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Cinco palabras que te pueden cambiar la vida

Publicado: Actualizado:
PIES BEBE
SHUTTERSTOCK/Jaengpeng
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"¿Qué le aconsejas a la futura madre?"

Las palabras me miraban desde la tarjeta de color pastel a medida que me envolvía el vertiginoso entusiasmo de la fiesta prenatal.

Esto debería resultarme fácil. Llevo cuatro años siendo madre, acabo de tener a mi segundo hijo y escribo un blog sobre paternidad, por Dios. Pero tampoco soy una imbécil, así que sé que hay una línea que separa dar una opinión útil (y solicitada) de imponer a alguien mi particular manera de hacer algo.

La miré un rato más. Empecé a escribir consejos prácticos, pero me detuve. Ya se las apañaría sobre la marcha para cogerle el truco a los gases y a darle el pecho --además, ya habíamos hablado un montón sobre todo eso-- y me sentía como si le estuviera escribiendo una chapuza, teniendo en cuenta que la tarjeta era para una de mis mejores amigas.

Así que robé una tarjeta que estaba sin escribir de una mesa cercana. A medida que los pensamientos se me arremolinaban en la cabeza, me di cuenta de que todos giraban en torno a la misma idea: "No seas tan exigente contigo".

Aplica estas cinco palabras a tu vida cotidiana y verás cómo todo encaja. Sí, todo.

No seas tan exigente contigo y...

No te compares con los demás padres. Ellos siguen su camino y tú sigues el tuyo. Además, nadie lo tiene todo bajo control, independientemente de que parezca que sí. Nadie.

Date cuenta de que los padres que meten más cizaña en internet y en el patio del colegio son los más inseguros. O son idiotas. De todas formas, no sigas los consejos al pie de la letra.

Confía en tus instintos y en ti. Tú sabes lo que necesita tu hijo y, si no lo sabes, ya lo descubrirás.

Aprende a aceptar cumplidos. He de admitir que a mí se me da fatal. Cuando alguien me dice que estoy guapa tengo un reflejo involuntario que me hace contestar: "Es que llevo un antiojeras muy bueno". Y al final yo me siento peor y la persona que me lanza el cumplido se siente incómoda porque se ve en un compromiso y ahora se tiene que poner a convencerte de que no estoy tan horrible.

Ama a tu cuerpo (o, al menos, aprende a quererlo). Sí, seguro que seguirás pensando que te sobran unos kilos, pero ya te los quitarás cuando estés bien y estés preparada. Además, acabas de darle la vida a un ser humano. Tu cuerpo tiene superpoderes, prácticamente.

Grita menos. Sí, a veces los niños te volverán loca, pero me he dado cuenta de que gritar me afecta mucho más a mí que a ellos. Pero si, en general, no soy muy dura conmigo misma, y no me agobio por nimiedades, seré capaz de respirar hondo y no dejaré que la situación se me vaya de las manos. La mayor parte del tiempo, claro. Hay ocasiones en las que hay que detener inmediatamente ciertos comportamientos horribles.

No te preocupes cuando parezca que por tu salón ha pasado un terremoto. Dicho esto, recoge siempre las piezas de Lego, nadie quiere pisar una yendo descalzo.

Date cuenta de que lo más probable es que la locura por la que estás pasando sea una fase. No solo se pasará, sino que la echarás de menos. Puede que no eches todo de menos, pero sí que extrañarás cosas entrañables de esa etapa de la vida de tu hijo.

Por otro lado, date cuenta de que hay cosas que no son una fase. Si te parece que hay un problema que no desaparece --especialmente si está relacionado con la salud física o mental de tu hijo--, no escuches a la gente que te dice que no te preocupes. Pase lo que pase, hay que enfrentarse a ello, la solución no es obviarlo y dejarlo a un lado.

Acepta lo que sientes. Te sientas como te sientas, es válido. Acéptalo y serás capaz de dejarlo ir y pasar página mucho más rápido.

Deja de pensar en lo que deberías hacer. Lo único que tienes que hacer como padre es mantener a tus hijos con vida y quererlos incondicionalmente. Todo lo demás son preferencias personales en cuanto a la manera de afrontar la paternidad.

Aprende a pedir ayuda. Incluso Superman tiene una pandilla de superamigos que le ayudan de vez en cuando.

Deshazte de la gente que te mina la autoestima, o, si no, ignora sus opiniones. Nadie tiene tiempo para esas tonterías.

No te sientas (totalmente) culpable por poner dibujos animados en la tele mientras os preparáis para ir al colegio o al trabajo. Querrás salir de tu casa un siglo de estos, ¿no? Yo sí.

Este post fue publicado originalmente en Momsanity.

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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.