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Juntos pero no revueltos: sobre México, la Super Bowl y las marchas anti Trump

12/02/2017 10:16 CET | Actualizado 12/02/2017 10:16 CET

Hace poco escribí sobre yo si vería la entrega de los Oscar por televisión y dije que no me daba remordimiento nacionalista hacerlo, ya que una cosa es la Academia de Cine de los estadounidenses y otra el presidente ignorante y agresivo que eligieron para suceder a Obama. Creí que ahí terminaba todo y podría escribir de otros temas que me interesaban. Qué ingenuidad la mía.

En la última semana, la realidad se me impuso de una forma irresistible. De hecho, este post quería hacerlo sobre la importancia de la Super Bowl para mí y muchos en México, pero el río revuelto de la política y (de nuevo!!!) Trump no me dejan hacerlo del todo.

Y es que, al igual que la entrega de la dorada estatuilla, el evento deportivo más importante del a NFL se politizó de tal forma que verlo o no verlo se volvió un posicionamiento político para muchos.

Los aficionados y expracticantes del rudo deporte de las tacleadas (como dicen en la TV) no vemos nada de malo, es una actividad que ha sido parte de nuestras vidas y lo vemos como un deporte y una fiesta. Sin embargo, como ha sucedido con casi todo en mi país desde hace una par de años, el tema se politizó sin remedio.

Hablar de este entretenimiento deportivo se transformó en una cámara húngara de la peor especie en la que caben los que no les gusta el americano -pues es una muestra más del imperialismo cultural gringo-, los que solo lo ven por las porristas, los que comparan a los aficionados con simpatizantes del Ku Klux Klan, los que opinan (yo entre ellos) que no hay que confundir la gimnasia con la magnesia y los despistados de siempre que lo comparaban con la final de la liga Mx.

Tal resultó el embrollo que parecía que estábamos tratando de hacer una marcha nacional en defensa de México y repudio al güero copetudo.

La marcha en defensa de un país agredido verbal y económicamente se ha convertido en una discusión de sordos a través de las redes sociales y los espacios informativos tradicionales.

Y es que el próximo 12 de febrero se supone que habrá una marcha de unidad nacional, en defensa de nuestros millones de migrantes que viven en Estados Unidos y en defensa de nuestro país ante el improbable muro de Berlín del siglo XXI.

Pero de nuevo, el tema se politiza y se vuelve motivo de encontronazos entre los diferentes aspirantes a la candidatura presidencial del próximo año.

De tal suerte, la marcha en defensa de un país agredido verbal y económicamente se ha convertido en una discusión de sordos a través de las redes sociales y los espacios informativos tradicionales.

Por un lado, están los que afirman que fue una iniciativa de la sociedad civil y que debemos apuntalar la unidad nacional (lo que eso signifique) ante Trump, nada más. Sin embrago, a esta marcha se le sumó la convocatoria por parte de personalidades como Isabel Miranda de Wallace y Laura Ballesteros, en lo que parece ser una maniobra del Gobierno peñista para llevar agua a su molino.

Por si fuera poco, la lamosa analista y precandidata presidencia independiente Denise Dresser también lanzó una convocatoria, ante lo que fue acusada de promover la imagen de una amiga suya y también presidenciable, Margarita Zavala, que a su vez es esposa del expresidente Felipe Calderón, por lo que se ve la mano de la derecha en esta marcha para sumar votos, y....

Como se puede apreciar, lo que era una excelente idea, hacer un frente unido ante lo que el historiador Enrique Krauze llamó "el mayor enemigo de México de los últimos 170 años" se ha vuelto espejo de los tiempos que vivimos por acá: desunión, falta de altura de miras en la clase política, oportunismo político y ausencia de la sociedad civil.

En otras palabras, parece que habrá una marcha que, a su vez, estará marcada por marchas dentro de sí misma con diversos tonos políticos: juntos pero no revueltos sería una buena definición.

¿El resultado? Eso no lo sabremos hasta después del domingo, pero espero que, al igual que con el Super Bowl, no se afecte el número de personas que participen en la marcha, aunque sea solo como un gesto simbólico.

Pobre México, tan lejos de la unidad y tan cerca de Trump.

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