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La apoteosis de la unidad

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Estaban todos. Los de ayer y los de hoy. Los detractores y los partidarios. La apoteosis de la unidad. Una fiesta de hermandad en el madrileño Paseo de la Habana. Atrás quedaron los años de la mítica plaza de Vistalegre. Así es el PSOE. Ora se despellejan, ora se aman hasta el infinito y más allá. Da igual que la convocatoria sea para 2.000 que para 20.000. Todo es cuestión de tocar a rebato, fletar autobuses... Y entonces no falta uno a la misa laica del domingo. Bueno, no estuvo Carme Chacón, pero la catalana estaba ya en la lista de descontados, desde su penúltimo "puchero" público.

Los demás cumplieron, de peor o mejor gana, con el ritual dominguero que trataba de exhibir músculo. Zapatero y su llamada a la unidad; Díaz y su escéptica lectura de las encuestas; Gónzalez y "la tortura inmerecida" de cuatro años más de Rajoy; Rubalcaba y su recuerdo de Anguita y la pinza...

¿Todos son Pedro? No, todos son PSOE. Y cuando el PSOE a un mes de las elecciones siente en la nuca el aliento de Podemos, no hay otra que defender las esencias, reivindicar la historia, apelar al orgullo colectivo y dejarse de intrigas. En público, al menos. En privado, se escucha de todo y por su orden de esta "gran ceremonia de la hipocresía" y de lo que puede o no ocurrir la misma noche del 26 de junio.

Un Sánchez hasta ahora enfrentado con todo el poder territorial de su partido mencionó uno a uno a todos los presidentes autonómicos a los que ha denostado por un motivo u otro, y todos le correspondieron con el aplauso. Se trataba de visualizar un PSOE que allá donde gobierna y con independencia de con quién gobierne hace lo que promete y conserva sus señas de identidad, y de paso enterrar el hacha de guerra en la pugna abierta hace meses por el liderazgo del partido.

Toca cerrar filas con las amenazadas siglas y pedir al unísono "Un sí por el cambio", aunque el reclamo y algunas compañías del candidato suenen a todo menos a transformación. Quien más claro lo dijo fue Ángel Gabilondo: "De candidato tenemos a Pedro Sánchez, es nuestro candidato, nuestro único candidato, y hay que ser leales".

Lealtad es una palabra que hacía tiempo que no aparecía en el diccionario del socialismo. Ha tenido que llegar la coalición Unidos Podemos y el temor a perder la hegemonía de la izquierda para que algunos se den cuenta de lo que está en juego, que no es sólo un líder ni la dirección de un partido. Que haya habido quien ha deseado ver caer al PSOE con tal de que cayera Sánchez sonaba tan grueso como cuando Montoro dijo aquello de "que caiga España, que ya la levantaremos nosotros".

Los barones sin excepción están ahora por ayudar en este difícil trance en el que el PSOE se juega la primacía de la izquierda. Y la militancia, como dice un presidente regional, es "limpia y no entiende de miserias ni peleas internas". Que se lo digan a Zapatero que, a pesar de los pesares, fue uno de los más aplaudidos, seguido de Rubalcaba.

Nadie en todo caso como el ex ministro de Educación para leer la cartilla a los confabulados que pululaban desde la primera hasta la última fila del recinto: "Frente a tanto tacticismo de algunos que están esperando a ver qué pasa con el PSOE, a ver qué pasa con este equipo, a ver qué le ocurre a este candidato, a ver.... ¡Se acabó el a ver qué! Estamos aquí hoy absolutamente decididos y comprometidos con un proyecto y con un candidato y hay que entregarse a ellos".

Esta vez Gabilondo, cuyo mensaje no fue del agrado de todos, recurrió, no a Kant ni Platón, sino a Marco Aurelio para recordar que "lo que no conviene a la colmena no le conviene a la abeja".

Pudo, aunque no lo hizo, haber echado mano también de otra célebre frase del emperador romano: "Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza".

Pues eso. De esta tardía fiesta de la fraternidad socialista convocada para ahuyentar los malos augurios de los sondeos hay mucho escéptico, pero también quien guarda esperanza de que una buena campaña recupere el llamado "voto táctico" que en diciembre, por argumentos coyunturales o estratégicos, migró a Podemos. Dicho de otro modo que el elector de corazón socialista vuelva a votar con las entrañas, y no con el riñón o el estómago.