BLOGS

Por qué entré en política y por qué voy a seguir

09/12/2016 14:11 CET | Actualizado 09/12/2016 14:13 CET

2016-12-09-1481288670-9396466-podemos.jpg

Foto: EFE

Emilia Sánchez-Pantoja es firmante del manifiesto Recuperar la ilusión

Hace ahora un año que Podemos me ofreció unirme a sus listas como independiente en las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015. La verdad, no me lo pensé mucho. Supuso muchos cambios en lo personal y lo profesional, tuve que abandonar la presidencia de +Democracia, dejar de ser dueña de mi tiempo y explicar a muchos familiares y amigos por qué hacía este viaje. Pero, sinceramente, ha valido la pena.

No me lo pensé porque quienes me lo proponían eran buena gente, eran personas a las que respetaba y que contagiaban una ilusión sin límites convencidos de que era el momento de ganar nuestro país. Había llegado el momento de recuperar unas instituciones secuestradas que una casta había puesto a su servicio y al de sus amigos. Yo había luchado muchos años desde la sociedad civil, pero sabía que eso no era suficiente. Algo me decía que nunca me perdonaría no subirme a ese barco y no luchar por lo que creía. Quería mirar a mi hijo y pensar que tendría un futuro mejor y que yo había hecho todo lo posible.

El duro trabajo que llevamos a cabo nos permitió abrir una brecha en el panorama político y entrar con fuerza: con más de cinco millones de votos, aunque sin el apoyo de la mayoría. Ni logré ser senadora, ni Podemos logro suficientes apoyos para gobernar. Sin embargo, nada ha sido en vano. El Congreso ha aprobado subir el salario mínimo, se debate ahora sobre la infancia o la corrupción, sobre la pobreza energética, los desahucios y tantos otros problemas que antes no eran una prioridad.

Necesitamos construir el Podemos que mucha gente todavía no se atrevió a votar, un proyecto en el que también puedan confiar las mujeres y los mayores, que no asuste a quienes todavía tenemos que sumar.

Claro que ha valido la pena y, aunque no gobernamos todavía, ya tenemos capacidad para marcar la agenda política, trasladando desde las calles a donde se toman las decisiones los temas que afectan a la vida de las personas. Ahora tenemos no solo la capacidad de proponer y de conseguir que otros se sumen a nuestras propuestas, sino también de impedir fechorías que antes se habían convertido en normalidad. Cosas pequeñas, como que los exministros Soria o Fernández Díaz no hayan podido tener los puestos que reclamaban, u otras más importantes, como que ya nunca más nos reformarán la Constitución sin que la gente pueda votar. Ha sido tanto el cambio en tan poco tiempo que ahora el PP y el PSOE ya no gobiernan alternándose, sino que se necesitan juntos para gobernar.

Y precisamente porque estamos en un cambio de etapa, Podemos debe estar a la altura y decidir cómo será su futuro y también el de nuestro país. Necesitamos construir el Podemos que mucha gente todavía no se atrevió a votar, un proyecto en el que también puedan confiar las mujeres y los mayores, que no asuste a quienes todavía tenemos que sumar. Tenemos que saber si queremos recuperar ese proyecto transversal original que sumaba e ilusionaba cada vez a más gente o, por el contrario, vamos a resucitar proyectos pasados que, aun cargados de razones, nunca lograron representar a la mayoría.

Yo no me sume a Podemos para mirar al pasado ni para construir una versión actualizada de una pequeña minoría. Yo no quiero un Podemos vertical y autoritario, porque ese sería el Podemos con el que sueñan los viejos partidos, el que les permitiría resucitar el bipartidismo con un socio protestón en una esquina del tablero. Yo defenderé en este proceso que ahora se abre en nuestra formación un Podemos ganador, más abierto y más fuerte, porque representa a más gente. Un Podemos de mayorías con capacidad de liderar el país que ya somos aunque todavía está en manos de su pasado.