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Barcelona, ciudad de cine

20/04/2017 14:52 CEST | Actualizado 24/04/2017 07:26 CEST
Imagen del documental 'David Lynch: The Art Life'

Este texto también está disponible en catalán

Mientras esperamos a que lleguen las dosis de finales de abril de la Mostra de Films de Dones o el Festival Internacional de Cine de Autor(a), dos de los muchos festivales que alegran la vida de Barcelona, los documentales se van encadenando.

A finales de marzo-principios de abril y en el marco del Moritz Feed Dog se pudo ver, fugaz como una estrella, el documental de Andrew Rossi The First Monday in May (EEUU, 2016) sobre la gala y la exposición de moda que organiza el MET de Nueva York, con cuotas de recaudación estratosféricas y, de largo, la más visitada. Documenta la edición que en 2015 dedicó a China, China: Through the Looking Glass; no es raro, pues, que el director artístico de la exposición fuera el cineasta Wong Kar-Wai (resuena especialmente su In the Mood for Love, 2000).

El documental sigue los pasos del británico Andrew Bolton, conservador de moda del MET, quien ya rompió todos los esquemas con Alexander McQueen: Savage Beauty, en la edición de 2011, y de Anna Wintour, directora del Vogue y factótum de las galas: las conduce a buen puerto a base de criterio, mano firme y mucho trabajo.

Todo lo que explique de la simbiosis de arte chino (el Met va sobrado) y moda (algunas fastuosas piezas son de una de las diseñadoras chinas más conspicuas, Guo Pei), sobre el lujo desenfrenado y el glamour más intenso, sobre la colusión de poder y dinero, quedaría corto. Quizá tan sólo hay que dejarse fascinar por la manera en que Anna Wintour recrea inteligentemente su personaje, hasta el punto que mira con diplomática simpatía el film inspirado en ella, El diablo se viste de Prada (EEUU, 2006) y se la ve muy cómoda en un papel que la hermana con la perversa Cruella de Vil de los 101 dálmatas. O quizás el monumental jarrón azul de la entrada, decorado con 250.000 rosas blancas que, como pueden comprender, ocasiona que las fallas valencianas pasen a tener tamaño de Lego pequeño. Y sobre todo, sobre todo, ver a modistas como Karl Lagerfeld disfrazado permanentemente de Carpanta con un enorme cuello duro, supongo que para taparle pellejos y, sobre todo, a John Galliano cuando le ves la jeta, podrías empezar a correr y no parar que son mucho más que el reverso oscuro de la moda: son su auténtica cara y precio, la personificación de El retrato de Dorian Grey (1891) del irlandés Oscar Wilde.

Tres maneras muy diferentes de filmar documentales, hermanadas también por las adecuadas y buenas banda musicales que los completan.

En cines comerciales se puede ver I am not your negro (EEUU, 2016), del director haitiano Raoul Peck. Es un buen y parcial documento de una época, un collage de muy diferentes materiales, desde anuncios a crudos documentales, de entrevistas a fragmentos de películas. El punto de partida es la amistad del escritor James Baldwin con tres políticos asesinados antes de cumplir cuarenta años, Medgar Evers (1925-1963), Malcolm X (1925-1965) y Martin Luther King (1929 a 1968). El documental pone de manifiesto un gran abanico de cuestiones políticas, por ejemplo, cómo han cambiado las cosas respecto al lugar que ocupan las mujeres en el mundo y su protagonismo. No dice nada en absoluto de ello, pero durante toda la proyección te preguntas dónde están las mujeres, qué les pasaba, qué hicieron.

A pesar de que identifica el sueño americano con el sueño de los hombres americanos es decir, la parte por el todo, Baldwin despliega finos análisis, pero cuando convincentemente dice algo tan sensato como que «La historia de los negros en América es la historia de América», piensas que cómo es posible que, con tanto bagaje y sensibilidad y las muchas y variadas discriminaciones que sufrió, no sea capaz de ponerse en la piel de la otra y no se dé cuenta de que sin la frase «La historia de las negras en América es la historia de América» o «La historia de las mujeres en América es la historia de América» no hay historia que valga. En efecto, todo lo que describe y propone sería aplicable a la lucha por la libertad de las mujeres.

También en salas comerciales proyectanDavid Lynch: The Art Life(EEUU, Dinamarca, 2007), dirigida por Olivia Neergaard-Holm, que también la montó, conjuntamente con Jon Nguyen y Rick Barnes. El documental termina donde otros empezarían, es decir, cuando Lynch se pone a rodar Cabeza borradora, en 1977. El polifacético director enumera con recia voz su vida desde la infancia que, por cierto, no fue nada truculenta, sino armónica, feliz y llena de amor, lo que hace aún más enigmática su producción, tanto fílmica como escultórica y pictórica, y lleva a un callejón sin salida interpretaciones freudianas.

Mientras habla, va trasteando, pintando, modelando, por el estudio y las terrazas de su casa, solo o, a ratos, acompañado de una hija pequeñísima; ¡ay, si la madre de la criatura tuviera la misma edad que él! Vemos parte de su inquietante obra inserta en un documental que es en sí mismo una obra de arte exquisita; sofisticadamente, mezcla las palabras de Lynch, los recuerdos, obra, fotos y vídeos caseros. Vemos un Lynch que de joven tenía un sorprendente parecido a Oscar Wilde.

Tres maneras muy diferentes de filmar documentales, hermanadas también por las adecuadas y buenas banda musicales que los completan.