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¿Por quién doblarán las campanas el 27-S? También por el PSC

07/09/2015 07:01 CEST | Actualizado 07/09/2016 11:12 CEST

Fue una de las novelas más populares de Hemingway, una bella historia de amor y de muerte ambientada en la guerra civil española, cuyo título se inspiró en un hermoso poema del más importante poeta metafísico británico del XVI, Jonh Donne, y que decía así: "Ningún hombre es una isla, entero en sí mismo; todo hombre es un pedazo del Continente, una parte de Tierra Firme; si el Mar se llevara un terrón, Europa perdería un Promontorio como si se llevara la Casa de sus amigos o la tuya propia. La Muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy parte de la Humanidad; y por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti".

Dicen en el PSOE que las campanas el 27-S doblarán por cada uno de nosotros, por los catalanes, por los madrileños, por los aragoneses, por los andaluces... Porque más allá de quién gane o pierda y del recorrido jurídico de la hipotética declaración unilateral de independencia, la fractura en la convivencia ya está hecha y tardaremos años en recuperar el tiempo perdido. También el PSC que, a la vista de los sondeos, pagará con creces la ambigüedad de los últimos años, sus escarceos con los nacionalistas, el infausto recuerdo de aquellos dos gobiernos tripartitos y su errático proyecto. Ahora ya es tarde y, pese a que los de Miquel Iceta han abjurado al fin del derecho a decidir y emitido señales de SOS al mismo PSOE al que en otros tiempos vetó en sus campañas, la demoscopia ha hecho saltar todas las alarmas. Quinta fuerza política en sendos sondeos publicados este fin de semana por Público.es y Punt Avui, y cuarta en el realizado por GESOP para El Periódico de Catalunya. Lejos, muy lejos, quedan las mieles de aquellos años en los que el PSC fue un eje de la cohesión y la convivencia en una sociedad tan diversa como la catalana.

sondeo cat

Y es que el federalismo, como dice uno de los más respetados barones del PSOE, puede ser una solución política, pero no un discurso electoral con el que conectar en una sociedad tan polarizada como hoy está la catalana en torno al independentismo. El mismo interlocutor es de los dispuestos a agitar el árbol para enderezar el futuro del socialismo catalán tras el 27-S. Y esto después de casi 40 años de convivencia, en ocasiones nada pacífica, entre dos siglas distintas.

No es una boutade de ningún paladín del rupturismo ni una opinión aislada. El debate está abierto y más presente que nunca. El propio Felipe González lo puso sobre la mesa en una densa conversación con otro barón del PSOE hace apenas dos semanas, pero también se esbozó en la calle Ferraz tras los resultados de las últimas elecciones municipales del 24 de mayo. El problema ya no es sólo que la relación orgánica entre PSOE y PSC siempre haya sido confusa y asimétrica, sino que la marca que hoy representa Iceta se creó para una Cataluña que hoy ya no existe y que el impacto del resultado del 27-S obligará, sí o sí, a tomar decisiones urgentes si los socialistas no quieren desaparecer para siempre de la escena pública catalana.

El PSOE ha de volver a Cataluña para quedarse, y no de forma coyuntural como hará con la presencia de todos sus líderes nacionales en este mes, sino para recuperar las señas de identidad perdidas y reconstruir su proyecto político. No es una cuestión de siglas, ni de lecturas de protocolos como ha dicho Felipe González en su última entrevista en La Vanguardia ("No me arrepiento del pacto de 1977 con el PSC de Joan Reventós y Ramon Obiols. Tan sólo creo que ese pacto en algunos momentos se ha gestionado mal").

Tampoco nadie está pensando en que la solución pase volver al punto de partida ni en que el PSC pierda su identidad jurídica propia porque, como se ha demostrado siempre, es matemáticamente imposible que el PSOE gane unas elecciones en España sin un gran resultado en Cataluña. Romper con el partido hermano conduciría a la destrucción mutua, pero seguir moviéndose al ritmo del paso que marque el PSC debilitaría a un PSOE que hoy necesita más que nunca un discurso nítido sobre los asuntos de Estado para recuperar la iniciativa política. Es hora, como recientemente ha dicho el asturiano Javier Fernández, de convertir lo instrumental en fundamental. Y lo fundamental en este ámbito es defender sin complejos los mismos derechos para todos los españoles, sin perjuicio del reconocimiento de la identidad catalana.

La senda por la que transitar, por tanto, sería la de recuperar la marca PSOE en Cataluña. Y nadie mejor que Carme Chacón para hacer de adalid de un PSC que abandone la ambigüedad y los complejos ante el nacionalismo. La dirección federal ya sondeó con escaso éxito a la ex ministra de Zapatero para que encabezara la lista a la Generalitat, pero todos los ojos están puestos en ella para la reconstrucción del socialismo catalán tras el 27-S. De momento, la catalana se ha instalado en Barcelona para implicarse a fondo en la campaña de Iceta y se volcará en las generales como cabeza de lista por Barcelona con un discurso, claro está, alejado de lo que ha sido el PSC de los últimos años. La marca PSOE estará más presente que nunca, y no sólo en Cataluña. En la dirección federal disponen de cualitativos que demuestran la fortaleza de las siglas por encima de cualquier nombre, y el ejemplo a seguir es el de las autonómicas y municipales en Extremadura, donde Guillermo Fernández Vara hizo una campaña en la que puso la marca por delante de los candidatos y obtuvo el mayor porcentaje de voto PSOE de todos los territorios.

Lo que ocurra después del 20-D no está escrito, entre otros motivos porque del resultado del PSOE y su diferencia con el PP dependerá si Pedro Sánchez se medirá o no con Susana Díaz en el próximo congreso federal. Pero si hay algo que compartan uno y otro es que Chacón es hoy por hoy la única solución para un PSC que no debería preguntarse el 27-S por quién doblan las campanas y por qué. Doblarán también por él y por los errores pasados. Y su "muerte" (debilidad) disminuirá también al PSOE.