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El hombre que piensa

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Este artículo está también disponible en catalán.

La sala 5 del primer piso del museo de arte moderno que tiene su sede en Ca' Pesaro de Venecia está dedicada a L'uomo che pensa. Hay esculturas, por ejemplo, de Rodin o de Adolfo Wilat. Bellos e imponentes ejemplares pensando grave y trascendentemente.

La sala siguiente, la 6, se dedica a Venezia interpreti della Seccessione italiana. En ella hay el retrato de una mujer profundamente pensativa pintado por Arturo Martini en 1913 que podría estar dignamente depositado en la sala anterior, me acerco a la cartela, pero ¡oh, desilusión!, pone: Prostituta. A lo largo de las salas del museo veo algunas mujeres pensando, por ejemplo, en la misma sala 6, un Esbozo para figura femenina (1913-1914) de Gino Rossi, pero ninguna tiene el honor de figurar en la sala 5; quien ha organizado las salas no las ha percibidas como pensadores; ni a ellas, ni a ninguna otra. ¡Ay!

Este preámbulo viene a cuento de una serie de comentarios que suscitó la versión castellana de un artículo mío publicado hace unos días. En el decía que «unos cuatrocientos africanos (seguramente también un puñado de africanas) el día antes habían saltado la verja de Melilla». Concretamente, los provocó la postilla entre paréntesis, o sea, mencionar a las africanas. Las preguntas complementarias que me hago son dos: Por un lado, ¿cuántas personas tienen en cuenta y piensan en las africanas que saltan la verja si no se citan explícitamente? Por otro, ¿hasta qué punto la utilización de la palabra «hombre» en la sala 5 del museo de Ca' Pesaro ayuda a que no nos demos cuenta de que no hay presencia femenina en la sala, a que no se echen en falta las pensadoras que no han atinado a buscar en los fondos del museo (como se ha dicho, algunas las tienen muy a la vista); hasta qué punto contribuye a que no se perciban las mujeres como seres pensantes; a sesgar y a restringir la presencia humana en la sala?

Lo dejo aquí, pero antes de despedirme, tres cosas de diferente índole. Por un lado, aprovecho para hacerme un poco de publicidad --que espero que tendrán la bondad de comprender y saber perdonar-- y les anuncio que hace poco ha salido un libro mío, El fil dels dies (2009-2013), que trata, entre otros variados temas, de algunas cuestiones de lengua relacionadas con las dos preguntas anteriores.

Por el otro, confieso mi incapacidad para moverme por redes e hilos. Aprovecho, por tanto, estas líneas para responder a una amable lectora (o lector, que nunca se sabe) de mi último artículo que preguntaba si para el título me había inspirado en el del libro La máscara de carne del francés Maxence Van der Meersch (hago extensivo el agradecimiento a otros comentarios). Tengo que decir que, a pesar de que cuando lo titulé no era consciente de ello, es más que posible que lo tuviera en algún rincón de la cabeza.

Finalmente un titular fresco: Toni Bou gana en Bayona y se queda a cuatro puntos de revalidar el título titular que, como es habitual, se replica en gran parte de la prensa. Cuando lo he leído, he entendido que por sólo cuatro puntos, el deportista se había quedado con un palmo de narices y sin el título, el pobre. Pues no, el repetido titular quería decir que sólo necesita cuatro puntos más para serlo. Me parece que lo habría entendido a la primera y sólo mirando el titular si, por ejemplo, hubiera dicho: «Toni Bou gana en Bayona y está a cuatro puntos de revalidar el título».