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Rara Avis Rihko

29/05/2017 07:32 CEST | Actualizado 29/05/2017 07:32 CEST
Alicia Rihko

Cuidado con lo que ves porque puede cambiar tu forma de mirar. Abróchense los cinturones, vamos a tener Alicia Rihko. Cara a cara con la artista encuentro a una persona que te saca una carcajada fácil y a la que le gusta ver a la gente reír. Al detenerme en sus rasgos indoamericanos no puedo esquivar a una bandada de halcones sobrevolándola bajo el sol del condado de Riverside. "Nací en una base militar y pasé mi infancia en Estados Unidos, aunque la mayor parte de mi vida he residido en Sevilla". Con esta carta de presentación su trabajo tampoco podía ser estándar. Tras el estilo naíf de su paleta de colores, donde destacan el rosa y el negro, subyace un mundo abigarrado lleno de pecados. Un imaginario muy bipolar: el día y la noche, el hombre y la mujer, el interior y el exterior, y muy contrastado, que probablemente tenga que ver con la dinámica emocional de la autora. Haciendo una trinchera del morbo, la nostalgia y el voyeurismo.

Ese voyeurismo de "cuando eras niño y no te dejaban ver algunas escenas de películas" nos podría evocar aquél del que nos hace partícipes Benoît Debie en la cinematografía de Gaspar Noé. Aunque aquí edulcorado con la refinada veneración carnal que muestran las producciones de Verso Cinema y el manejo que luce Rihko de la elipsis visual; invitando a imaginar más que a mostrar explícitamente. Esta ecuación de impulsos desemboca en una curiosidad magnética que atrapa al espectador, sin poder apartar la mirada de la pieza.

Su mirada cuaja en un estilo tan personal como reconocible, que podríamos definir como rihkoniano, pues sólo se parece a sí mismo.

"El cine y la fotografía me apasionan e influyen en mi trabajo. Al final, siempre intento ser la directora de mi propia película. Si quiero que haya un coche, tengo que encontrar el coche perfecto, en el lugar, con los personajes y la estética adecuada, como por ejemplo en Salvation Mountain"

Sus seguidores en Instagram, fascinados por tan maravillosa mascletá, crecen a velocidad supersónica. Alicia dibuja sobre "libertad, soledad, sexo y rebeldía", mientras le acompañan temas de músicos americanos al estilo de Erik Hassle, que le inspiran a componer estampas como la del Ángel en el Balcón.

En un mundo acosado de imágenes, la ilustradora proclama su falta de influencia sin despeinarse, ya que, según expresa, "a la hora de trabajar, no tengo ningún referente en concreto. Me muevo más por emociones, sentimientos que sólo puedo expresar dibujando". Sí destaca que sus gustos van desde la perfeccionista Apollonia Saintclair a la fotografía de Ellen Von Unwerth. Aunque sin duda lo que más encontramos en sus proyectos es autorreferencialidad, como ella misma reconoce, y una voluntad tremenda por comunicar. "Me gusta crear. Disfruto mucho durante el proceso creativo, pero una vez que concluye se termina toda la magia para mí".

La Rihko no necesita retratar criaturas fantásticas ambientadas en mundos que no existen para elevar nuestra imaginación, sino que ilustra delicadamente algo más seductor que un vampiro o un hombre lobo, la condición humana.

Su mirada cuaja en un estilo tan personal como reconocible, que podríamos definir como rihkoniano, pues sólo se parece a sí mismo. Alicia erotiza tu mirada, abriendo la puerta a un estimulante juego de exquisita perversión, que deviene en cuestiones más crípticas.