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Y cuando despertemos, Rufián seguirá allí

18/09/2017 07:18 CEST | Actualizado 18/09/2017 07:18 CEST
EFE

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". 7 palabras y 43 letras divididas por una coma. Nunca una fábula dio para tanto. Hay interpretaciones para todos los gustos sobre el cuento más corto del mundo que escribió el guatemalteco Augusto Monterroso. ¿Quién despertó? ¿Fue un hombre? ¿Una mujer? ¿La Humanidad? ¿Vemos las cosas como son o como las percibimos a través de las brumas del sueño? ¿Es mejor dormir que despertar a la cruda realidad? ¿La perfección se alcanza sólo al despertar?

Pues lo mismo con la hipotética República catalana. ¿Quién pagará las pensiones? ¿En qué liga jugará el Barça? ¿En qué ventanilla pagarán los catalanes sus impuestos? ¿Cómo piensan seguir en Europa? ¿Qué pasará con el euro? ¿Dejará el Estado de perseguir a los catalanes que contraigan deudas con la Hacienda española? ¿Serán válidos los números de afiliación a la Seguridad Social? ¿Qué pasará con los fondos estructurales y de inversión que reciben de la UE?

No hay respuestas ni botón de desconexión que ofrezca certezas para un escenario político, económico y social tan complejo. Tampoco para la renuncia de los diputados independentistas en el Congreso. Imaginen, que ya es mucho proyectar a tenor de los acontecimientos, que el 1-O hay referéndum. Figuren también que al día siguiente, esto es el 2-O, y que el Parlament declara unilateralmente la independencia en la versión catalana del cuento del lobo.

¿Qué ocurrirá con los parlamentarios de ERC y del PdCAT que se sientan hoy en el hemiciclo del Parlamento español?

¿Qué ocurrirá con los parlamentarios de ERC y del PDeCAT que se sientan hoy en el hemiciclo del Parlamento español? Son 17. Nueve de la formación que lidera Oriol Junqueras y ocho de los de Carles Puigdemont. Entre ellos, hay de todo. Los que nunca imaginaron llegar donde han llegado, los que siempre creyeron en una Cataluña independiente y los que, pese a creer en una república catalana, no están de acuerdo con la celebración de una consulta que vulnere la legalidad ni con un Parlament que pulverice los derechos de las minorías como ha ocurrido.

Ninguno, eso sí, admite ya la Constitución española como norma suprema de nuestra convivencia. Todos se sienten vinculados por las leyes de Referéndum y de Transitoriedad aprobadas en las infaustas jornadas parlamentarias del 6 y el 7 de septiembre. Pero no hay uno que responda con claridad a la pregunta porque nadie en sus respectivos partidos les ha situado ante semejante disyuntiva.

"Ni un minuto más de lo necesario, ni un minuto menos de lo imprescindible". Es la respuesta más "concreta" que ofrecen los parlamentarios independentistas cuando se les pregunta hasta cuándo durará su presencia en el Congreso y cómo y de qué modo sería la renuncia a seguir sentado en una institución que emana de una Carta Magna por la que ya no se sienten concernidos.

De producirse la renuncia, la Cámara se reduciría a 333 diputados y la suma de PP y Ciudadanos tendría mayoría absoluta

Aunque en puridad y en coherencia, deberían abandonar el escaño en el mismo instante en que se proclame la imaginaria República catalana, unos dicen que es un asunto a determinar durante el periodo de transición por el Govern y el nuevo Parlament, y otros ironizan con que se irán de España, pero no del Congreso de los Diputados. Lo cierto es que no hay consigna, y la ya aprobada y recurrida ley de transitoriedad nada prevé respecto al cómo y el cuándo.

De producirse la renuncia, la Cámara se reduciría a 333 diputados y la suma de PP (137) y Ciudadanos (32) tendría mayoría absoluta. Todo un "regalo" para Mariano Rajoy que, a juzgar por la incertidumbre y el sentir de los diputados independentistas, no parece que vaya a producirse. Vamos que, si algo pueden dar por seguro, es que cuando despertemos el próximo 2 de octubre, Gabriel Rufián seguirá allí, en la Carrera de San Jerónimo.

Nada cambiará. Ni la Cámara quedaría reducida a 333 diputados, ni el portavoz de ERC se marcharía de su escaño, ya que ha sido el primero en afirmar, en un colosal ejercicio de improvisación e incongruencia, que lo más recomendable sería que los independentistas mantuvieran una representación permanente en el Parlamento español.

Ya saben, pues, que haya o no república catalana, el hombre que susurra a las impresoras, el que dice que Varoufakis y Assange son "entidades supranacionales", el que propone violar el Estado de Derecho español como Rosa Parks violó la legalidad para no ceder su asiento a un blanco, el diputado metido a tuitero, seguirá en Madrid. Y eso que nunca los republicanos catalanes estuvieron tan cómicamente representados. Será por aquello de que siempre es mejor dormir para soñar que despertar a la cruda realidad... Y Rufián no tiene intención de despabilarse. En su caso, contra España, se vive mucho mejor.