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Al 2018 sólo le pido no conformarnos

04/01/2018 07:06 CET | Actualizado 04/01/2018 07:06 CET
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El 1 de Enero de 1916, Gramsci escribía un artículo en el periódico socialista Avanti! en el que relataba su odio al capodanno. Su odio al año nuevo no era otra cosa que el odio al inmovilismo y al conformismo, ese mismo odio que le llevaría un año después a escribir el famoso odio gli indifferenti.2018 ya está aquí, y algunas no nos conformamos con ver la entrada del año nuevo, sin reflexionar sobre algunas cuestiones que toca analizar de manera sosegada.

Hace un par de días, le pedí a un amigo que me identificara unos fragmentos de Marx que hablaban de colonialismo. Se trata de unos textos (artículos y cartas) poco conocidos, que explican bien el papel que jugó el colonialismo en la descomposición del antiguo sistema feudal, posibilitando una nueva forma de explotación: el modo capitalista de producción. Fueron precisamente las colonias -y concretamente la esclavitud- las que posibilitaron el desarrollo del comercio mundial y con ello la gran industria mundial. Como dice el propio Manifiesto de Marx y Engels, "el descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad". No obstante, a día de hoy son pocos1 los que hablan del papel que jugó el colonialismo en el impulso del capitalismo mundial, y sobre todo en la configuración de la modernidad en su sentido más amplio.

La primera reflexión para este año 2018 va en esa línea: Toca revisar los vestigios coloniales que configuran aquello que conocemos como "identidad nacional española"

La primera reflexión para este año 2018 va en esa línea: Toca revisar los vestigios coloniales que configuran aquello que conocemos como "identidad nacional española". Toca revisar la propia historia desde una perspectiva decolonial y antirracista, reconociendo con ello en el presente que España es, afortunada e inevitablemente, un país diverso y plural. Un país que no sólo lo construyen catalanes, vascas, gallegos, manchegas, andaluces, canarias, etc., sino también bolivianos, ecuatorianas, marroquíes, rumanas... que, nacieran o no nacieran aquí, decidieron -decidimos- formar parte de este gran país y que peleamos cada día para que nuestro país sea un país más justo y más democrático.

Y además de repensar esa identidad nacional, en 2018 toca también pelear más que nunca por la igualdad y por los derechos humanos: por un proyecto de país que no excluya a nadie nunca más. El machismo y el patriarcado nos están asesinando, mientras los (algunos) medios de comunicación y el gobierno del partido popular miran hacia otro lado. Nos están asesinando también en la frontera sur (y en las cárceles-CIEs como el de Archidona). Nos persiguen también a quienes defendemos una sociedad más justa (un abrazo Helena Maleno y muchas gracias). 2018 debe ser el año del fin de la denuncia y el inicio de un proceso transformador.

Toca volver a las calles y empujar a quienes desde las instituciones están peleando contra Leviatan. Solas no podemos, solas no podrán

Y enlazo esto último con el tercer elemento de reflexión: toca volver a las calles y empujar a quienes desde las instituciones están peleando contra Leviatan. Solas no podemos, solas no podrán. Y hace falta también hacer autocrítica, como sociedad y reflexionar sobre el "hacia dónde vamos", pero no sólo aquí en España. Estos últimos años hemos visto cómo Trump ganaba en Estados Unidos gracias al apoyo de las clases populares que lógicamente desconfían del establishment; vimos también cómo LePen obtuvo sus mejores resultados históricos gracias nuevamente al voto de unas clases populares que se sienten huérfanas de referentes, y del voto migrante – que hijos de migrantes argelinos y marroquíes terminen votando a la extrema derecha es un síntoma de agotamiento de ciertos discursos políticos que debería ser leído como un serio aviso.

También vimos emerger a Macron, el rostro de un neoliberalismo cada vez más cercano al neofascismo y que comparte ideario e imagen con Albert Rivera aquí en España. Vimos en Catalunya hace muy poco, el "cinturón rojo" convertido en cinturón naranja. No estamos, por tanto, ante un fenómeno aislado y exótico, sino ante un giro derechizante a escala mundial. El proyecto de Trump, LePen, Macron, Rivera, etc., comparten un mismo objetivo: seguir ahondando en la injusticia social, precarizando a amplias capas de la sociedad y excluyendo a los más vulnerables (la población migrante).

Vivimos un periodo peligroso de involución de los derechos que tanto costaron conquistar. Y esa involución se está llevando a cabo porque los de arriba vuelven a remover el avispero del miedo al diferente. La gente de las sociedades occidentales vive cada día con miedo a perder el trabajo, perder la pensión, perder la casa... perder incluso la vida. Y el miedo es un mal aliado de la justicia. La doctrina del Shock siempre ha funcionado. En tiempos de miedo es más fácil instaurar políticas autoritarias basadas en el mantenimiento de los privilegios de los de arriba, la acumulación (de unos pocos) por desposesion (de muchos); es más fácil crear monstruos, sembrar el odio entre el último y el penúltimo, en lugar de -como decía la canción- pelear contra el mismo amo.

La reflexión final es que no podemos conformarnos con que 2018 sea parecido a 2017

La reflexión final es que no podemos conformarnos con que 2018 sea parecido a 2017. Porque no podemos conformarnos a seguir viendo como desahucian cada día a familias enteras; no podemos conformarnos a seguir viendo como asesinan a migrantes en Archidona; ni como la pobreza -energética- mata y el gobierno es cómplice; no podemos conformarnos con ver colas de paro mientras unos pocos nos roban y parasitan las instituciones, no quiero más abuelas pagando con su pensión la comida a su nieta, ni jóvenes exiliandose por un trozo de pan. Quiero justicia y dignidad. Por eso en 2018 toca resistir para avanzar y vencer. Toca volver a indignarse, y volver a sonreír con la esperanza y la certeza de que más pronto que tarde, como decía aquel chileno, se abrirán las grandes alamedas. ¡Feliz 2018!

1 Boaventura de Soussa o Juan Carlos Monedero son de esos pocos intelectuales que han dedicado su trabajo no sólo al análisis y comprensión del fenómeno colonial, sino también a su denuncia, pensando siempre en términos de transformar la sociedad.

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