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A ti te encontré en la calle: retos de Vistalegre II

08/02/2017 07:24 CET | Actualizado 08/02/2017 07:24 CET

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Foto: EFE

El grito de "no nos representan" contiene la revelación de un pueblo abandonado por sus políticos, por aquellos y aquellas que, se supone, se dejan la piel para servir a la ciudadanía.

Con ese grito, en el 15M, punto de inflexión de un gran proceso de transformación social en el que nos encontramos y del que la historia nos dirá cuándo y en qué acaba, se manifiesta el final de un sistema político de representación separado de la ciudadanía.

Nos dimos cuenta de que la comodidad de votar cada cuatro años, o ni eso, depositaba en unas manos distintas a las nuestras, a las de la soberanía popular, el poder que nos pertenece.

Nos "caímos del guindo" y vimos que nos habíamos despistado, habíamos perdido tejido social y nos topamos de frente con la mentira de un mínimo periodo (históricamente hablando) de vacas gordas en las que nos habíamos dedicado a vivir -con todo el derecho- nuestras vidas con la confianza de que, mejor o peor, más o menos de acuerdo, aquellos y aquellas a los que votábamos gestionaban el país en general con unas intenciones decentes, y que la corrupción era excepcional.

El pacto social, en el que unas élites minoritarias campaban a sus anchas mientras la mayoría social teníamos una vida normal, se había terminado. Nos habían arrebatado el poder y convertido las instituciones y los partidos políticos en una herramienta al servicio de los privilegiados.

Como lo expresaba un amigo: "Si nunca quisimos ser ricos, ¿no nos podían haber dejado vivir tranquilamente con nuestra casa, nuestro trabajo, el médico, la educación de nuestros hijos y una pensioncita? ¿Tan difícil era? ¿Era tanto pedir?". Sí, era mucho pedir, porque los intereses de los gobiernos no estaban en la defensa de los derechos de la mayoría social, como demuestra una legislación abusiva como la Ley hipotecaria, sino de esas élites que, a medida que se acababa el margen de beneficio, seguían pidiendo más y eran implacables en su presión hacia el mercadeo de los servicios públicos.

Para llevar esta indignación, esta impugnación, este "no queremos ser mercancía en manos de mercados y banqueros" a las instituciones y devolverlas al servicio de la gente, devolver el poder a la vida y a las manos de la gente corriente, nació Podemos.

Y me da igual si el nombre o los primeros pasos ocurrieron en un garaje o en un piso entre tres, cinco o diecisiete, Podemos no es un experimento de laboratorio patentado a lo Silicon Valley.

Dejar de ser ambiciosos y conformarnos con pequeñas conquistas sin tener como objetivo ganar nuestro país para la gente sería desaprovechar esta oportunidad histórica.

Podemos es la consecuencia lógica de un proceso de transformación de conciencia colectiva. Y si no hubiese sido en un sitio y con un nombre, habría sido en otro y se llamaría de otro modo. Con esto no quiero quitar méritos a los que estuvieran en aquel cuarto y tuvieran este gran acierto, lo que quiero decir es que, como la inmensa mayoría de las personas que lo componen de una u otra manera, yo a Podemos lo encontré donde estaba, en la calle.

Por esto, no creo que pueda separarse de su carácter social, de su carácter de marea, de movimiento, depositario de inteligencia colectiva, porque no creo que sea una cuestión de acierto o error el estar más o menos cerca de la sociedad civil o del movimiento popular, creo que es una cuestión de esencia, y cuando uno pierde su esencia, no tiene por qué ser un drama, pero uno ya es otra cosa.

Por esta razón, principalmente, Vistalegre II es tan importante. A nuestra Asamblea Ciudadana se presentan diferentes alternativas o estrategias, todas legítimas para llegar al mismo lugar: mejorar la vida de la gente. Pero creo que aquéllas que se separan del proceso transformador y del movimiento popular del que somos consecuencia nos harán perder nuestra esencia e irremediablemente nos convertirán en otra cosa.

En este sentido, es precisamente donde encontramos las divergencias. El proyecto de Podemos Para Todas se identifica claramente como "parte de", como un Podemos que articula una parte del trabajo en las instituciones que proviene de derechos perdidos, reclamaciones o necesidades que nos demanda la calle, la ciudadanía. Como si del cuerpo humano se tratase, en las instituciones, tendremos las manos, haciendo lo que el cerebro ordene, y se negociará y hará lo necesario cuando haya posibilidades para mejorar la vida y las condiciones de nuestra ciudadanía; pero también estaremos reaccionando a estímulos, directamente, con el sistema parasimpático, y retirando las manos cuando algo pueda ser realmente dañino.

Mientras tanto, dedicaremos muchísima energía a sanar y reforzar ese cuerpo, a reactivar y rehacer tejido social perdido, a participar activamente en la construcción de comunidad, a acompañar la movilización social, en el pleno respeto de los contrapesos y la autonomía, a politizar y extender conciencia colectiva, a construir una sociedad copartícipe, corresponsable y empoderada a la que no se pueda pisotear.

Para ello, es fundamental la apuesta por los círculos y el municipalismo: los primeros constituyen nuestra propia sociedad civil. Descentralizar no solo hacia los territorios sino, sobre todo, hacia la base, dotándola de mayor poder decisorio y participativo.

En cuanto al municipalismo, es uno de los grandes saltos evolutivos desde Vistalegre I. En aquel momento decidimos no presentarnos a las municipales porque consideramos que no teníamos músculo suficiente. De nuevo, en una demostración de que formamos parte de un proceso mayor que evoluciona por sí mismo, ese espacio ha sido ocupado por innumerables candidaturas de unidad popular que se identifican con nosotros y nosotras, en mayor o menor medida, y que constituyen un espacio político de cambio que no agota Podemos.

Desde Podemos Para Todas creemos que ha llegado el momento de apostar por esos espacios del cambio en los Ayuntamientos, las instituciones más cercanas, las del contacto directo con la ciudadanía. Una apuesta por la administración de vasos comunicantes más próximos a las personas.

En definitiva, en Podemos Para Todas queremos utilizar el brazo en las instituciones para devolver el poder a nuestras manos, a las del pueblo al que pertenecemos, que no es otra cosa que recuperar una democracia secuestrada, sabiendo, además, que puede ser una ficha de dominó que comience un movimiento hacia otros países.

Hemos construido una herramienta jamás pensada y seguimos haciendo historia en cada paso que damos. Perder nuestra esencia y, con ella, el objetivo para el que nacimos, dejar de ser ambiciosos y conformarnos con pequeñas conquistas sin tener como objetivo ganar nuestro país para la gente sería desaprovechar esta oportunidad histórica. Y como nos enseñó el 15M, cuando la acampada volvió a dejar la plaza vacía, "sabemos el camino de vuelta a Sol".

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