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El uso de datos para construir mejores sistemas educativos: Andreas Schleicher en TEDGlobal 2012

Publicado: 27/06/2012 18:08

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Foto: James Duncan Davidson.


"El aprendizaje no es un lugar, es una actividad", dice Andreas Schleicher. Él dirige el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (también conocido como PISA por sus siglas en inglés) y está aquí para plantear la idea de que las comparaciones internacionales de sistemas educativos pueden contribuir a elevar el nivel de los alumnos y de la enseñanza.

En primer lugar, un poco de historia y una lección necesaria para los estadounidenses presentes en la audiencia. Mientras que en la década de 1960 Estados Unidos fue número uno en la educación internacional, otros países se pusieron al día en la década de 1970, y aún más en la década de 1980... y la tendencia no ha cambiado desde entonces. Ahora, países como Corea están demostrando lo que puede lograrse en educación. "Dos generaciones atrás, Corea tenía el nivel de vida de Afganistán", expuso Schleicher. "Hoy en día cada joven coreano termina la escuela secundaria".

Uno de los problemas de medición en la educación es pensar en indicadores de éxito. Hoy por hoy, no es una cuestión de quién obtiene qué título. Se necesita desarrollar habilidades que luego serán útiles cuando la educación formal haya finalizado. "Vean esa combinación letal de graduados en busca de trabajo y empresarios que nos dicen que no pueden encontrar personas con las habilidades que necesitan", dice Schleicher. "Eso nos dice que los mejores títulos no se traducen necesariamente en mejores habilidades, trabajos, vidas. En PISA, trabajamos para cambiar esto. Queremos probar si los estudiantes pueden extrapolar a partir de lo aprendido y aplicar sus conocimientos en situaciones nuevas".

En 2009, PISA evaluó 74 sistemas educativos y descubrió unas estadísticas muy crudas. "Hay una brecha de tres años entre un joven de 15 años de Shanghai y un joven de 15 años de Chile", dice. (De hecho, la brecha es de hasta siete años entre algunos países). Estas son cifras crudas, y así lo percibió el público.

Como era de esperar, a PISA no le bastó con ver los resultados, sino que analizaron un panorama cultural más amplio, incluyendo temas como la igualdad dentro de la sociedad y examinaron cuánto afecta el entorno del niño en la calidad de su educación. A veces, el entorno tiene un gran impacto, a veces no es así. Pero lo que está claro es que ningún país puede darse el lujo de tener tan bajos resultados ni desigualdades sociales tan grandes. Así que esta es la pregunta que se hacen muchos: "¿Es mejor tener un mejor resultado, con desigualdad? ¿O hay que resignarse a la equidad, con mediocridad?" Como muestra Schleicher, ese es un falso dilema. De hecho, muchos de los países combinan excelencia y equidad. Países como China, Corea y Finlandia ya proveen excelencia para todos sus estudiantes, de todos los orígenes... y eso supone una lección importante para otros países que tratan de desafiar el paradigma educativo como una simple forma de clasificar a la gente.

Schleicher también muestra que no es simplemente una cuestión de poner dinero para solucionar el problema. Es más importante la forma en que se gasta el dinero. Compara Corea del Sur con Luxemburgo. Corea del Sur, gasta mucho en el incentivo docente, en largas jornadas lectivas y en el desarrollo profesional de los docentes. Para poder afrontarlo, también tienen clases grandes y menos costosas. Luxemburgo gasta la misma cantidad que Corea, pero en la pequeña nación europea a los padres y los responsables políticos les gustan las clases pequeñas. Así que han invertido en clases pequeñas, algo costoso, y a los profesores no se les paga muy bien, los estudiantes no tienen largas jornadas de aprendizaje, los maestros no tienen tiempo para hacer otra cosa que enseñar.

Desde el año 2000, los países han invertido un 35% más en educación. ¿Estamos mucho mejor? "La amarga verdad es que no en muchos países", dijo Schleicher. Una vez más, se trata de algo más que de dinero, se trata del sistema. Al país natal de Schleicher, Alemania, le fue mal en el año 2000, lo que provocó un debate público a fondo. Como resultado, el Gobierno federal elevó la inversión en educación y ha trabajado para disminuir la desventaja social de los inmigrantes. "Esto no fue solo una optimización de las políticas existentes. Los datos transformaron algunas de las creencias subyacentes de la educación alemana", dice. Años más tarde, los cambios están dando sus frutos.

Entonces, ¿qué podemos aprender de quienes alcanzan altos niveles de equidad y rendimiento? ¿Puede lo que funciona en un contexto servir de modelo en otro lugar? "No se puede copiar y pegar sistemas educativos al por mayor, pero hay una serie de factores comunes", reconoce Scheicher. "La prueba de la verdad es el modo en que la educación pesa respecto de otras prioridades. ¿Cómo se le puede pagar a los maestros? ¿Prefiere que su hijo sea profesor o abogado? ¿Cómo hablan los medios de los maestros? Hemos aprendido que, en sistemas de alto rendimiento, los líderes han hecho que los ciudadanos tomen decisiones que valoricen la educación".

Algo crucial: creer que todos los niños son capaces de tener éxito. En Japón, en Finlandia, los padres esperan que todos los estudiantes tengan éxito, y esa expectativa influye en el comportamiento de los niños. Quienes tienen alto rendimiento en PISA también personalizan las oportunidades de aprendizaje y comparten normas claras para que cada estudiante entienda lo que se requiere de ellos. Le dan autonomía a los profesores para entender lo que debe enseñarse; y darles el poder de enseñar a su manera es algo que ayuda enormemente. "En el pasado se entregaba conocimiento", dice Schleicher. "Ahora se trata de posibilitar el conocimiento generado por los usuarios".

La inversión en los propios maestros es quizás lo más crítico de todo. El progreso y el crecimiento de los educadores importa, y es crucial para crear ambientes de apoyo, útiles, en los que puedan seguir aprendiendo. Los países con alto rendimiento tienen sistemas que permiten a los docentes innovar y desarrollar prácticas pedagógicas, mirando los resultados de las pruebas pasadas y hacia fuera, a la vida del mundo exterior.

Quizá la más impresionante de las estadísticas de Schleicher es la siguiente: en países con alto rendimiento, hay sólo un 5% de variación entre escuelas. "Cada escuela tiene éxito", dice. "El éxito es sistémico".

La investigación tiene sus límites, reconoce Scheicher. PISA no le puede decir a los países qué deben hacer, pero puede mostrarles lo que hacen los demás; y mostrarle a otros políticos lo que puede hacerse en materia educativa. "Se han quitado las excusas de los complacientes y establecido objetivos significativos y metas mesurables para ayudar a cada niño, a cada maestro, a cada escuela y a cada director, concluye. "El cielo es el límite".

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Guión: Ben Lillie
Traductor: Sebastián Betti

 

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