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Las claves de la semana: Banderas blancas

30/09/2017 08:45 CEST | Actualizado 30/09/2017 08:46 CEST
AFP

La primera referencia histórica la encontramos en Tito Livio y en un barco cartaginés que enarboló telas blancas y ramas de olivo como señal de rendición durante la Segunda Guerra Púnica. Pero esto, aunque sí de banderas blancas, no va de vencedores ni de vencidos, pese a que haya quien diga que sí, que el 1-O tiene que vencer el Estado de Derecho. Claro, pero después de la restitución de la legalidad, habrá que convencer para que Cataluña vuelva a conectarse jurídica, política y sobre todo emocionalmente al resto de España. ¿Cómo? Con diálogo, con negociación, con cesiones mutuas y con un nuevo marco de convivencia. Ni Cataluña, por mucha declaración unilateral que valga, será independiente ni el Gobierno podrá seguir escondiéndose tras la toga de jueces y fiscales.

Y a la pacificación del escenario post 1-O no contribuye la permanente exhibición de banderas ni el uso que los nacionalismos -de uno u otro corte- han hecho de ellas en esta última semana. Quizá no sepan o hayan olvidado que en este país de memoria trágica, lo nuestro con las enseñas va más de dividir que de unir, de señalar que de emocionar y de matar que de sanar. Cada uno es libre de envolverse en el símbolo que quiera, llenarse de paños rojos y amarillos, con más o menos rayas, con estrellas o sin ellas...

El momento requeriría de un tsunami de banderas blancas, no como señal de sometimiento, sino de alto el fuego, de negocien ya y lleguen a un acuerdo

Pero el momento requeriría de un tsunami de banderas blancas, no como señal de sometimiento sino de alto el fuego, de negocien ya y lleguen de una puñetera vez a un acuerdo. Y que no sea, a ser posible, una agencia de publicidad la que las cuelgue como reclamo, sino que sea un movimiento cívico al que se sumen todos aquellos que desean seguir viviendo juntos, quienes no corean el "a por ellos", quienes respetan la ley pero reconocen la identidad, quienes no ansían la detención de nadie, quienes no cuelgan vídeos incendiarios y quienes no practican el "ciberacoso" contra el periodismo crítico.

Todo esto hemos visto esta semana mientras el presidente del Gobierno viajaba a Washington para fotografiarse con el presidente Trump y arrancarle una delirante declaración de apoyo sobre "eso". "Eso", en el lenguaje del presidente más impopular de los EEUU, eran el 1-O y la peor crisis institucional que ha tenido España en 40 años.

No crean que el nivel es más alto por estos lares, que aquí tenemos también lo nuestro. Desde un secretario de Estado de Interior que cree que el domingo se celebrará un "picnic" en Cataluña, hasta un alto cargo de La Moncloa que en su whatsapp ha puesto una fotografía de la web "referendum.cat" en la que aparece la leyenda "este dominio ha sido intervenido y se encuentra a disposición de la Autoridad Judicial". Hablamos nada más y nada menos que de la Secretaría de Estado de Comunicación, que comunicar no comunica un pimiento, pero con su whatsapp lo dice todo. Este es el nivel y estos los mimbres con los que Mariano Rajoy se dispone a reconstruir un nuevo marco de diálogo tras el domingo.

Se entiende ahora mucho mejor que el independentismo haya ganado frente al Gobierno la batalla en la prensa internacional. Los teléfonos de Puigdemont, Junqueras y Romeva han estado durante todo este tiempo abiertos hasta para el último corresponsal extranjero. En La Moncloa, ya saben, que son más de remitir argumentarios a los informativos de TVE para que los lean en los informativos y de echarse las manos a la cabeza cuando Reporteros Sin Fronteras denuncia el acoso del independentismo a los periodistas críticos, como si no supiéramos que lo de la libertad de prensa para muchos de ellos nunca fue más allá de la retórica.

Claro que en esto de la libertad de información y opinión el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Si Reporteros Sin Fronteras tuviera tiempo y ganas se podría dar una vueltita por Twitter para ver cómo respiran los emisarios de la mayoría de los partidos cuando leen alguna crítica a su acción política.

Ni el "ciberacoso" es exclusivo de una ideología, ni los obispos se mantuvieron nunca al margen de la política por mucho que ambas cuestiones sean denunciadas hoy por la derecha política. "La Iglesia debe dedicarse a cuestiones de moral y ética que es su ámbito de actuación en la sociedad", ha recomendado el PP tras el pronunciamiento por la Conferencia Episcopal sobre la crisis de Cataluña, olvidando cuántas manifestaciones llenaron de vestiduras sagradas en contra de leyes aprobadas por la mayoría del Parlamento.

Igual lo que subyace no es sólo una flagrante ilegalidad, sino una clamorosa ausencia de referentes políticos

En fin, que esto iba de banderas blancas, las que hay que izar tras el domingo para que este país y su democracia no se vayan al garete y para que quienes nos representan, estén en la oposición o en el Gobierno, pongan las luces largas, abandonen el tacticismo y solucionen el problema. Para eso les pagamos y no para sacar tajada de los mismos, que es a lo que parece que la inmensa mayoría de ellos se dedica. Unos, a recuperar el voto perdido, otros a pescar en caladero ajeno y alguno a marcar territorio dentro de su propio partido.

Igual lo que subyace tras la grave crisis institucional no es sólo una flagrante ilegalidad como la cometida por el independentismo, sino también una clamorosa ausencia de referentes políticos capaces de anteponer el interés general al de partido o al suyo propio. El que no esté a la altura que pida la excedencia porque lo que llega no es apto ni para pusilánimes ni para ególatras.