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Justicia porcina

14/04/2017 10:33 CEST | Actualizado 14/04/2017 10:33 CEST

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Juguemos a las adivinanzas: ¿qué tienen que ver las bandas de mirreyes de México -sus golpizas denunciadas en redes y agresiones sexuales confesas- y el viralizado accidente automovilístico en la avenida Reforma de la Ciudad de México? Sencillo: en cada caso, la justicia ha jugado, y seguramente jugará, un papel de cerdos.

Pongamos un poco de contexto. Los mirreyes, como despectivamente se les conoce en México, son jóvenes que pertenecen a una élite mexicana que combina el dinero, las influencias políticas y un profundo convencimiento de que el universo se debe a ellos y las reglas no se les aplican. En otras palabras, están educados para vivir y perpetuar la impunidad a través de sus actos.

El mejor ejemplo de estos bonitos especímenes de la fauna nacional mexicana son los Porkys, como se hacían llamar. Los cuatro acusados de esta bandita son hijos de prominentes empresarios, o tienen parentesco con exgobernadores del estado de Veracruz, es decir son mirreyes de cepa pura.

Esta pandilla se dio a conocer cuando, por medio de las redes sociales, se difundió el vídeo que mostraba la agresión y violación de una menor, a la que se le conoce como Daphne -en protección de su identidad-, por parte de estos cuatro angelitos de dios, vídeo que ha generado una historia con más capítulos que una telenovela mexicana.

Con el tiempo, los agresores confesaron la violación, pero a pesar de esto, un juez, el ahora famoso #juezporky, concedió un amparo a favor de uno de los agresores, que fuera capturado y deportado desde España. Dicho juez, así con minúscula, sostiene que el jovencito no cometió delito de pederastia a pesar de que la menor agredida tuvo que soportar que se le arrancara la ropa, al tiempo que era manoseada en sus senos y los agresores introducían sus dedos en su vagina mientras ella pedía que pararan. De acuerdo con el de la sotana judicial, todo esto son solo tocamientos y roces incidentales, pues no se realizaron con sentido lascivo o intención de "satisfacer un deseo sexual a costas del pasivo". Argumentos más cerdos es difícil de encontrar.

Las autoridades poseen denuncias y vídeos de estos mirreyes golpeadores al menos desde mayo de 2016, y su inactividad ha sido completa.

En el segundo caso, el de las golpizas, la justicia mexicana se ha semejado a un cerdo que dormita alegremente en el sol, disfrutando del chiquero, mientras a su alrededor sacrifican a los demás animales de la granja. Y es que en este caso se trata de otro grupo de mirreyes, los llamados centinelas, que golpean a jóvenes, más o menos de su edad, en público, sin mediar ninguna razón más que su estupidez y el convencimiento de que es su derecho actuar como idiotas, a sabiendas de que no existirá consecuencia alguna.

Y la somnolencia porcina de la autoridad es tan obvia que da pena. Y es que, por lo menos, las autoridades poseen denuncias y vídeos de estos mirreyes golpeadores al menos desde mayo de 2016 y su inactividad ha sido completa... hasta que se viralizaron y las víctimas denunciantes pusieron en evidencia el dolce far niente de la policía y los jueces supuestamente a cargo.

Increíblemente, la identificación de al menos una decena de estos aprendices de camisas pardas provino de las redes sociales. Fueron los propios compañeros de preparatoria quienes los señalaron por medio de vídeos. De forma igualmente increíble, las autoridades de las escuelas preparatorias privadas donde estudiaban, fueron mucho más veloces que el Estado y los expulsaron por faltas de conducta.

Ya con todo este contexto y antecedentes, podemos estar seguros de que el más reciente ejemplar de mirrey, Carlos Salomón, hijo de un reputado torturador y empresario de seguridad privada que traficaba con personas en el aeropuerto de la CDMX, y que es el responsable de matar a cuatro personas por conducir su BMW a 185 Km/h por Avenida Reforma, saldrá libre antes de lo que canta un gallo, una raya más al tigre.

Y es que la sociedad de mi país no se fija en quién comete las faltas, sino en las influencias y el dinero que se tenga para cubrirlas, además de que nos encanta revictimizar a los afectados en este tipo de sucesos. Si no me creen, chequeen esta reacción de las redes sociales debido a que una de las chicas muertas en el accidente que les cuento estaba casada.

Seguramente encontraremos otro chiquero de fallo que exculpe a este tipejo, así como se justificó antes a los agresores sexuales de Daphne y se tolera a grupos como los centinelas.

Y si no me creen, esperen, ya se los postearé pronto.

Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de la perfecta impunidad cerda.

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