De la 'Ibiza de los romanos' a las vacaciones pagadas: así han cambiado a lo largo de la historia

De la 'Ibiza de los romanos' a las vacaciones pagadas: así han cambiado a lo largo de la historia

Irse de vacaciones ha pasado de ser una odisea a ser algo común entre el grueso de la población.

Familia marchando de viaje en 1959.Marka Touring Club Italiano/Marka/Univ

“Vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti, vacaciones de verano para mí”. Muchas personas vivirán estos días en la letra de esta canción de Fórmula V de 1985, aunque otros volverán a casa después de un periodo vacacional.

Durante 22 días laborables —o 30 días naturales, en función de cómo lo especifique cada empresa— los españoles se toman un respiro de sus obligaciones laborales para viajar, ir al pueblo, a la playa o, directamente, quedarse en casa pero relajados.

Pero ni siempre ha sido así ni se ha vivido de la misma forma. Para conocer el origen de este periodo vacacional hay que retrotraerse a la Antigua Roma, donde los ciudadanos, generalmente los más pudientes, empezaron a popularizar el hecho de escaparse de vacaciones en verano.

“Son la primera civilización que tiene conciencia del ocio como lo mejor posible cuando puedes disfrutar, leer, estar con los amigos y el nec-ocio (negocio) como algo malo. A partir de ahí es cuando generalizan el tema de vacacionar,”, señala el historiador Paco Álvarez, autor del libro Somos romanos (Edaf).

El propio término vacaciones proviene del latín que viene, tal y como explica Álvarez, “de vacatio, que es estar vacante, disponible, desocupado, que tiene a la vez algo que ver con hacer el vago, que viene de vaccum, de vacío”. “Ellos lo convierten en algo aspiracional, que todo el mundo que pueda se vaya de vacaciones a donde pueda”, indica y los destinos variaban en función de las posibilidades de cada uno. “Igual que había gente que hacía grandes viaje y se iba a Egipto —hay incluso grabados en las pirámides de Lucio estuvo aquí— lo que hacía la gente era irse a su casita del campo o de la playa o la casa de algún amigo”, explica.

Eso sí, los viajes eran mucho más lentos ya que solo había un medio de transporte: la carruca, un carro en el que viajaba toda la familia con incluso pertenencias animales y servicio que alquilaban en las afueras. “Hacían más o menos 30 kilómetros al día, por ejemplo, en ir de Madrid a Benidorm tardarían 15 días”, indica.

Además, del tiempo que empleaban, estas distancias se medían así por las distancias entre paradas. “Cada 15 kilómetros había una mutatio, que viene de mutar, de cambiar, que podías cambiar rueda, el animal, descansar un poco, tomar agua, comer algo...Y cada 30 kilómetros había una mansio, de donde viene mesón o mansión, que eran ventas como las de El Quijote, en las que se podía comer, dormir, etc, para poder hacer la ruta cómodamente”, apunta el historiador. Estas paradas estaban señalizadas en las vías al igual que el destino de la misma, la anterior ciudad y la siguiente.

Baiae era el lugar de desenfreno como Ibiza, pero sin pastillas
Paco Álvarez, historiador y autor de 'Somos romanos'

Ante la pregunta de a dónde iban de vacaciones los romanos o cuáles eran los destinos estrella, Álvarez tiene un símil claro. “Baiae era el lugar de desenfreno como Ibiza, pero sin pastillas”. “Era el sitio de moda entre el siglo I a.C y el IV o V d.C. Es una bahía preciosa por la que el resto de bahías se llaman así, con aguas termales y es donde murió el emperador Adriano”, recuerda sobre este lugar ubicado en la actual Italia.

“Se hizo famoso porque ibas allí a liarla parda, había fiestas en la playa, en los barcos, que estaban anclados en la bahía toda la noche, la gente bailaba... Ovidio dijo que era de los mejores sitios para ir, pero Varrón dijo que había que tener cuidado porque allí los viejos iban a jugar a ser jóvenes y los jóvenes a jugar a ser doncellas”, explica.

También tenía en común con el destino balear que todos los famosos de entonces tenían una residencia allí. “Cicerón tenía casa, Julio César... Hubo un escándalo con Clodia que le metió un juicio a otro”, señala.

  Vista de la bahía de Baiae en un mapa de 1988.Nastasic via Getty Images

Pero no todos los destinos eran de desenfreno, también viajaban a segundas residencias en el campo o en otras ciudades o hacían turismo cultural a otras capitales. “Hacían un poco como nosotros, iban a Troya, a Atenas o a Egipto a ver grandes monumentos, yacimientos, templos curiosos... Les gustaba el campo y la playita, Cicerón decía que si en tu casa tenías una biblioteca o un jardín lo tenías todo”, detalla.

Las vacaciones entonces estaban restringidas a unos pocos, los patricios, la clase alta y también a aquellos que tuvieran un buen negocio. “La clase pudiente se incluiría incluso a libertos enriquecidos o a plabeyos con un negocio importante, había gente dedicada a la cría de anguilas o caracoles y se forraban, toda la gente que pudiera permitírselo, se iba”, detalla. De hecho, recuerda que existían también las “teselas de hospitalidad”con las que si alguien visitando otro país te acogía en su casa podías pactar que tú acogías a esa persona o sus descendientes en la tuya mediante este trato.

La razón por la que viajaban en verano era la misma que hoy en día: huir del calor. “Empezaron a popularizarse las vacaciones en agosto, el mes de Augusto, porque primero se iba marchando el que podía porque tenía dinero y los demás después”, explica.

Con el avance de los siglos, las vacaciones han ido viviendo distintas variaciones en función del momento histórico y de las circunstancias de cada clase social o estamento. Pero en la Edad Media se produjo un cierto parón en el concepto de vacaciones tal y como se conocía en Roma en parte por la pérdida de comunicaciones, las guerras y las enfermedades.

Sin embargo, con las Cruzadas y las distintas rutas comerciales que se fueron abriendo se permitió una nueva vía para los viajes, generalmente comerciales y religiosos.

Por ejemplo, tal y como se publica en el texto Arte y técnica del viaje en la Edad Media de la Universidad de Santiago de Compostela, los viajes más comunes fuera de la ruta militar y comercial, es decir por ocio o en este caso devoción, eran las peregrinaciones religiosas a Tierra Santa, que salían en muchos casos desde Venecia, a Santiago de Compostela, a Fátima, a Lourdes o a Roma.

Del mismo modo, los hijos de nobles y caballeros acostumbraban a viajar, generalmente por Europa, entre universidades para formarse en distintas áreas del conocimiento, una especie de Erasmus o Interrail pero financiada por las familias nobles.

  Grabado de la peregrinación a Canterbury.Print Collector via Print Collector/Getty Images

Fue precisamente en esta época, en la Baja Edad Media cuando surgieron también las primeras posadas y los primeros hoteles, que albergaban entonces únicamente a nobles y grandes nombres privilegiados.

En definitiva, tal y como señala en el mencionado artículo, los viajes por turismo o meramente por ocio se limitaban a los nobles que cambiaban en verano o invierno su residencia entre sus propiedades. Sin embargo, el periodo conocido como “vacacional”, es decir, sin trabajar, entre los campesinos era mucho mayor al pensado. Tenían libres cinco meses al año, una distribución parecida a los franceses de su mismo estamento que tenían 52 domingos, 90 días de descanso y 38 festivos. Eso sí, no tenían ningún tipo de poder para poder viajar fuera y su ocio era pasear por las ciudades, entretenimientos callejeros o participar de las distintas festividades religiosas.

En los siglos XVIII el turismo y el viajar se instauró en la burguesía Europea, aumentándose esta tendencia en el siglo XIX —teniendo en cuenta la democratización del ferrocarril— y popularizándose, por ejemplo, los viajes románticos por España, especialmente por Andalucía con la búsqueda del exotismo en ciudades como Granada, Ronda o Sevilla. Fue durante el siglo XIX cuando visitaron nuestro país Washington Irving, Théophile Gautier o Hans Christian Andersen.

A la hora de hablar de días de descanso pagados y vacaciones, a la mayoría de España se le vendrá a la cabeza el ministro de Trabajo de la Segunda República, Francisco Largo Caballero, quien se encargó de que los asalariados tuvieran siete días de descanso retribuido al año. Fue la época donde también se consiguieron derechos como el salario mínimo, la jornada de ocho horas o la regulación de la negociación colectiva.

Pero tanto el descanso por vacaciones, como ya se ha comentado anteriormente, como el dominical tenían su origen en Roma, aunque con el paso de los siglos se fue perdiendo. “Son los que inventaron el descanso dominical en tiempo de Constantino en l 321 d.C que dijo que el día del Sol no había que trabajar, que había que dedicarlo a adorar al Sol o tumbarse al Sol”, explica Álvarez. “No lo volvimos a recuperar hasta el principio del siglo XX, pero es un concepto romano, igual que los festivos —días fastos y días nefastos en los que no se podía hacer nada—”, recuerda.

Sin embargo, el referente europeo de las vacaciones tal y como las conocemos es Francia, donde en 1936 se establecieron dos semanas de permiso vacacional remunerado con el socialista León Blum en el Gobierno. Estas dos semanas se adquirieron en España en los años 60 durante la dictadura franquista y Francia ampliaría a cuatro semanas en 1968.

Esos 14 días se mantuvieron en España hasta 1976, cuando la  Ley de Relaciones Laborales los amplió a 21 días naturales al año. Durante la década de los 80 se siguieron varias mejoras, en el Estatuto de los Trabajadores de 1980 se ampliaba a 23 días naturales y en su reforma en 1983 se tipificó concretamente en el artículo 38 del estatuto en 30 días naturales.

Actualmente, los días de vacaciones pagadas varían en función del país: en China no es obligatorio, en Corea del Sur hay 10 días de vacaciones, en Alemania, 24 y en Austria cuentan con cinco o seis semanas, según convenio.

A pesar de que durante el siglo XIX, las vacaciones en España no eran asequibles nada más que para unos pocos empresarios y familias pudientes, se empezaron a popularizar distintos viajes a balnearios y destinos de recreo próximos en la playa y montaña.

Esto se vio potenciado, tal y como se señala en el estudio Los orígenes históricos del turista y del turismo en España: La demanda turística en el siglo XIX, por las infraestructuras ferroviarias. Destacan “Barcelona, Valencia, Alicante, Asturias, las rías gallegas y las provincias vascas, con villas y ciudades que constituyen destinos turísticos con anterioridad a 1875”.

Destinos mediterráneos como Alicante, Barcelona o Málaga pasaron a promocionarse entre las clases pudientes como “ciudades de invierno”, adquiriendo buena parte de ellos segundas residencias en estas zonas para pasar las épocas de frío de la meseta.

Durante esta época, tal y como recuerdan en el mencionado estudio, muchos de quienes viajaban en familia lo hacían mediante sociedades de excursionistas que permitían viajes organizados a determinadas zonas para practicar turismo activo, especialmente en Galicia, Cataluña y Madrid.

A finales del siglo XIX fue cuando también se hicieron los primeros llamamientos al turismo extranjero de forma masiva con intervenciones turísticas en Barcelona, Alicante, San Sebastián o Málaga.

Debido a la situación política de España, la Guerra Civil y los primeros años de dictadura franquista, la incorporación del país como destino turístico se atrasó en comparación a otros como Italia hasta la segunda mitad del siglo XX. Basta con recordar las películas de López Vázquez y las suecas que llegaban a Torremolinos en la década de los 60 o los turistas que se empezaban a agolpar en Benidorm.

  Fotograma de la cinta 'Verano 70' en Benidorm.Filmayer-Pedro Masó

Sin embargo, en 1971 España ya ocupaba el segundo puesto de ingresos turísticos a nivel mundial con 2.055 millones de dólares, según señala el estudio Economía e historia del turismo español del siglo XX. Fue precisamente la época de auge del turismo de Sol y playa, en el que se dejó de lado el norte de España que tan popular era en el siglo XIX por la aristocracia.

En la década de los 70 las ciudades que vieron aumentada su población, en gran parte por el turismo, fueron principalmente las del litoral mediterráneo y las Canarias: Alicante, Baleares, Castellón, Gerona, Málaga, Murcia, Las Palmas, Pontevedra y Santa Cruz de Tenerife.

Aunque estos destinos se han ido manteniendo, durante el tiempo, según los datos del INE muchos de ellos no siguen siendo los favoritos. En 2021, en los 11 primeros meses del año las regiones con mayor gasto turístico han sido Islas Baleares (22,8% del gasto total), las Islas Canarias (19%) y Cataluña (15,8%). Aa partir de noviembre entra en el ranking Andalucía con un 14% del gasto total.

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Marina Prats es periodista de Life en El HuffPost, en Madrid. Escribe sobre cultura, música, cine, series, televisión y estilo de vida. También aborda temas sociales relacionados con el colectivo LGTBI y el feminismo. Antes de El HuffPost formó parte de UPHO Festival, un festival urbano de fotografía en el marco del proyecto europeo Urban Layers. Graduada en Periodismo en la Universidad de Málaga, en 2017 estudió el Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo y en 2018 fue Coordinadora de Proyecto en la Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. También ha colaborado en diversas webs musicales y culturales. Puedes contactarla en marina.prats@huffpost.es