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Las claves de la semana: Rajoy tiene un plan

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Foto: EFE

"He hablado con el Rey exactamente lo que le he dicho, salvo lo que no le he dicho". Rajoy en estado puro. Última semana de julio y el presidente del Gobierno en funciones nos regala una más de sus filosóficas reflexiones. Ya tienen con qué cavilar ustedes mientras soportan los estragos de la operación salida dirección a sus destinos de vacaciones, si es que son afortunados, tienen destino y tienen descanso.

¿Qué le dijo Rajoy a Felipe VI? ¿Qué le propuso el rey al candidato del PP? ¿En qué términos transcurrió la conversación? No sabemos por qué el presidente del PP le dijo exactamente lo que le dijo, salvo lo que no le dijo. Ya saben lo que manda el protocolo y lo que reza en la Constitución sobre hasta dónde puede y hasta dónde no puede llegar el jefe del Estado en la escena política. Que luego, se "borbonea" (Margallo, dixit) y pasa lo que pasa...

Lecturas marianas

Lo único que nos queda claro es que Rajoy ha vuelto a sorprender a propios y extraños con una ambigua declaración al término de su última audiencia con el Rey, en la que vino a decir que acepta la propuesta de Felipe VI para ser candidato a la investidura, pero que no se compromete a someterse a la votación si no encuentra los apoyos necesarios.

Otra aportación marianista a la interpretación de la Carta Magna. Primero rechazó en diciembre el ofrecimiento del jefe del Estado -inédito en nuestra democracia-; después, buscó un atajo constitucional para cerrar la legislatura sin tener que someterse al desgaste de un debate y una sesión fallida y ahora acepta, pero no garantiza, someterse a la investidura. Unos meses más de bloqueo institucional y el TC tendrá que incorporar como jurisprudencia las lecturas marianas.

Con todo, parece que el líder del PP tiene un plan. Lo primero, utilizar la propuesta del rey para redoblar la presión sobre Ciudadanos y el PSOE, especialmente sobre el PSOE. Si Sánchez dice "no", ya no dirá "no" a Rajoy, sino a Felipe VI. Lo segundo, dirigir él la escena, como hizo Sánchez tras la espantada del presidente en funciones tras las elecciones de diciembre. Lo tercero, cerrar el paso a la construcción de una mayoría alternativa por la izquierda, esa pantalla que tanto inquietaba a muchos socialistas. Y lo cuarto, manejar él -a través de la presidenta del Congreso, Ana Pastor- los tiempos.

El líder de los socialistas anda atrapado en sus "noes" (a Rajoy, al PP y a las terceras elecciones). No sabe cómo salir del laberinto y tampoco cómo explicar por qué

Una nueva propuesta escrita

La próxima semana remitirá por escrito una nueva propuesta a los partidos constitucionalistas. Dicen en Génova que más detallada que el "corta y pega" que ya envió de su programa electoral, tras el 26-J. Su intención es constituir mesas de negociación sobre aspectos concretos con los interlocutores que Rivera y Sánchez quieran. El primero que diga "no" a sentarse en la mesa quedará descalificado.

En el otro lado de la escena política vimos esta semana en una estrambótica rueda de prensa a un Sánchez tosco e insolente. Habría que bucear en las hemerotecas para encontrar parangón en semejante ejercicio de hostilidad, desgana y desprecio. La escena dejó boquiabiertos incluso a sus propios colaboradores.

El líder de los socialistas anda atrapado en sus "noes" (a Rajoy, al PP y a las terceras elecciones). No sabe cómo salir del laberinto y tampoco cómo explicar por qué sigue defendiendo con ahínco que Rajoy debe buscar apoyos entre sus aliados naturales, estos son Ciudadanos y los independentistas, y no en el PSOE. En la misma comparecencia, rechazó que la resolución política del Comité Federal que vetó un acuerdo con los independentistas hubiera sido un error y defendió que el PP tenía que atraerse el voto de quienes el día anterior aprobaron en Cataluña transitar hacia la secesión pasándose por el arco del triunfo la Constitución y las leyes.

Cuaje o no, Rajoy tiene un plan para sacar a España del desbloqueo institucional (o Gobierno de coalición o Ejecutivo en minoría). Idem Rivera (un acuerdo PP-PSOE-Cs) e incluso Pablo Iglesias (dispuesto a escuchar una propuesta de izquierdas). Sánchez no lo tiene. Sólo improvisa. Lo ocurrido esta semana en el Parlamento de Cataluña cierra la puerta a una mayoría alternativa a la de la derecha sostenida por los secesionistas; no está dispuesto a virar del "no" a la abstención en una investidura de Rajoy o cualquier otro candidato del PP y la presión de los suyos le impide tejer un Gobierno de izquierdas con Podemos y apoyo desde fuera de los independentistas.

El desgaste de Sánchez

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Foto: EFE

Dicen algunos socialistas que no ha calibrado bien que el coste de facilitar hoy un Gobierno del PP es bastante inferior al que pudiera provocar entre su electorado unas terceras elecciones. Y dicen también que, igual que a los perdedores en el póquer, se le empieza a poner cara de pichón, y que más le valdría aplicarse la máxima de este juego de naipes: "Si a los diez minutos del comienzo de una partida, no sabes quién es el pichón, empieza a pensar que eres tú". Su desgaste dentro y fuera del PSOE ya no es ni discutible. Es un hecho inopinable por mucho ejército que muevan los suyos en las redes para el insulto, la amenaza o el vituperio.

Ahora bien, la presión que este agosto pretende redoblar Rajoy ya no es sólo sobre Sánchez, sino sobre todo el PSOE. Y a todos ellos -incluso a los favorables a facilitar su investidura aunque lo nieguen en público- hará responsables si se mantiene el bloqueo. Prepárense para un agosto sofocante, y no sólo por la temperatura atmosférica.