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Seedorf contra el imperialismo

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Un fichaje en enero de 2005 estuvo a punto de cambiar el orden mundial del fútbol. La estrella del fútbol suizo de entonces, Hakan Yakin, iba a optar en la flor de su carrera por jugar en el equipo de sus jugadores más admirados Maradona y Riquelme: Boca Juniors. El presidente del club de Buenos Aires, Mauricio Macri, pavoneó un fichaje que tenía algo de reivindicación ante unos aficionados acostumbrados a la huida de sus ídolos a la rica Europa. El orgullo patrio por las nubes. Finalmente el fichaje de la estrella del Stutttgart de 27 años se abortó. Dos años después, el conservador Macri ganó las elecciones que le hicieron gobernador de Buenos Aires.

El pasado fin de semana debutó en Botafogo, uno de los clubes fuertes de Rio de Janeiro, Clarence Seedorf. Su caso reúne muchas condiciones para que se le pueda declarar como la primera estrella europea que hace el camino inverso. De los grandes clubes europeos a los grandes clubes latinos. Pese a su avanzada edad (37 años), el jugador holandés nacido en Latinoamérica (Surinam), es el primer europeo de primer nivel que se va a jugar a Brasil o Argentina. Pese a reconocer que ha habido europeos jugando en la hierba alta del cono sur, como el serbio ex del Real Madrid Petkovic o el francoargentino David Trezeguet (lo suyo es una vuelta porque debutó en Argentina) su caso es muy singular.

Su debut el pasado domingo fue un choque de civilizaciones. En el resumen del partido que jugó su equipo contra Gremio se aprecia al centrocampista holandés en jugadas inusitadas en el aburrido y pachanguero campeonato brasileño. Un robo de balón agresivo en el centro del campo, pelotazos al área en busca del empate, paredes en el centro del campo... El choque del juego del canterano del Ajax que desarrolló la mayor parte de su carrera en Italia, con los regateadores brasileños es similar al que se produciría en Chiclana de la Frontera si Angela Merkel irrumpiera como alcaldesa.

La apuesta de Seedorf, casado con una mujer brasileña, denota un punto de humanidad en el futbolista. Una curiosidad vital que a veces se echa de menos en profesionales que pueden conseguir cualquier deseo que se propongan. Sorprende la falta de personalidad de los jugadores veteranos europeos por experimentar emociones vitales y puramente futbolísticas al término de sus carreras, cuando ya han ganado todo el dinero que serviría para dar de comer a tres generaciones de una familia rica y numerosa.

La pasada semana un rumor evidenció este aspecto. Guti declinó una oferta de River Plate. El genio de Torrejón, que confesó en una entrevista aspirar a conducir una moto por Bangkok, admitió que en realidad prefería jugar en EEUU o Catar antes que un derbi contra Boca en el Monumental.

Fichajes como el de Seedorf tienen poco recorrido futbolístico pero anuncian un posible cambio de fichas en el tablero del mercado del fútbol si la crisis sigue vapuleando Europa. Los campeonatos argentino y brasileño, arrasados por la voracidad de los clubes europeos en busca de talento, son una mezcla de veteranos locales y jugadores mediocres que no consiguen ir a Europa. En Argentina, Riquelme ha dominado los últimos torneos rodeado de jugadores intrascendentes. En Brasil, el caso es diferente. La estrella del Santos Neymar, se mantiene en su tierra gracias a un sueldo de más de 600.000 euros mensuales junto con veteranos ilustres como Ronaldinho, Ze Roberto o Juninho.

Clarence Seedorf, ganador de tres Champions League con tres equipos diferentes, es la nueva estrella de Botafogo. Pero para muchos ya es un símbolo del antiimperialismo.