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Las claves de la semana: algo se mueve... y no es sólo Rivera

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EFE
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Eran pocos... y llegó Zapatero. No es Felipe González y nunca lo será. Pero él ha querido también agitar el árbol y de paso alzar la voz. Dos expresidentes y un mismo mensaje: que el PSOE pase ya del no a la abstención para que España tenga gobierno. Uno lo dijo en Argentina, sin ambages. El otro, con algún rodeo, en León.

Al primero se le atribuyen intenciones de parte porque nunca fue ajeno a las batallas orgánicas. De sus propios polvos, estos lodos. Al segundo sólo le mueve el interés nacional. Con matices y distancias, con errores y con aciertos, pero hace tiempo que ambos se ganaron en todo caso el derecho a ser escuchados, aunque sólo sea por lo que fueron para España y para el socialismo.

El baile ha empezado para Sánchez

Lean, lean, porque ésta fue la semana en la que algo se movió, y no sólo fue Albert Rivera, durante su entrevista en el Congreso de los Diputados con Mariano Rajoy. El baile ha empezado también para Pedro Sánchez, y ya no cejará. Porque lo que dijo el jueves Zapatero sobre la necesidad de abrir un debate interno que aúne el máximo consenso en el seno del partido apunta a una revisión de la resolución política aprobada en diciembre por el Comité Federal del PSOE, en la que se rechazó de plano, por acción u omisión, un gobierno del PP.

Dos expresidentes y un mismo mensaje: que el PSOE pase ya del no a la abstención para que España tenga gobierno.

Aquel documento, acordado tras los resultados electorales de diciembre, ha perdido toda validez tras los comicios de junio, y no sólo por el espacio temporal, sino por la situación política, institucional y económica del país. Eso, por no hablar de la ventaja de 52 escaños que el PP obtuvo sobre el PSOE ni de la imposibilidad de construir una mayoría alternativa mediante una disparatada sopa de siglas.

González y Zapatero abren la veda

Todo esto lo creen los expresidentes socialistas pero también una nutrida aunque silente representación de los barones del partido, incluida la eterna aspirante al liderazgo del PSOE, Susana Díaz. Ninguno, salvo el extremeño Guillermo Fernández Vara, lo ha dicho en público todavía, por miedo a perder posiciones entre la militancia de cara al próximo congreso federal. Aguardan el momento oportuno.

El caso es que, con González primero y ahora con Zapatero, se ha abierto la veda. Y si, como se barrunta, el "sí" de Ciudadanos está más cerca que lejos, Sánchez no escapará del debate interno en un comité federal. O lo convoca él, o se lo convocarán.

El procedimiento está en los estatutos. Basta con que los miembros del Comité Federal cumplan con sus funciones y hagan uso del artículo 37, que reza que el máximo órgano entre congresos puede ser convocado con carácter extraordinario "cuando lo juzgue conveniente la Comisión Ejecutiva o lo soliciten, al menos, un tercio de sus componentes".

Todo esto lo cree también una nutrida aunque silente representación de los barones, incluida la eterna aspirante al liderazgo, Susana Díaz. Ninguno, salvo Fernández Vara, lo ha dicho en público todavía por miedo.

100 firmas para un Comité Federal

Si 100 socialistas de los 300 que integran el Comité Federal reclaman una reunión de la plana mayor del PSOE, Sánchez se verá obligado a convocarla. Y, como dicen también los estatutos (36.i), entre las competencias del máximo órgano entre congresos está la de "determinar la política de alianzas del partido y dirimir las discrepancias entre las federaciones y la Comisión Ejecutiva Federal en esta materia". De esto precisamente hablamos, de aprobar una nueva resolución política que sea vinculante para la Ejecutiva y para su secretario general.

Las sesiones extraordinarias serán convocadas, según los Estatutos, con la urgencia que requiera el caso, si bien los acuerdos que en ellas se adopten sólo serán válidos "siempre que haya sido notificados con la convocatoria por escrito a todos sus miembros y se de el quórum mínimo de la mitad más uno de sus componentes".

Una moción de censura contra la Ejecutiva

Esta sería la solución menos traumática de cuantas ofrecen las normas internas del PSOE para acabar con las diferencias -que las hay- entre la dirección federal y las distintas federaciones respecto a la investidura de Rajoy. La más dañina y de la que, de momento, nadie habla, es una moción de censura contra la Ejecutiva en su conjunto. Pero esta opción llevaría a una auténtica guerra civil, con una escisión casi segura que nadie desea.

Todas las opciones están en los estatutos y todas han sido revisadas estas últimas semanas por el sector crítico. Sólo hace falta que los que tanto pían y nada actúan salgan de la pusilanimidad y ejerzan las competencias que les confieren sus propias normas. Eso, o seguir con el mismo tacticismo orgánico del que hasta ahora ha hecho gala Sánchez para sobrevivir como secretario general.

La solución más dañina y de la que, de momento, nadie habla, es una moción de censura contra la Ejecutiva. Pero esto llevaría a una guerra civil, con una escisión que nadie desea.

A la espera de un cambio en Ciudadanos

¿Se atreverán? En ello están. De momento, esperan a que se produzca un cambio en la escena política, esto es, que Rivera pase de la anunciada abstención al "sí". Y ya saben: todo cambia, nada permanece. Lo que hoy es blanco mañana torna a negro. Y en política, mucho más. Si todos están de acuerdo en que no quieren terceras elecciones, alguien tendrá que hacer algo para evitarlas. Algunos ya están en ello, y no sólo los críticos de Sánchez.

La semana que ahora acaba fue decisiva porque lo de Rivera con Rajoy no parece un mero matiz ni un simple gesto de cortesía, sino más bien el principio del desbloqueo. Nunca antes el líder de Ciudadanos estuvo tan cerca del del PP, y viceversa. Si el del partido naranja hubiera dado el mismo portazo con el que el secretario general del PSOE despachó la reunión del martes con Rajoy en el Congreso, el candidato del PP se hubiera plantado en Zarzuela y hubiera puesto sobre la mesa de Felipe VI el informe del Consejo de Estado que avala la autodisolución de las Cortes sin necesidad de una fallida sesión de investidura. Si no lo hizo fue por algo. Quizá porque, tras la fallida reunión con el socialista, en Rivera encontró un interlocutor con ganas de negociar y llegar a acuerdos.

Lo de Rivera con Rajoy no parece un matiz ni un gesto de cortesía, sino el principio del desbloqueo. Nunca antes el líder de Ciudadanos estuvo tan cerca del del PP, y viceversa.

Construir el relato del "sí"

Ciudadanos se mantiene formalmente en la abstención pero ya ha abierto con Rajoy un canal de comunicación permanente. Ya no pide la cabeza del presidente del PP sino que ofrece estabilidad y apoyos estratégicos, y se ha erigido en mediador para que el PSOE se mueva. Todo indica que ha empezado a construir el relato del "sí". Insuficiente, pero inexcusable para que Rajoy sume 170 apoyos y sea fácil con ello arrastrar a los socialistas a la abstención, porque lo decida voluntariamente Sánchez -que no se espera- o porque le fuerce el PSOE.

En cuanto se oficialice el "sí" de Rivera y Rajoy y, con CC, hayan sumado los 170 apoyos, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, convocará el pleno de investidura. Será entonces cuando llegue para el PSOE lo que algunos llaman el momento del vértigo y, para Sánchez, la hora de la verdad.