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La alegría en casa del pobre

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El pasado viernes, pudimos ver el mejor partido de la historia del Atlético de Madrid. En mi caso, de los últimos 32 años. Otros, más veteranos que yo y que vieron a Gárate, a Luis Aragonés y a otras leyendas rojiblancas, opinan lo mismo. El 1-4 de la Supercopa de Europa de 2012 ante el Chelsea, sea como fuere, ocupará ya siempre un capítulo en la historia del equipo madrileño.

En ese capítulo, la foto principal no puede ser otra que la de Radamel Falcao García Zárate. El colombiano dio una exhibición con sus tres goles, sus dos palos y sus cientos de carreras y se sitúa ahora mismo en el Olimpo de los mejores jugadores del mundo. El Atlético de Madrid siempre ha tenido buenos, muy buenos delanteros centros (Baltazar, Penev, Vieri, Hasselbaink, Torres, Agüero, Forlán...) y Falcao no sólo no desentona sino que eleva un poco más la media.

Los atléticos estamos de enhorabuena, entonces. El Cholo Simeone ha demostrado que como muchos sospechaban, su carácter se ha impreso en el equipo y que es el entrenador perfecto, a día de hoy, para el equipo. Un equipo del que se dice, ahora sin remilgos, que puede ser una pequeña alternativa, pero alternativa al fin y al cabo, al dominio incontestable de Real Madrid y FC Barcelona.

Pero estos días de vino y rosas no son completos. Todavía no había acabado el partido del otro día en Mónaco y por Twitter y otros medios digitales ya se decía, medio en broma medio en serio, que el oligarca ruso Roman Abramovich, a la sazón dueño del Chelsea y de una envidiable cuenta corriente, igual no se marchaba del Principado sin atar al ariete colombiano.

El propio Simeone y los jugadores del Atleti, tras el partido, bromeaban acerca de la conveniencia de que el partido coincidiera con el cierre del mercado, y no unos días antes. Poco después, el padre de Falcao daba más credibilidad a los temores rojiblancos explicando que no fue a Mónaco a ver el partido porque su hijo no le garantizó que jugara ni que fuera ya jugador del Atleti. Y ahora, desde Colombia, dicen que es posible que Falcao estrene el año en Londres y vestido de azul.

Este es, amigos, el sino del Atlético de Madrid. Eufóricos por lo conseguido pero con el corazón encogido porque en el fondo, sabemos a ciencia cierta que si no en diciembre, en julio tendremos que despedirnos del ariete cafetero. Estoy seguro de que todas o casi todas las felicitaciones que han recibido los aficionados atléticos han ido acompañadas de augurios, a veces malintencionados, acerca de lo poco que nos queda de disfrutar de Falcao.

Los que mandan en el club dirán que no pasa nada. Se fue Torres, se fue el Kun, se fue Forlán, se fueron muchos otros y ahí estamos, celebrando cosas en Neptuno. Haremos caja (ahora Falcao debe valer bastante más de lo que costó) y traeremos "uno igual o mejor", dirán. Puede que tengan razón. Los clubes son eternos y los jugadores gente que va y viene. Pero qué quieren que les diga. Tener esa sensación de pobre, de no tener derecho a disfrutar más de dos años de los grandes jugadores es, sencillamente, frustrante. Y la gente está harta de ser 'el pupas'.