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¿A quién hay que echar la culpa de este desastre?

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TRUMP
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Tras las elecciones en Estados Unidos, no puedo evitar pensar en lo que podría haber sido.

Los comentaristas opinan sin cesar sobre la falta de opciones, dadas las deficiencias en los dos candidatos de los principales partidos. Donald Trump es un instigador peligroso que podría deshilachar todo el experimento estadounidense, mientras que Hillary Clinton lleva una vida en Washington y se ha ganado una reputación como persona desagradable y poco de fiar.

La cosa es que no tendría que haber sido así. Muchos acusan al Partido Republicano de crear el entorno tóxico que permitió a Donald Trump llegar a ser el candidato del partido a la presidencia.

Desde que Ronald Reagan cogiera las riendas del partido y lo condujera a la derecha, los líderes republicanos han apelado tácitamente a los peores instintos de muchos votantes blancos para conseguir el poder. Gracias a sus egoístas esfuerzos, Estados Unidos ahora está dividido en términos de ingresos, ideología y etnia.

La cruzada plutocrática del Partido Republicano ha dejado una senda de daño, desde la élite de Wall Street hasta la plebe de Main Street. Los años de una mala política económica y exterior con Ronald Reagan y Bush han destrozado el país y lo han dejado con dos facciones enfrentadas.

El dramático fracaso de la economía de goteo y las intervenciones simplistas en el extranjero, como en Irak, no sólo llevaron a la nación a la bancarrota, sino que además contribuyeron a crear un clima que permitió que alguien como Donald Trump acceda al Despacho Oval.

Al virar cada vez más hacia la derecha, el Partido Republicano preparó el camino para que un demagogo racista, sexista y violento llegara a ser su candidato. Y al hacerlo, subestimaron la posibilidad de encontrar a un candidato razonable y moderado entre sus propias filas. Teniendo en cuenta que todos los candidatos republicanos tienen que jurar lealtad a un credo de derechas, ¿nos sorprende que el campo de aspirantes a la presidencia haya sido tan absurdamente flojo?

Bernie Sanders habló de cuestiones candentes, como la avaricia de Wall Street, la desigualdad de sueldos, una sanidad inapropiada, una educación superior inaccesible y salarios insuficientes. Él no era más de lo mismo.


Los que tengan una cierta edad (como yo) recordarán una época del pasado milenio en que las criaturas llamadas republicanos liberales recorrían el escenario político estadounidense. Hubo legisladores eficientes, como Nelson Rockefeller, Charles Percy y Mark Hatfield, que sí cruzaron el pasillo y trabajaron con sus colegas demócratas para efectuar el verdadero cambio.

Para que no penséis que esto es un tocho (más) anti-Trump, atribuyo una segunda culpa al desastre actual instalado en el Partido Demócrata. Toda esta situación se podría haber evitado fácilmente.

El Partido Demócrata comparte también la culpa de poner a la nación en esta situación; su error fue menospreciar la candidatura de Bernie Sanders. Ese hombre de principios que habló de cuestiones candentes, como la avaricia de Wall Street, la desigualdad de sueldos, una sanidad inapropiada, una educación superior inaccesible y salarios insuficientes.

Bernie Sanders no era más de lo mismo. Él trataba de revolucionar la política estadounidense y de renovar el contrato social del país que los republicanos habían desgarrado.

En las primarias, los sondeos señalaron que Sanders estaba muy por delante de Clinton en caso de un cara a cara con Donald Trump. Dado el entusiasmo que mostraron los seguidores de Bernie, no hay motivos para pensar que la ventaja no se habría mantenido hasta las elecciones.

Igual que el Partido Republicano se disparó en el pie, también lo hizo el establishment del Partido Demócrata, que decidió que Hillary era la elegida, a pesar del amplio e incipiente apoyo generado por su oponente. Clinton se merecía ser candidata, o eso pensaron, independientemente de lo que fuera bueno para el país.

Podría haber sido muy distinto; podría haber salido una victoria aplastante de Bernie. Pero, tristemente, el resultado no ha sido ese. Y de ello hay que culpar a ambos partidos.

Este post fue publicado originalmente en la edición canadiense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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