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La inmundicia no da tregua

Las claves de la semana

21/04/2017 23:40 CEST | Actualizado 22/04/2017 09:46 CEST

Decía Eduardo Mendoza esta misma semana, tras recoger el Premio Cervantes, que al contrario que Don Quijote, él creía ser "un modelo de sensatez y que los demás están como una regadera". Y añadía que por este motivo, vive "perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo". ¿Y quién no? En esta España que despierta de nuevo al hedor y la putrefacción de la corrupción política, imposible el júbilo.

La inmundicia no da tregua: Rato, que hacía negocios desde su despacho del Gobierno y conseguía pingües beneficios para las empresas familiares; Rajoy, que tendrá que declarar como testigo en la causa que investiga la financiación ilegal del PP en Madrid; Ignacio González que convirtió el Canal de Isabel II durante años en la cueva de Alí Babá; un fiscal que se resiste a que se investigue a los 40 -o 400- ladrones que formaron parte de la organización criminal; un miembro del Gobierno que alerta a un ex presidente de Comunidad autónoma de su detención; el empresario y compi yogui de la reina, López Madrid, ya condenado por las tarjetas black, detenido por pagar comisiones millonarias; directivos de un importantísimo grupo de comunicación que llaman "zorras" a la presidenta de Madrid y a su jefa de gabinete y amenazan con inventarse noticias para hundir a los cargos políticos que no se pliegan a sus intereses, que son muchos y multimillonarios.

EFE

LA CONDESA LLORA QUE LLORA Y SE IRÁ

Ríanse de la Gürtel y la Púnica porque lo de la operación Lezo no ha hecho más que empezar y además retrata una época de corrupción sistémica en el PP de Madrid mientras su máxima responsable, Esperanza Aguirre, no se enteraba de nada. La condesa llora que llora a las puertas de la Audiencia Nacional, porque no fueron uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, la ristra de colaboradores que le salieron rana. Pero ella sigue ahí, sentada en un sillón del Ayuntamiento, pese a que los suyos quieren su cabeza y la quieren ya. La tendrán hoy mismo.

El estanque de las aguas fétidas por las que chapotearon los populares madrileños durante más de una década estaba repleto de repugnantes sapos que se lo llevaron crudo e hicieron de las instituciones públicas un particular cortijo que lo mismo les servía para enchufar amigos y familiares con sueldos de escándalo, que para comprar periodistas, que para robar a manos llenas.

LO DE GONZÁLEZ, COMO LO DE LOS PUJOL

Lo de Ignacio González en Madrid se parece mucho a lo de los Pujol en Cataluña. Todo el mundo sabía que era un chorizo y todo el mundo callaba, incluida alguna prensa. Ahora sabemos -en realidad, lo sabíamos hace lustros- que aquellos que editorializan sobre la verdad y la ética periodística a pesar de haber sido imputados por amenazas, coacción y obstrucción a la Justicia, formaban parte de la trama porque sus amigos robaban en el Canal de Isabel II con tanta facilidad como repartían con ellos una parte del botín en forma de publicidad institucional.

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¿Trama? ¿Hemos dicho trama? Lo del PP de Madrid era mucho más que eso. Pablo Iglesias va a tener que alquilar una flota de autobuses para exhibir las caras de cuantos caerán cuando se conozcan todos los detalles de la investigación de esta nueva cochambre. A algunos editores les pasa lo mismo que a algunos políticos, que no se han enterado aún de que no hay noticia que escape de la era digital y que lo que no se cuenta o se esconde en un diario al segundo circula a la velocidad del rayo por las redes sociales y la prensa digital.

LO LLAMABAN PERIODISMO

Claro que hablar de noticias y de periodismo para algunos es un ejercicio baldío. Lo suyo es el negocio y el tráfico de influencias, aunque desde determinados púlpitos se les permita dar lecciones de ética periodística y desde demasiados despachos se hayan plegado a sus prácticas mafiosas y se les haya dejado hacer de su capa un sayo. Lo mismo daba que gobernara la izquierda que la derecha. Si quieren, hagan apuestas, pero este bochornoso capítulo de lo que pretenden hacer pasar por la defensa del amigo Edmundo Rodríguez pasará a mejor vida porque Cristina Cifuentes y Marisa González -que es a quienes los directivos de La Razón llamaban zorras por investigar la destritus del Canal- no sólo se enfrentan al oprobio de un poderoso grupo editorial, sino al de la mitad de su propio partido, la que siempre hizo de protectora de semejantes personajes a cambio de que callaran sus tropelías. Y eso que cuentan fuentes judiciales que el fiscal estuvo a punto de pedir el ingreso en prisión de los que dicen que siempre se dedicaron al periodismo y a "la verdad por encima de todo".

¿Y qué contar del detenido ex presidente de la Comunidad de Madrid? Pues lo que decían en Génova desde hace años: que entre González y el preso Francisco Granados sólo había una diferencia y es que uno robaba más que otro, y por eso andaban a la gresca. Lo que se vendió como una guerra política lo era entre mafias.

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EL PASADO SIEMPRE VUELVE

El pasado siempre vuelve y el del PP, que creía amortizada su cochambre, le acaba de explotar otra vez en la cara. Esto no es Tangentópolis, el escándalo italiano que hace 20 años derribó el sistema político que llevaba medio siglo en el poder, pero se le parece mucho. La verdad es que entre una y otra situación hay algunas y no menores coincidencias. ¡Y todavía Rajoyhabla de normalidad y dice que lleva tiempo diciendo que hay que cumplir la ley! ¿A qué juzgado remitió los dosieres que llegaron a su mesa y que convertían cuando menos en presunto delincuente a Ignacio González? ¿Dónde denunció lo que sabía sobre la gestión del Canal de Isabel II?

LAS VISITAS DE SALVADOR VICTORIA AL CNI

Todo esto ha saltado a los medios esta semana, pero hace muchos años que en el PP conocían y callaban. También que Edmundo Rodríguez, consejero de La Razón y el hombre que llevaba los negocios de Gonzalez y el Canal de Isabel II en Iberoamérica, visitaba todas las semanas la sede de la Comunidad de Madrid. Y que Salvador Victoria, ex consejero de Presidencia con González e imputado en la Púnica, visitaba con frecuencia las instalaciones del CNI. Madrid vuelve a ser un hervidero... o una inmensa fosa de deyección. ¡Cómo para no estar perplejo!

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