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Las claves de la semana: De la ética y la estética

21/01/2017 10:00 CET | Actualizado 21/01/2017 10:25 CET

La designación de Madina y José Carlos Díez como relatores de la ponencia marco del congreso reabre el debate sobre la parcialidad de la gestora socialista

Al final lo nuevo no era tan nuevo y lo viejo sigue viejo. Ni unos tenían la frescura de lo novicio ni otros habían aprendido la lección y captado el mensaje de la regeneración política. Dos partidos, dos izquierdas, dos debates aparentemente estratégicos y, en ambos lados, subyace una suma de tacticismos. Por mucha sobreactuación que los protagonistas pongan en la fabricación de titulares, lo que se oculta es más de lo mismo, y no es precisamente un debate ideológico de fondo sobre la construcción de un proyecto político de cambio, sino una pugna por el reparto del poder orgánico y el juego de equilibrios. De ahí la importancia de tener el control de los procesos organizativos.

Tan distintos y tan iguales

Esta semana que acaba lo hemos visto sobre Podemos y lo hemos visto en el PSOE. Tan distintos y tan iguales. Los morados discuten sobre la falta de independencia de su órgano de garantías estatal a menos de un mes de su congreso y los socialistas, sobre la ausencia de imparcialidad en la gestora. Los primeros reclaman un "tribunal" que no tome partido por el "pablismo", después de una favorable resolución a la acumulación de cargos del líder de Madrid, Ramón Espinar, que sublevó al sector errejonista. Y los segundos, se quejan de.... Digamos que de un exceso de sinergia entre las decisiones que adopta la dirección interina y los intereses de Susana Díaz.

La sospecha en el universo socialista está sobre la mesa desde la misma noche que Pedro Sánchez salió por la puerta de la calle Ferraz: la composición de la gestora con dos sillas para los andaluces, la portavocía a cargo de un "susanista", la crisis con el PSC, las afinidades, el calendario, las decisiones, los asesores, los despidos, los cambios parlamentarios... Todo era susceptible de crítica y, como tal, en el PSOE, ya saben, que nada ni nadie escapa de la enmienda ni de la trinchera. Si por medio asoma la sombra de Susana Díaz con más motivo, porque ella es -o será- aspirante a la secretaría general del partido.

El influjo del "susanismo"

Así que la designación esta semana del vasco Eduardo Madina y el economista José Carlos Díez como relatores de las ponencias política y económica del próximo congreso ha reabierto el debate sobre el influjo de la presidenta de Andalucía en las decisiones de la gestora. Por más que Javier Fernández prometa neutralidad, que la ha prometido -esta misma semana en la entrevista con El Huffington-, todo lo que rodea a la dirección interina desprende el aroma de la todopoderosa federación andaluza, también los nombramientos de Madina y Díez.

Ambos pertenecen al ejército de fieles adscritos al "susanismo" y los dos llevan más de un año imbuidos en el diseño del salto de la presidenta de Andalucía a la arena nacional. Uno, como economista de cabecera. Otro, como edecán político, pero también orgánico. Nadie como él ha tejido federación a federación la red de apoyo interno con la que dice contar Díaz entre los cargos intermedios del partido. Eso además de hacerle de ayudante de campo para su conexión en el mundo de la cultura y la universidad.

Lo que le falta a Díaz y aporta Madina

Lo que emprendió Griñán con la retahíla de libros sugeridos a su heredera para nutrir su formación y agrandar su perfil público lo ha retomado Madina. "Lo que le falta a Susana, lo tiene Edu", suelen decir quienes consideran al vasco pieza fundamental del proyecto "susanista", después de que muchos de ellos ayudaran a apartarle en 2014 de la carrera por el liderazgo del PSOE, incluido con quién ahora compartirá responsabilidad en la coordinación de la ponencia marco.

susana díaz

Entre tertulias y asesorías

José Carlos Díez asesoró a Pedro Sánchez como ahora asesora a Díaz y ha hecho en ocasiones con el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig. Entre tertulia y tertulia televisiva, lo hizo antes también con la dirección de Alfredo Pérez Rubalcaba. En lo que respecta al socialismo, la penetración de uno de los economistas más activos en Twitter es transversal. No en vano se dispone en los próximos días a conformar un equipo en el que estén todas las sensibilidades del PSOE. En sus grupos de trabajo participarán de la dirección de Sánchez, Manolo de la Rocha; de la de Rubalcaba, Inmaculada Rodríguez Piñeiro; de la de Zapatero, Valeriano Gómez... Lo suyo, dice, no es lo orgánico, sino las ideas.

¿Lo de Madina? Es distinto. El vasco que hoy es diputado por la circunscripción de Madrid no ha hecho público cuál será su apuesta en las primarias, pero no es secreto alguno que hace meses que colabora con Susana Díaz, igual o más que Zapatero, Rubalcaba, Blanco o Bono, lo que ha despertado todo tipo de suspicacias entre los críticos pertenezcan estos al "patxismo" de nuevo cuño o al disminuido "sanchismo".

En ambas trincheras consideran impugnables todas y cada una de las decisiones adoptadas por la gestora, a quien acusan de haberse atribuido idénticas atribuciones a las de una Ejecutiva elegida en un congreso. El debate está entre la ética y al estética. La primera era, para Aristóteles, la parte de la filosofía que estudia la moral y los comportamientos del hombre. La segunda, a tenor de la definición de Hegel, la ciencia de la belleza nacida del espíritu. Y sobre la vinculación entre ambas y su importancia en la política se ha escrito mucho porque cuando se pierde la primera, se pierde la segunda, seguro.

Hace tiempo que en el PSOE se orillaron muchas virtudes éticas, entre ellas la fortaleza para afrontar sus responsabilidades o la sinceridad para el reconocimiento de los errores propios. Y lo de esta semana, en la que Pedro Sánchez ha decidido relanzar su carrera contra Susana Díaz, no deja espacio para hablar de estética, por mucho que esgriman que el documento que redacten José Carlos Díaz y Eduardo Madina se someterá a un proceso de enmiendas. Ni ética ni estética, sino el premio a una lealtad malentendida.

madina

El efecto disolvente de Luena

Todo en una semana en la que se habló también mucho de Patxi López, del daño que puede hacer a su candidatura que Sánchez salte finalmente a la arena y no le deje espacio en el relato del "antisusanismo" y del efecto disolvente que la presencia de César Luena en su equipo puede tener entre los cuadros medios que fueron "maltratados" por el último secretario de Organización.

La pista está abierta y, como esta semana ironizaba un socialista, si salen dos, el baile puede ser entretenido. Si salen tres, un espectáculo . Y si salen cuatro... ¡Ay, si salen cuatro! La cosa puede convertirse ya en un circo. No lo descarten.

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