Elena Pita

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Coixet y 'Ayer no termina nunca' en Berlín Este

Publicado: 12/02/2013 07:00

El cine español desplazó la fiesta de la novísima Postdamer Platz a la grandiosidad del pasado soviético en Karl Marx Allee. En el mítico Kino International, la directora Isabel Coixet presentaba la noche del domingo su nueva película, Ayer no termina nunca, en la sección Panorama de la Berlinale. La incapacidad de olvido y el tiempo que siempre regresa trayendo el pasado como una marea; un drama superlativo interpretado a duelo entre Javier Cámara y Candela Peña, soberbios.

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Coixet, en su hábito negro hasta los pies, sube al imponente escenario de la mayor sala de cine que jamás hayamos visto, y se pone a cantar, con un bajito tarareo, aquello de cuando Berlín era un Cabaret. ¿Y? "Estoy nerviosa", dice, y no es de extrañar que tamaña inmensidad imponga (1.500 metros cuadrados de cine; calculen el aforo, que estaba a reventar). "Sé que es noche de domingo, uno de los peores momentos de la semana. Encima, la película que vais a ver no os va a alegrar la madrugada del lunes. Espero que al menos os encante, y que, después de tantos años viniendo al Festival de Berlín, merezca un Teddy Bear o un Hello Kitty" (la cinta no se presentaba a competición). Y nada más dijo, consciente del trabajo que esperaba a la mañana siguiente al respetable, "la gente, que aquí tiene un trabajo. En España, sería (es) diferente". Palabras en principio inocentes y de dura lectura que introducían las primeras escenas de "Ayer no termina nunca".

Fue la proyección, en la Quinta Avenida del comunismo y la Alemania partida, una lección de Historia moderna vista desde el futuro. Ciencia ficción, sí, porque dibuja Coixet duros frescos de lo que supone será este país en 2017, España. Y retazos del apocalipsis. La crisis no resuelta, un paro devastador, hambre en contenedor de basuras, desesperación. Candela Peña vive en su viejo Cherokee (opulencia de otros tiempos) y se reencuentra con su ex pareja, emigrada a Alemania, vestido Javier Cámara de Hugo Boss, y con la memoria del hijo de ambos muerto a manos de los recortes en Sanidad. Han de trasladar las cenizas porque también el cementerio cierra. Vuelven a verse. Nada han olvidado. Empieza el duelo, que habla de la soledad del ser humano frente al dolor de la muerte, solo el ser humano porque la gente huye de quien sufre. Paternidad y maternidad, hombre y mujer confrontados en extremo frente al mismo sentimiento. Y una sola pregunta: "¿qué ves cuando me miras?"

Las luces de la sala se encienden y Coixet, arropada por quienes tanto aprecian su tan personal cine, se levanta a recibir una ovación de aplausos. Aplaudían el director de la Berlinale y el actor Tim Robbins, jurado en esta edición 2013, y toda su troupe de colaboradores llegados de la luz de Barcelona al gris de Berlín; el embajador de España en Alemania, Juan Pablo García Berdoy, y esposa; el escritor Fernando Aramburu y un larguísimo etcétera. Y el público, entregado.
Atención a las preguntas del público a la cineasta española, porque nada mejor que un extraño para mirarnos hacia dentro en el espejo de sus preguntas.

-¿Ha elegido hablar de Alemania en su película para estrenarla en este festival?

No, tristemente Coixet no había pensado en ello; ocurre que la emigración a Alemania, Suiza, Francia, cualquier otra Europa, fue nuestro sino en los años 60 y vuelve a serlo hoy. Hugo Boss, Javier Cámara luce esta noche su traje alemán. Nos lo enseña, desde el imponente estrado de la antigua República Democrática Alemana (DDR), el púlpito donde tantas consignas comunistas se habrán pronunciado, y habla el actor de las profundas emociones que destila esta película.

-¿Por qué ha elegido rodar en un escenario tan feo?

Verán ustedes, señores de la opulenta Alemania, el Cementerio de Igualada (bcn) es para nosotros, pobres españoles de Cataluña, un monumento nacional obra del fallecido maestro Enric Miralles. Maravilloso escenario, fabulosa fotografía de Jordi Azategui en su templo jamás terminado. Candela Peña, vestida con un modelo de David Delfín inspirado en el chándal yonqui de, pongamos, San Blas de los 80 (increíblemente bonito y favorecida ella), declara a Isabel Coixet que el viaje ha sido muy bonito pero que "por favor, a la próxima hazte una comedia". Un trabajo actoral que las críticas han señalado como teatral, y es cierto. Una película de consumo largo, no inmediato, de deleite pausado, que necesitará visionarse de nuevo como ocurre con el gran cine.

-¿Ciencia ficción?

Sí, reconoce Coixet, lo es en tanto que habla del futuro: una ficción que lamentablemente todos tememos (ella sospecha) se hará realidad: España 2017: nada resuelto. Isabel Coixet ha recreado un texto dramático de la holandesa Lot Veckemans, titulado Gif, y ha dedicado el drama a una amiga del alma, Cristina, que sabe lo insoportable de perder a su hijo, Jaime. Amigas del alma y el colegio rodean a Isabel, que se precia de ello, obviamente.

Pero la troupe desplazará aún más lejos la Berlinale, hasta el residencial barrio de Grunewald, Alma Schlosshotel. Un castillo prusiano restaurado por la cadena Relais&Châteaux que te deja sin comentarios, y donde han alojado a la Coixet en una suite modelo Kaiser. La fiesta dura hasta bien entrada la madrugada y el oropel no es ya de este tiempo, menos aún de este país nuestro; todo brillante menos un detalle que les delata (a los teutones): badejitas de pura salchicha acompañada de patatas fritas y salsa barbacoa. Cuando la madrugada apure, seguirá la fiesta en el Chalet, una discoteca extrarradio donde la gente baila, bebe y fuma como en los años 80. ¿Nos iban a enseñar modales en la próspera Alemania o tendrán razón quienes auguran ya lo que jamás debiera repetirse? Lean a Primo Levi los alemanes. Vean la película de Isabel Coixet. El Papa ha dimitido y la noticia nos pilla amaneciendo entre vahos de tabaco y sekt (espumoso del Rhin), pero la vida sigue y el pasado volverá como la marea, trayéndonos los restos del naufragio a las orillas.

 
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