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Podría haber sido peor

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Las soluciones hay que contemplarlas en función de la magnitud de los problemas a que se destinan. Y el problema que teníamos abierto en el sistema bancario español era, hasta esta tarde, ciertamente complicado. A pesar de las provisiones realizadas en los últimos años, su solvencia estaba seriamente en entredicho. Por dos razones: la excesiva carga inmobiliaria en los balances (el pecado original con que sorprende la crisis financiera desencadenada en EEUU) y el horizonte de ausencia de crecimiento en la economía española. Ni la morosidad de los deudores ni el valor de los activos que actúan como garantía van a evolucionar favorablemente en los próximos meses si no hay reanimación de la demanda en Europa. Será necesario, por tanto, más capital para los bancos. Conseguirlo de fuentes privadas es, desde hace meses, poco menos que imposible.

Que sea un crédito europeo, del Fondo de Estabilidad Financiera, el que inyecte capital en los bancos tiene la ventaja de evitar que el tesoro español se vea obligado a aumentar el recurso a las emisiones de deuda en el mercado primario. Que sean fondos específicos para el sistema bancario, aunque los reciba el FROB, tiene la ventaja de que serán los bancos los que soportarán las exigencias del prestamista, la "condicionalidad", que imponga Europa. No necesariamente los presupuestos públicos.

Del problema fundamental, por tanto, se ha reducido una incógnita, la del origen de los fondos. Quedan otras: la diligencia con la que a partir de ahora se mueva el Gobierno, la cuantía que finalmente pida y la asignación de esos fondos. ¡Ah! Y una tercera: la reacción, el lunes, de unos mercados de bonos y de acciones a la más singular operación de salvamento de las ensayadas hasta ahora en la crisis más severa de la historia de la eurozona.

Tras esta decisión, puede debilitarse la intensidad del "bucle diabólico" que ilustraba mi anterior post: la realimentación entre el deterioro de la solvencia bancaria y la depreciación de la deuda pública. De la suficiencia de los fondos y de su distribución entre los bancos más expuestos dependerá que esta decisión sea, efectivamente, el cordón sanitario que se necesitaba. Ahora queda controlar bien lo que los bancos hacen con esos fondos. Con todo, la solución podría haber sido peor.

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