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Las claves de la semana: Lo que el PSOE aprobó y nadie leyó

24/06/2017 10:01 CEST | Actualizado 24/06/2017 10:01 CEST
EFE

Dejó escrito Miguel De Cervantes que en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia. Así que esta semana que acaba para el nuevo PSOE con una intensa polémica sobre el CETA, podríamos añadir que en algún lugar de los documentos aprobados en el 39 Congreso Federal debe haber un enunciado que justifique las dudas de los socialistas sobre el Tratado de Libre Comercio UE-Canadá que Cristina Narbonaanunció la noche del martes en su cuenta de Twitter.

Lo hay: "Establecer un marco internacional para el comercio o extender las mejores prácticas a los acuerdos bilaterales o multilaterales. La izquierda socialdemócrata no está en contra del comercio internacional, pero lo quiere con condiciones y regulaciones que aseguren la universalización de derechos y con las protecciones sectoriales sensibles en cada caso. Negar el comercio es cerrar la puerta a la internacionalización, a las exportaciones y a la competitividad. Es negarse al progreso y al crecimiento. Pero hay que hacerlo con acuerdos que respeten los convenios fundamentales de la OIT y tengan en cuenta estándares de dignidad social, laboral, de protección de los consumidores y medioambiental, así como defendiendo los servicios públicos y los intereses nacionales".

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Y no es el único. Negro sobre blanco, también se dejó aprobado y escrito en el dictamen de la ponencia el siguiente texto: "No se combate la desigualdad oponiéndose sistemáticamente a la globalización o al comercio internacional. La globalización ha producido simultáneamente una reducción de las desigualdades a escala planetaria un aumento de la desigualdad en el interior de las sociedades desarrolladas. Pero no debemos equivocar nuestras soluciones. El reto redistribuidor es también nacional, es decir, corresponde a las políticas internas (....) Y además debemos establecer altos estándares sociolaborales y medioambientales en los acuerdos de comercio, para que se universalicen progresivamente los derechos laborales y se evite el dumping en esas materias (...)

Ni improvisación ni exigencia de Iglesias

Así que más que improvisación lo que el PSOE, a juicio de su dirección, ha hecho con su anuncio de no apoyar el CETA es ser congruente con el marco aprobado en el Congreso. Ni Pablo Iglesias ha exigido, como se ha dicho y escrito, semejante giro a Pedro Sánchez ni éste ha decidido unilateralmente la nueva posición. Todo aparece en los papeles que se distribuyeron en la comisión política que discutió la senda por la que, en adelante, transitará la socialdemocracia española para evitar el exceso de protección a inversores extranjeros, la desprotección a las denominaciones de origen españolas o la perdida de miles de puestos de trabajo en la UE.

Ninguna federación se opuso a ello ni ningún delegado de los más de 1.000 que participaron en el cónclave levantó la voz al respecto. Tampoco Susana Díaz, que ha dejado entrever su oposición a la línea marcada por el PSOE: "No me queda más remedio que aceptar y respetar las decisiones de mi partido". La presidenta de Andalucía pudo expresar su oposición, votar en contra o transaccionar los textos el pasado fin de semana cuando en el Congreso Federal se debatió sobre comercio internacional y otras muchas materias. No hizo nada de ello porque prefirió reunir a su delegación en un local de Madrid para tomar unas copas. Véase el vídeo que hizo público el HuffPost la noche del domingo, para saber dónde estaba Díaz cuando los delegados discutían y votaban.

Lo orgánico por delante de lo político

Las reacción de algunos socialistas al brusco giro del PSOE en materia de comercio internacional da idea, en todo caso, del conocimiento que los participantes en el congreso tenían sobre el proyecto político con el que Sánchez pretende recuperar los más de 3 millones de votos que Podemos arrebató en las últimas generales a los socialistas. Que por primera vez en la historia del PSOE, el dictamen de la ponencia no haya sido aún distribuido a los medios de comunicación, no tiene nada que ver con que los delegados no leyeran lo que votaban. De nuevo, lo orgánico, las cuotas, los vetos y la composición de los órganos de gobierno se antepuso al contenido del nuevo proyecto político.

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Y esto tuvo mucho que ver, a tenor de la opinión de muchos socialistas, con que tras la victoria de Sánchez, la gestora y el extinto "susanismo" renunciara a dar la batalla de las ideas de casi el 40 por ciento de la militancia que no votó al nuevo secretario general. A Díaz se le acusa por ello de haber certificado con su actitud que no había más proyecto político que ella misma. Y a la gestora encabezada por Javier Fernández, que salió de Ferraz al día siguiente de las primarias y renunció a la organización del cónclave, de hacer dejación de la responsabilidad que se le encomendó el 1 de octubre.

La difícil coordinación de una Ejecutiva de 50 personas

Pese a todo, en Ferraz admiten que Narbona no debió anunciar que el PSOE no apoyará el CETA en un tweet, y mucho menos en respuesta a un perfil con menos de una docena de followers. La coordinación en materia de comunicación de la nueva Ejecutiva, integrada por 50 personas, será sin duda uno de los principales caballos de batalla de Pedro Sánchez, quien ya el lunes por la mañana en la primera cita con su equipo aconsejó que evitaran filtraciones sobre deliberaciones o decisiones que tuvieran lugar en el seno de la dirección.

Claro que mucho más grave que la nueva posición del PSOE ante el CETA han sido también esta semana unas declaraciones de la nueva responsable de Política Municipal de la dirección federal, la catalana Nuria Parlon, sobre lo que harían los socialistas en el caso de que el Gobierno decidiese aplicar el artículo 155 de la Constitución ante la convocatoria ilegal del referéndum de independencia: "Haremos todos los esfuerzos, si hace falta apelando a la comunidad internacional (...)".

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La boutade de la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet, antaño ferviente defensora del derecho a decidir que fue tentada por Podemos para sumarse a su proyecto, ha puesto los pelos de punta al mismísimo Sánchez, que dejó claro nada más ser elegido en primarias que el PSOE estaría con el Gobierno en la toma de decisiones sobre Cataluña y así se lo trasladó a Mariano Rajoy en conversación telefónica.

La semana no ha sido, por tanto, el mejor estreno para un PSOE cuyo líder está fuera del Parlamento y ha elegido a la independiente Margarita Robles para que sea su voz en el Congreso. La frialdad con la que el Grupo Socialista recibió el martes a la ex magistrada cuando se votó su nombramiento augura semanas como la que acaba, de profunda disensión en un PSOE que no termina de cerrar la herida por la que supura. Van a hacer falta unos cuantos "Rodolfos Iragos" -como el recién cesado jefe de comunicación del PSOE en el Congreso- para que en la carrera de San Jerónimo alguien ponga orden en un grupo donde, de momento, reina el desconcierto.

P.D. José Antonio Alonso, en contra de lo que se ha dicho, a diferencia de Robles, sí se afilió al PSOE. Lo hizo, en julio de 2008, tres meses después de que Zapatero le nombrara portavoz parlamentario y a las puertas de un Congreso Federal, en julio de 2008, para que se visualizara su nivel de compromiso con el partido. Y es de justicia que, ahora que él no está para rebatir cualquier comparación con Robles, quede dicho... y escrito.