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Las claves de la semana: ¿Se ha convertido Iglesias al 'juancarlismo'?

30/06/2017 23:01 CEST | Actualizado 01/07/2017 10:03 CEST

Hace muchos, muchos años que en Madrid no hace falta acudir al mentidero de las Gradas de San Felipe para estar al tanto de lo que se cuece en la Villa y Corte. Esta semana que acaba, el Congreso de los Diputados ha sido un bullir de dimes y diretes sobre lo que se vio y lo que no en el ¿solemne? 40 aniversario de la democracia. Y lo mismo sobre lo que se contó y lo que no de las bilaterales de Pedro Sánchez con los líderes de Podemos y Ciudadanos. Algunos las despreciaron por ver en ellas un déjà vu con el que el líder del PSOE buscaba sólo presencia pública, pero dicen que hay mimbres para un espacio de entendimiento que puede complicar aún más la existencia a un PP en minoría.

A la altura del momento histórico

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Sin vetos, sin exclusiones y sin cordones sanitarios, pero el otoño puede deparar sorpresas. Y si Felipe VI quiere legitimar su reinado no podrá tener el papel de figurante ni de testigo impasible, sino más bien el de protagonista activo como lo tuvo su padre en la Transición y en la España de 1977. Y esto es lo que la izquierda demanda: que el Rey se moje, que no asuma el discurso conservador e inmovililsta de la derecha y que esté a la altura del momento histórico como lo estuvo Juan Carlos I.

¿Acaso Pablo Iglesias se ha convertido al "juancarlismo"? Nada de eso. Los elogios del secretario general de Podemos en una conferencia en El Escorial no han cambiado su visión sobre las amistades peligrosas del Rey emérito, ni sobre su vinculación con las élites del franquismo, ni sobre sus últimos años de reinado.

Pero una cosa es eso y otra no reconocer que fue una figura decisiva en la historia de España sin la cual no se explicarían la Transición, las elecciones de 1977 ni el devenir del sistema político de los últimos 40 años. Y lo que reclama no es la República, sino valores republicanos con los que afrontar los retos de la España del siglo XXI que, a su entender, tienen que ver con el sentido común y no con las identidades políticas.

Si el PP te aplaude a rabiar, los del PSOE con pocas ganas, Unidos Podemos y las fuerzas no nacionalistas no lo hacen, quizá hay que preguntarse si es una figura que puede servir para construir un proyecto común o un límite al mismo

Iglesias, que siempre ha defendido ser más de Felipe VI que de Juan Carlos I, no se explica qué representa el Rey en este momento histórico: "Si el PP te aplaude a rabiar, los del PSOE con pocas ganas, Unidos Podemos y las fuerzas no nacionalistas no lo hacen, quizá hay que preguntarse si es una figura que puede servir para construir un proyecto común o un límite al mismo".

Una derecha sin Rajoy

Y la pregunta no es baladí en un momento en el que el país afronta, a su juicio, tres grandes desafíos -la corrupción, la decadencia del Estado social y la tensión plurinacional- sobre los que Felipe VI evitó pronunciarse en su discurso ante el Parlamento el pasado miércoles. Tampoco conviene echar en saco roto el elogio que el líder de Podemos ha hecho de la intervención de Ana Pastor en contraposición con la del jefe del Estado.

Así que cuando Iglesias pone en valor que la presidenta de la Cámara Baja situara al mismo nivel a Josep Tarradellas y a los padres de la Constitución e igualara las figuras de Rafael Alberti y Dolores Ibárruri con la de Santiago Carrillo pese a que sus visiones sobre la Transición fueron distintas, lo que está diciendo es, además de que Pastor es "una de las mejores cabezas del PP", que con una derecha sin Mariano Rajoy todo sería distinto.

¡Ojo con Ana Pastor!

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¡Ojo con la presidenta del Congreso!, ha dicho Iglesias para reivindicar su nombre cuando se abra, que se abrirá, el debate sobre el relevo en el PP. No es el primero ni el último entre propios y extraños que reconoce las cualidades de Pastor para suceder al presidente al frente del partido de la gaviota. La música, que ya sonó también antes de las últimas generales, suena otra vez después de que PSOE, Podemos, Ciudadanos e incluso algún diputado popular hayan reconocido sin ambages que el discurso de la tercera autoridad del Estado estuvo muy por encima del que leyó el jefe del Estado.

Y todo esto en una semana en la que se ha vuelto a visualizar la pesada carga con la que el Gobierno acaba el actual curso político: con dos ministros reprobados, uno de ellos por impulsar una amnistía fiscal contraria a la Constitución tantas veces invocada ante la crisis catalana; con 9 de las 17 Comunidades Autónomas en pie de guerra por el límite de gasto; con el desafío soberanista en la cuenta atrás; con un horizonte penal nada halagüeño como consecuencia de los casos de corrupción y con Ciudadanos cada vez más distanciado y dispuesto a entenderse con el PSOE.

Sánchez impulsará la reforma constitucional

Aunque Rivera y Sánchez tienen modelos distintos sobre el modelo territorial, los naranjas, igual que los morados, respaldarán la iniciativa que el PSOE llevará en septiembre al Parlamento para explorar la reforma de la Constitución. Y cuando llegue el momento, el PP tendrá que decidir si sigue en la negación y la ley o está dispuesto a hacer política y buscar, no votos, sino salidas para el encaje de Cataluña.

Pues de eso hablaba Iglesias, de que el PP mueva ficha y de que Felipe VI esté a la altura del momento histórico, que se implique en la búsqueda de soluciones para legitimar su reinado y que con Cataluña tiene la ocasión.

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