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¿Agresión machista? Iconoclastia e insultos en el Senado

23/05/2017 07:31 CEST | Actualizado 23/05/2017 07:34 CEST

Este texto también está disponible en catalán

Hace unos días, el Senado español dormitaba plácidamente como de costumbre cuando Carles Mulet, senador de Compromís, lo sacudió violentamente al romper una foto de la socialista Susana Díaz y espetar «qué asco de señora».

Respondía así al pacto de Díaz con las autoridades aragonesas para que el corredor mediterráneo pasara por Madrid y Aragón, y no por el Mediterráneo. Díaz también había tildado a Compromís «de izquierda inútil».

(Un inciso. El corredor es tan lógico y «natural» que Roma lo construyó hace un montón de siglos: la Vía Augusta aún quedan vestigios. Hay tanta bibliografía que me ahorro enumerar los múltiples beneficios que conllevaría no sólo para la cuenca mediterránea, sino para todo el Estado. Sin embargo, el PP, siempre tan patriótico y amante de las pulseritas con la bandera española, con la ayuda inestimable del PSOE, lo combate persistentemente con saña, inquina y envidia. En 2012, Alfredo Pérez Rubalcaba y Ana Pastor cacareaban con extremo cinismo que era su prioridad absoluta mientras armaban donde se maneja el cotarro, en Bruselas, un frente común formado por la eurodiputada del PSOE Inés Ayala y el del PP, Luis de Grandes, para boicotear, torpedear e impedir lo que sí era una prioridad absoluta para la Comisión Europea desde 2011.

Todas las formaciones políticas sin excepción dicen sexistadas con más o menos fruición y todas ven la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio cuando se trata de criticar.

Los dos partidos sacan por turno a pasear el corredor cada año cuando presentan los presupuestos y así fomentan no el corredor sino un anticatalanismo generalizado deslumbrado por los miles de millones que presuntamente se llevará Cataluña (el cuponazo vasco o el dinero que recibe Madrid en concepto de capitalidad no despiertan jamás ninguna crítica; ni tan siquiera una reflexión). Presupuesto tras presupuesto no invierten ni un céntimo y así al año siguiente, vuelta a empezar. Si le agregamos detalles como que el tren que va de Barcelona a Puigcerdà tarda más ahora que cuando se inauguró la línea; que las transitadísimas vías de tren que atraviesan Montcada i Reixac (35.000 habitantes) contabilizan 169 personas muertas y que, a pesar de ello, el ministerio de Fomento no se ha comprometido (una vez más, por cierto) a soterrarlas hasta de aquí... ¡seis años y a empezar las obras dentro de tres!, quizás se entendería una de las razones por las que la gente deviene independentista. En cuanto al País Valenciano, el recuerdo del «eje de la prosperidad», auspiciado por el siniestro José Mª Aznar y impulsado en 2004 por tres andobas de cuidado, Esperanza Aguirre, Francisco Camps y Jaume Matas, eje que invalidaba, por lo visto, el corredor y que hizo prosperar sólo los bolsillos del PP; o constatar como fondos europeos destinados al corredor se invierten en Atocha, justifican la indignación del senador Mulet ante la propuesta de Díaz.)

Volvamos al caso. Mulet atacó a Díaz no por su condición de mujer (cualidades físicas, forma de vestir, sexualidad, poner en cuestión inteligencia u otras capacidades por razón de su sexo ...) sino por propugnar una política que lesiona los intereses de la cuenca mediterránea en general y la valenciana en concreto. Se discutía de política, pues. Lo hizo con iconoclastia, es decir haciendo trizas su foto y, como muestra el vídeo, cuando alguien de Ciudadanos dirigiéndose a Mulet dijo «qué asco», él lo transformó en un «qué asco, sí, qué asco de señora». Nadie consideraría sexista que a un político se le atacara o insultara con la expresión «qué asco, sí, qué asco de señor». Cosas mucho peores se dicen.

¿Digno de encomio? No, en absoluto, execrable. A la altura del bochornoso comportamiento que los partidos de toda la vida, y por cierto los nuevos, exhiben en el Senado y el Parlamento para desespero de profesoras y maestros. En este caso, lo más llamativo y reprobable fue que rasgó además una foto de la política rival. Del mismo modo que en fútbol se penalizan más los codazos, las manotazos o los puñetazos que las patadas (al fin y al cabo, los pies son la parte del cuerpo más relevante con la que es lícito tocar el balón ) y en baloncesto pasa lo mismo, o sea, justamente al revés, en política se toleran los excesos verbales, muchas veces, putrefactos, pero expresados en palabras, que es al fin y al cabo la principal herramienta para hacer política, que no hacer jirones una foto o, por ejemplo, mostrar a un redomado corrupto una sandalia, signo de desprecio absoluto.

En consonancia con el mundo donde vivimos, todas las formaciones políticas sin excepción dicen sexistadas con más o menos fruición y todas ven la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio cuando se trata de criticar. Pero ver al PP indignado por el supuesto ataque machista de Mulet a Díaz, cuando el PP no solo da monolítico y sistemático apoyo a sus políticos cuando agreden con inusitada violencia misógina a políticas sino que, además, siempre que pueden, y es a menudo, legislan contra los derechos de las mujeres, casi daba risa. Como jalean los insultos a cualquier formación política (siempre que no sea la suya), sorprende que justo en este caso y no en ningún otro el Senado haya reprobado a Mulet.

Por otra parte, en un PSOE en pleno tránsito hacia no sé sabe dónde, convendría que Susana Díaz intentara evitar pisar según qué fina línea. Decir «No mientas, cariño» a un rival en un acto tan formal y público como un debate la acerca peligrosamente a ello. Las mujeres, y ella lo es, sabemos perfectamente donde pretenden ponernos cuando nos espetan un cariño así.

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