Peter Campus: La escafandra del vampiro

Peter Campus: La escafandra del vampiro

Cortesía del artista y Cristin Tierney Gallery, Nueva York. © Peter Campus, 2017

Cuando Peter Campus era joven se hizo a sí mismo prisionero de su habitación. El espacio se convirtió en una parte de él, una especie de escafandra que ceñía su cuerpo. 'Veía las paredes como mi concha. La habitación como contenedor tenía cierta relación con el espacio imaginario que encierra un monitor'.

Al entrar en Video Ergo Sum lo primero que me encuentro es la instalación de vídeo Kiva. Aquí empieza la experiencia que propone Campus al espectador, puesto que una parte de las obras mostradas no se activa sin la intervención del visitante. Al colocarme delante de la cámara me siento vampirizado como el cineasta protagonista de Arrebato. Este sentimiento me acompañará durante todo el recorrido. Si en la película de Zulueta la cámara acababa captando la misma existencia del personaje, aquí nos devuelve una imagen proyectada de nosotros mismos que nos hace dudar de nuestra posición en el espacio.

'Estamos condicionados por la imagen inversa que nos entrega el espejo, nos sorprendemos constantemente cuando se nos presenta la imagen directa del vídeo. Cualquier movimiento asimétrico provoca una pérdida de la identificación con la imagen de uno mismo que se proyecta'

Kiva es un artefacto de visión autorreferencial, casi con vida propia. Está articulado con unos espejos colocados con hilos delante del objetivo de la cámara, sensibles al movimiento del aire ambiental. El espectador sale intermitentemente de la vista de la pantalla, que ocupa en ciclos de tiempo discontinuo.

Desde hace años, Peter Campus es una referencia del videoarte a nivel mundial. Un pionero cuya naturaleza de sus obras, con instalaciones complejas, ha limitado siempre su presentación. Así que la muestra del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, organizada por el Jeu de Paume de París, es una oportunidad única para acercarnos a su experimentación.

En Optical Sockets me dejo atrapar en el centro de cuatro cámaras de videovigilancia que a ras de suelo graban sin piedad. Las imágenes de los diferentes puntos de vista se mezclan y se transmiten simultáneamente a cuatro monitores colocados sobre pedestales entre las cámaras, a la misma distancia. Me siento la presa de un animal electrónico que en función de mis movimientos consigue desorientarme, al reflejar mi figura con sustrato de relatividad.

Escapo de la tela de araña óptica y entro en Dor, un cuarto oscuro que propone un juego de perspectivas. Estoy sin compañía, esperando verme proyectado, pero no ocurre nada porque la imagen solo puede verse en la pared del cuarto cuando el visitante está en el campo de la cámara, en la zona de la luz, es decir aún en el pasillo. Así cuando vuelvo al pasillo tengo la sensación de que dejo atrás un espectro, pero giro la cabeza y ya no está allí. Soy yo mismo intentando verme.

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Al salir aturdido del cuarto oscuro, pensando todavía en mi fantasma, me enfrento a la videoproyección en gran escala de la cabeza del actor John Erdman con un semblante que deja entrever su lado más oscuro. Head of a Man with Death on His Mind me conecta de inmediato con un primer plano de Bruno Ganz en El Cielo sobre Berlín. Me transmite lo mismo, una comprensión de la mortalidad, de lo final.

Además de estos dispositivos de vídeo de circuito cerrado, la exposición posee un carácter íntimo y poético que abarca otros formatos. Una colección de sus performances para la cámara como Three Transition, que denuncia cualquier pretensión de una imagen inamovible y sólida. En estos vídeos se realiza una acción, con una duración específica, que se graba en continuo y en plano fijo. También acompañan videografías (planos fijos sin montaje), retratos, fotografías de la naturaleza y el tratamiento de imágenes configuradas por píxeles en movimiento, que dotan de otro grado de abstracción a su carrera.

Su trabajo más reciente, La Jetée, comparte puntos en común con la reflexión filosófica que plantea la película de Chris Marker, como el propio autor comenta: 'hemos llegado a un punto final y no hay más salida posible que ir atrás describiendo un bucle'. La Jetée de Campus es una videografía realizada a propósito para esta retrospectiva en ultra alta definición (4K) en el enclave natural de un rompeolas por donde caminan los paseantes.

Más allá del interés que despierta toda su obra, lo que convierte a esta exhibición en una experiencia son las instalaciones interactivas que succionan nuestra imagen para devolverla encapsulada en una pantalla, que hace las veces de contenedor, de escafandra, en la que nos percibimos ajenos. Un mecanismo de espejos y reflejos que suscita una ilusión enigmática de la imagen de uno mismo.

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