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El alto precio de cerrar la brecha digital en el mundo

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Foto: ISTOCK

La Organización de Naciones Unidas ha fijado un ambicioso conjunto de objetivos a alcanzar para el año 2030, la denominada Agenda 2030 o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). "La Agenda es un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. También tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad". La principal meta de la Agenda es poner fin a la pobreza en todas sus formas. En paralelo, entre otros objetivos, también se pretende asegurar la calidad medioambiental, garantizar un uso eficiente y respetuoso de los recursos naturales y lograr la igualdad de género. Las herramientas tradicionales para la implementación de las políticas públicas han demostrado ser insuficientes para que la comunidad internacional alcance a lo largo de los años los objetivos planteados, que formaban parte de los principios fundacionales de Naciones Unidas.

La digitalización podría ser el elemento diferencial que hiciese posible la consecución de los ODS. Más allá de ser parte del noveno objetivo, "Construir infraestructura flexible, promover la industrialización inclusivo y sostenible y fomentar la innovación", el despliegue de infraestructura y servicios de banda ancha son la piedra angular de los esfuerzos globales de transformación digital. Desafortunadamente, los costes de hacer disponible la conectividad de alta velocidad en todo el planeta son altos. En la actualidad, sólo el 40% de la población mundial está conectada a internet y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha estimado que la factura de extender la conectividad al 60% ascendería a 450 mil millones de dólares, alrededor de 300 $ por cada uno de los 1.500 millones de personas que se conectarían .

Los costes son demasiado altos. A pesar de los conocidos los efectos positivos de la adopción de banda ancha sobre personas y economía de los territorios, no es de esperar que muchas de las empresas o personas actualmente desconectadas puedan hacer frente al gasto planteado. Consecuentemente, diversas compañías privadas del sector digital buscan nuevos modelos de negocio para conectar a los excluidos digitalmente, ya estén en el mundo desarrollado o en desarrollo. No se trata de un ataque repentino de filantropía empresarial. Facilitar ahora la conexión gratuita o a bajo coste es el medio para obtener réditos posteriores.

Algunas de las fórmulas observadas hasta ahora para extender la banda ancha para todos, sin embargo, recuerdan al pacto de Fausto con el diablo.


En el mundo desarrollado, operadoras de telecomunicaciones están explorando el acceso a datos personales como moneda de pago para una conexión a Internet de bajo coste. El valor de nuestro perfil digital es objeto de debate. Los consumidores tendemos a realizar una estimación al alza de nuestra privacidad, mientras que las empresas juzgan que es sensiblemente inferior a lo que pensamos. Sin embargo, parece que es suficiente para algunas empresas de telecomunicaciones de Estados Unidos como para proponer un modelo de "pago mediante privacidad" de los servicios de banda ancha. Siguiendo el modelo generalizado por las plataformas digitales (Google, Facebook, ...), dejar ser rastreado con fines comerciales proporcionaría descuentos en la factura mensual del servicio de acceso a Internet. Es de esperar refinamientos del modelo de negocio basados en la traducción efectiva en consumo de la conectividad subvencionada.


La oferta de las empresas no es tan generosa fuera de los países desarrollados. El precio de la conectividad gratuita en África y otras regiones en desarrollo es la atención completa del usuario. El valor de los datos personales de un consumidor es directamente proporcional a su capacidad de compra. Si tus datos personales no tiene valor como consumidor, el precio es la totalidad de tu vida digital. Esa es la propuesta presentada por internet.org, liderada por el fundador de Facebook. El precio de una conexión a internet gratuita es reducir la visión del mundo a las noticias e imágenes que te presente la red social, limitar la infinitud de Internet a un grupo limitado de aplicaciones sin capacidad alguna de elección.


Alternativamente, gobiernos e instituciones públicas exploran alternativas basadas en el acceso a Internet como derecho ciudadano para alcanzar la conectividad global. La subvención de la conectividad a banda ancha implantada en USA para hogares de escasos recursos económicos o el plan de la Unión Europea para incentivar el despliegue de puntos de acceso inalámbricos públicos, son ejemplos de modelos públicos de extensión de la conectividad. Desafortunadamente, el acceso a Internet como prioridad social no es práctica extendida ni parece posible en todos los países, siendo los recursos dedicados a este tipo de programas son escasos y necesarios de ser complementados con acciones de capacitacion de la población.


La conectividad global se perfila como palanca para alcanzar el desarrollo sostenible y reducir la desigualdad económica entre personas y países. La acción pública generalizada para proporcionar a todos los seres humanos acceso a Internet está lejos de ser una opción globalmente viable. Algunas de las fórmulas observadas hasta ahora para extender la banda ancha para todos, sin embargo, recuerdan al pacto de Fausto con el diablo. El personaje de Goethe intercambió su alma por el conocimiento sin límite y los placeres terrenales; la privacidad y la libertad de información es situado como precio del acceso a la Internet de banda ancha. Los derechos civiles son un precio demasiado alto por el desarrollo sostenible y el final de la brecha digital en el mundo.