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Atención a Valencia

02/07/2012 16:37 CEST | Actualizado 01/09/2012 11:12 CEST

El incendio perfecto ha estallado en los montes de Valencia y, cuatro días después, mientras escribo esto, aún sigue ardiendo. Aunque, por fin, parece bajo control. Según los expertos se dieron las condiciones suficientes para que el fuego se convirtiera en un maldito enemigo invencible. Superamos la "barrera de los 30", como informa M. Bonillo en Levante-EMV.

Quienes saben de llamas en verano, sostienen que, cuando se superan los 30 grados de temperatura, con menos del 30% de humedad y vientos de más de 30 Kilómetros por hora, el aire quema. Y el fuego se convierte en una furia implacable. Cuando arrancó el primer foco en Cortes de Pallás se soportaban más de 40 grados de temperatura y una humedad de menos del 15%. Luego, el viento puso el resto. A todo eso, cabe añadir que hemos dejado atrás uno de los años más secos de la historia y que el campo amarillo aguarda, por desgracia, ofrecido como pasto al calor.

La catástrofe no admite adjetivos. Hemos perdido una parte importante de lo que no podíamos perder. Cuando esto acabe, vendrán los cálculos de superficie arrasada y de tiempo que tardaría en recuperarse el arbolado, si se siguieran las políticas correctas, claro. No necesito esos números para afirmar que la devastación ha sido cruel y muy extensa. Hay muchas familias que han quedado sin casa, pueblos que se dejan atrás su modo de vida y naturaleza verde que no volveremos a ver recuperada en nuestras vidas. Por eso, cuando se hizo circular el rumor en Twitter de que la central nuclear de Cofrentes se podía ver afectada, me enfadé tanto. Lo que ha sucedido es de tal gravedad que no necesitaba exagerarse. Y menos para rentabilizarlo políticamente. No recuerdo un desgarro parecido desde que reventó la presa de Tous.

Por otro lado, ni quiero ni puedo olvidarme de los verdaderos héroes de estos días, los cientos de personas que están trabajando a pie de llamarada. No los enumeraré porque son muchos y porque tan importante es el jefe como el que acerca la botella de agua o prepara las mantas. Todos están siendo esenciales. Los bomberos, las brigadas forestales, la Cruz Roja, la Guardia Civil, las policías, el 112, la UME, los voluntarios... (seguro que me olvido de alguien), ellos son los que han plantado cara al monstruo, los que no han mirado el reloj, los que se han partido la cara sin descanso ni miedo. Gracias, gracias, gracias.

Ahora, vendrán los debates parlamentarios, las acusaciones y las investigaciones. Como debe ser. Las propuestas de ayudas y la valoración de daños. Pero, lo que nadie va a comprender es que llegue también, como otro fuego ahora moral, el "y tú más" o el "lo tuyo fue peor" de los políticos. O que alguien intente sacar tajada del drama. Hemos padecido un incendio perfecto y los políticos debemos estar a la altura del dolor que ha producido. Del inmenso dolor. Seamos responsables y no decepcionemos a quienes representamos, hagamos lo que haya que hacer con respeto y sobriedad.

Por lo visto, ya se ha detenido a los responsables, aunque no hay responsabilidad que pueda abarcar tanto perjuicio. Se han calcinado, recursos, paisajes, modos de vida, haciendas, porvenir, pulmones verdes y escenarios. Los escenarios de la vida de millones de valencianos. Los futuros de todos y los pasados de tantos otros. En esos montes y por esos montes, ha discurrido la vida de Valencia por siglos. ¿#ArdeValencia? Sí, como una pira. No dejéis de prestarle atención. Atención a Valencia, la merece como nunca.

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