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¿Y no vas al gimnasio?

25/09/2012 08:06 CEST | Actualizado 24/11/2012 11:12 CET

¿Qué clase de persona eres que no practicas ningún deporte? ¿no sales a correr? ¿no vas a ningún gimnasio? El no-deportista se ha convertido en un espécimen extraño, anticuado, un hombre o una mujer casi despreciables, afeados no sólo por su cuerpo laxo sino por su propia falta de autoestima. El ejercicio ya no es un excéntrico suplemento homeopático o estético, el fitness no resulta una actividad reservada a vigoréxicos, metrosexuales o desocupadas amas de casa, sino un ejercicio de higiene muscular y mental.

El otro día quise visitar una de las sucursales madrileñas de la cadena de gimnasios GoFit. En recepción me explicaron que acababa de perder la visita guiada de las ocho y media. Tal es hoy la afluencia a los gimnasios. "Por las tardes aquí hay más gente que en el Corte Inglés en rebajas, aunque contamos con tres párquines y aparcacoches" me explicó la chica del gym cuando, en un impropio arrebato de motivación, regresé al día siguiente puntual al tour.

Según un estudio del Consejo Superior de Deportes, prácticamente todos los españoles que hacen ejercicio notan una mejoría en su salud y condición física, se socializan con mayor fluidez, están más motivados en el trabajo y han aumentado su satisfacción personal. La mitad incluso asegura haber reducido el consumo de medicamentos. Pero ahora el IVA en los gimnasios ha subido del 8% al 21%. El año pasado Portugal incrementó este impuesto siete puntos más que España, restando 100.000 inquilinos los centros de fitness. Queda ahora por ver el impacto en nuestro país.

La crisis, sin embargo, ha incentivado el deporte. Los ciclistas son ya un enjambre en aumento, así como los runners. Hay fórmulas baratas de quemar calorías, de vivificar la mente. Los parados disponen de mucho tiempo y libre y, además, están faltos de la confianza proporcionada por el deporte. Por otro lado, están dispuestos a hacer lo que sea para superar a la competencia en los procesos de selección de las empresas. Todo el mundo es consciente de que un buen aspecto físico, atractivo y saludable, es un punto a favor en una entrevista de trabajo y ahora no es escatimable ningún plus.

Los gimnasios rondan los 70 euros de media mensual, sin embargo en los últimos dos años han proliferado nuevas fórmulas de negocio para combatir la crisis, como los centros low cost. Estos gimnasios reducen o eliminan la atención individualizada (el número de monitores y personal de recepción y a veces hasta de limpieza), algunos no cuentan con clases dirigidas y nada de alquilar toallas. Pero cuestan unos 20 euros al mes.

El entrenador personal, que tanto se puso de moda en la época pre-Madoff, es hoy un lujo. El personal trainer se suele compartir ahora entre tres o cuatro personas que incluso quedan con él a través de Internet para acudir a algún parque a hacer ejercicios. Los grandes espacios verdes de las ciudades o las playas están poco a poco siendo tomados por escuadrones de deportistas uniformados de Decathlon. La exclusividad, sin embargo, continúa siendo una opción en algunos lugares como el gimnasio Performa de Valencia, que dedica enteramente las instalaciones a un solo cliente durante una hora.

Lo innegable es la multiplicación de gente preparándose para maratones o incluso triatlones. Hoy en las oficinas son recurrentes las conversaciones sobre modelos de pulsómetros, sobre tiempos de carrera, sobre marcas de zapatillas o circuitos donde batirse con uno mismo. Porque el deporte es un duelo personal. La satisfacción que proporciona salir de una clase de spinning o parar el crono después de cuarenta y cinco minutos de footing no está relacionada con vencer a ningún rival externo, sino al mayor de nuestros enemigos: nosotros mismos. Nos retamos con esa parte de nuestra persona odiosa, con el yo abandonado y vago, con un superyo agrandado por las grasas.

Al acudir a un gimnasio o regularizar las salidas a correr, a nadar o a montar en bici, inauguramos una nueva dimensión vital. Una etapa marcada por un novedoso objetivo. El propio ejercicio, basado casi siempre en el sufrimiento, se transforma en una reconfortante batalla interior que se gana cada día, el final de cada entrenamiento y cuya recompensa interior se siente ya en la ducha. No hay nada más desalentador que la deriva. Flotar por los días, por las estaciones, sin motivaciones o faros, sin los pequeños desafíos diarios, semanales o mensuales que actúan como balizas dirigiéndonos hacia delante.

Un partido de Champions el miércoles, una cita con un amor el viernes o un aperitivo con los amigos el domingo por la mañana son pequeñas zanahorias que nos mantienen activos desde el lunes. La vida es más grata sintiendo la satisfacción de cumplir propósitos, nos deslizamos por la rutina con menos fricción si somos propulsados por pequeñas ilusiones establecidas en el calendario como los puntos grandes en las esquinas del laberinto del comecocos.

El ejercicio nos pone ante un espejo, sobre una báscula. Nos encara con nuestra figura, pero también con el resto de la gente del gimnasio. No sólo se sufre cierto complejo cuando debemos reducir el peso de la máquina que acaba de abandonar alguien más gordo o más viejo, sino en los vestuarios. En el último año se ha disparado la demanda de cirugía genital, un fenómeno que los médicos atribuyen a "la cultura del gimnasio". A no ser que seamos aficionados a los locales de swingers, lo lógico es que no estemos acostumbrados a desnudarnos ante varios extraños a la vez. Es desconcertante y en ocasiones desalentadora la experiencia de comparar los cuerpos y, especialmente, los sexos.

El boom de los gimnasios ha llevado a muchos hombres a realizarse un alargamiento o engrosamiento de pene. Pero, sobre todo, han sido las mujeres de entre 25 y 35 años quienes están pasando por el quirófano para remodelarse los labios menores de la vagina, especialmente cuando sobresalen en exceso resultando poco estéticos.

Este es un mes copado de valerosos propósitos, de planes de mejoría y superación. Y aunque no vayamos a hacernos un lifting sexual, aunque no logremos un ascenso ni dejar del todo de fumar, a pesar de que haya un montón de aspiraciones que nunca alcanzaremos, sí podemos empezar a correr detrás de nosotros mismos.