el verano negrea de podredura y muertos ilustres. Al PP se le cuela el aire caliente por todos los remiendos del financismo púnico: autosaqueado por unos miembros que se dan entre sí el sigiloso beso de la muerte, ha dejado de ser excluyente y pijoaparte para convertirse en el rompeolas de todas las corrupciones.

La democracia se ha desertizado mientras la nueva España se da de bruces contra el cemento del bipartidismo. Hay mucho sol en Madrid y Marjaliza, el hombre de los 33 millones de euros, ha puesto en marcha el ventilador y ha decidido que ya ha llegado la hora de los crueles.

Ni siquiera el Equipo PP-A, esos chicos-sonrisa so British, políticos "de proximidad" y barones del albatros light que son Juan Manuel Moreno y el vicesecretario de Organización, Fernando Fernández Maíllo -exconsejero de Administración de Caja España imputado por presunto delito de administración desleal-, podrán parar el tornado púnico que amenaza con llevarse el partido por delante.

Los nuevos Pecos, la sucursal joven y limpia de don Mariano, abominan ahora del ala dura y picardeada de la Púnica, pero el PP sigue haciendo filigranas de bordadura y encaje con este salpicón de verano y tentáculos de cefalópodo envasados al vacío y pasados de vinagre que les ha servido a todos en doble ración Paco Granados, exconsejero cheli de Esperanza. 250 millones de euros en concesiones públicas y 92 imputados de lo que la fiscalía define como "un plan criminal". Un latrocinio tumultuario que ahora irrita a la derechona joven y naif.

El imputado David Marjaliza, el socio de Granados, ha tirado de la manta ante la Guardia Civil diciendo de dónde provenían sus 33 milloncejos y ha manchado con el ácido de los mejillones del salpicón a Aznar, el Gobierno central, la Comunidad de Madrid y el Gobierno Valenciano, diputaciones y ayuntamientos varios gobernados bajo el signo del charrán.

El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco se ha colgado de la cintura la pistolera del sheriff Kane y se ha echado solo a las calles del Hadleyville castizo, púnico y gürtélico de nuestros desamores con 92 carteles de "se busca" con los rostros pintados de consejeros y diputados bajo el brazo.

Apunta ahora Velasco con su colt al número tres de Cristina Cifuentes -macerada como delegada del Gobierno de Madrid en las guerras levantiscas del 15M-, Jaime González Taboada, nuevo consejero de Medio Ambiente y tal, y al exalcalde de Alcalá de Henares, Bartolomé González, porque Taboada ha cantado la Traviata, no la de Verdi, sino la del plan Prisma que presidía el púnico Granados mientras deshacían España.

Contratos a cambio de mordidas: pagos únicos, por ejemplo, de 300.000 euros, más 40.000 durante tres años más; 160.000 por auditorías. Ni Urdangarín en sus mejores tiempos delincuenciales metió tanto la mano en el banasto público. Hay en el sumario un telefonazo de Granados a Luis de Guindos interesándose por la compra de AENA y éste, el superministro de los ojos de piedra, lo remite al secretario de Estado del Tesoro, Íñigo Fernández de Mesa, para que hable con él, y quedan para avisarse. Todo muy en plan don Vito y "son sólo negocios", esas formas bastardeadas de la postpolítica y la democracia tercermundista.

Granados, que es de Valdemoro, se montó un cumpleaños que le costó 10.000 euros a uno de los capos de la Púnica: el precio del agasajo ha subido, como el de la langosta en invierno. Los valdemoreños son así, a lo grande, y Paco decidió sacudirse el pelo de la dehesa y trepar hasta el reloj de Sol en la Real Casa de Correos, cogiendo los millones de euros, arrugando los billetes en pelotas, como los grandes del hampa, mientras les daba lecciones de ética a las izquierdas de la tele nocherniega, escupiendo perlas chelis en ese habla tan despaciosa y matonesca que tiene. Ahora lo hace desde chirona, una de tantas de esta España malversada por paletos.

Algunos, por desintoxicarnos un poco del politiquismo de canícula, recorremos de madrugada el laberinto madrileño, desandando caminos para borrar recuerdos, con o sin compañía, deleitándonos con "el tacto de la soledad", como decía Juan Ramón, o con la lucidez tabernácula de los extraños, como la chiquilla británica y rampante que la otra noche ignoraba que, en la batalla de Lepanto, Cervantes perdió la movilidad en la mano izquierda, "en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".

Hasta en eso hay grandeza, en el contraste de la belleza de la jeune feuille en fleur con la miseria etílica de la merluza a la inglesa. Ella, con el alma empapada de sangría y sus zapatos claudelianos de niña-mujer, corriendo por la plata negra de la noche, solo quería un selfie, no hablar de don Alonso Quijano "el Bueno", que a la rubicunda hija de Albión le iban más los malotes.

Como al PP, que se ignora a sí mismo y al que el juez Eloy Velasco aprieta cada vez más su cerco, porque a la gaviota le ha descubierto las manchas del tinto de verano*. Ahora Granados ya sabe que, cuando se empina el codo en abundancia, hay que tener cuidado con que no salpique. Por aquello de Sherlock Holmes, digo.

*Dedicado al poeta y amigo fraterno Gregorio Morales (1952-2015).