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Por qué iré a votar el 1-O

29/09/2017 07:23 CEST | Actualizado 29/09/2017 07:30 CEST
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Este artículo también está disponible en catalán.

Ineluctable e implacable se acerca el 1 de octubre. Me han preguntado qué haré.

Si quien puede no detiene esta situación tan tremenda, angustiante y peligrosa, iré a votar. Por muchas razones. Iré a votar a pesar de que el referéndum esté suspendido (que es muy diferente de que sea ilegal, adjetivo elevado a consigna repetida hasta la saciedad por tantos y tantos medios de comunicación); iré a votar a pesar de saber que el referéndum no tiene las mínimas garantías; iré a votar a pesar de tantas carencias. Y si alguien pone el énfasis en remarcar sus defectos, tiene todo el derecho y nadie debería ni piar, o tuitear, que viene a ser lo mismo.

Iré a votar y la razón principal es el íntimo convencimiento lo diré de forma no muy diplomática de que si no hay una auténtica multitud votando o intentándolo en cada ciudad, en cada pueblo, en cada urna, esta vez, no es que nos pasarán por encima, es que nos pasará por encima una apisonadora. Iré a votar porque es la única manera que se me ocurre de que algún día podamos votar.

Iré a votar porque me parece un gesto mucho más bello y civilizado, una expresión mucho más clara, digna y benigna, que ir a despedir a la policía y a la guardia civil enarbolando banderas como si fueran espadas y profiriendo impunes gritos de odio hacia la presunta banda adversaria como si policía y guardia civil se fueran a la guerra. Me imagino la tristeza y la vergüenza ajena bien involuntarias de tantas compañeras y amigas de Córdoba, de Sevilla, de Huelva, de Zaragoza, de Valencia... Todo un mapa de sentimientos. De paso, diré que me alegro con toda el alma cuando pienso que esta escena no puede darse nunca al revés, no es ni tan siquiera imaginable.

Iré a votar porque la Audiencia Nacional ha admitido a trámite la denuncia por sedición presentada por la Fiscalía contra las personas que participaron en las protestas ante la sede de la Consejería de Economía del pasado miércoles día 17.

Se destrozaron tres furgonetas, es verdad, y me sabe muy mal porque soy una persona de orden, pero que esto sea lo único que puedan esgrimir para atribuir una actuación tumultuaria a la gente que se manifestaba tras horas y horas de roce continuo sin que saltara ninguna chispa entre fuerzas del orden y manifestantes, muestra varias cosas: que el gobierno del Estado es capaz de cualquier mentira, que nada lo detiene a la hora de actuar antidemocráticamente (el estorbo que para el PP y sus adláteres y monaguillos es la democracia); que hace días que buscan provocar una desgracia, quizás una muerte, para justificar y legitimar su violencia y agresiones; que como ya intuíamos, aquello de «se puede hablar de todo mientras no haya violencia» era un brindis al sol, regía siempre que no se empezara a hablar de algo de lo que no querían que se hablara.

Iré a votar para protestar de tantas mentiras.

(Ligado a esto, iré a votar porque me pone literalmente los pelos de punta, la piel de gallina, expresiones como «actuaremos con proporcionalidad, firmeza y mesura», «imperio de la ley», etc., que me retrotraen a aquellos «sin prisa pero sin pausa», «no nos temblará el pulso» y tantas expresiones que no quisiera haber vivido nunca; franquismo puro.)

Iré a votar para protestar de tantas mentiras. Por ejemplo, que se repita una y otra vez, machaconamente, que en Cataluña los medios de comunicación no son plurales. Pues comparen el número de cadenas de televisión que pueden verse en Logroño o en Tarragona (y comprueben su audiencia); pues comparen un quiosco de Lleida y uno de Cáceres. (Como soy una vieja feminista hace tiempo que conozco la táctica de acusar a la otra de lo que tú haces.)

Que hablen de adoctrinamiento en las escuelas. Lo único que muestran es el desconocimiento de cómo funciona el sistema educativo, de la diversidad del profesorado, de cómo se hace una clase. (Incidentalmente diré que por mis dedicaciones he ido a muchas escuelas e institutos del Estado, y justamente siempre me ha llamado la atención que ondeen banderas; en Cataluña no suele pasar, no ondea ninguna o casi ninguna, a ninguna directora, a ninguna junta, se les ocurre izarlas.)

Iré a votar porque no confío en absoluto aunque muchos naïfs opinadores e inocentes tertulianas lo crean así que Mariano Rajoy, el de la pertinaz «algarabía», el principal culpable de este callejón sin salida, sí, el que montó mesas petitorias para recoger firmas contra Cataluña, el que llevó con la ayuda del nefasto Federico Trillo el Estatut a un Constitucional secuestrado y hecho a su medida, quiera ahora arremangarse para arreglar un problema que ha construido a pulso y a conciencia, que haga lo contrario a lo que ha perpetrado hasta hora.

Iré a votar porque no soy independentista y menos aún nacionalista. Porque me reconozco la capacidad y soy mayor de edad. Porque ya no se puede aguantar más.

Iré a votar, por cierto, porque es perfectamente descriptible el estropicio que haría actualmente el Constitucional si tuviera que pronunciarse sobre la LOAPA (1981), uno de los pocos intentos de recentralización que ha fracasado.

Iré a votar porque recuerdo, por citar sólo dos casos protagonizados por gente que de ninguna manera se puede confundir con la CUP. El primero, las carcajadas y el desprecio que en Madrid suscitó un presidente como José Montilla, cuando ya antes de la crisis, en 2007, fue y habló de «desafección». El segundo, la befa y burla, la nula respuesta al grupo de empresarios y empresarias que también en 2007 suplicaron educadamente que el aeropuerto de El Prat se pudiera gestionar de manera autónoma y dejara de seguirse un modelo de gestión centralista como el de Rumanía. Pues menos mal que se podía hablar de todo. Carpetazo. ¿Qué se habrán pensado estos súbditos, estas ciudadanas de segunda? ¿Qué salida dejaron; qué solución propusieron?

Iré a votar porque no soy independentista y menos aún nacionalista. Porque me reconozco la capacidad y soy mayor de edad. Porque ya no se puede aguantar más.

Iré a votar porque es insoportable que un tipejo como el reprobable y reprobado fiscal general José Manuel Maza ose decir que me han abducido, que nos han abducido, ¿pero qué se piensa? Cuando es Maza (hay nombres que imprimen carácter) el abducido por el PP de Rajoy. Ir a votar será una soberana respuesta.

Y si tiramos del hilo de la falta de respeto, de la mofa y de la «algarabía», Rajoy en la rueda de prensa conjunta con Donald Trump acaba de calificar la votación del próximo domingo de «alboroto», de «ruido»; debe ser una aplicación práctica de su gran sentido común, de su grandeza de miras.

Iré pues a votar aunque con miedo en el cuerpopor dignidad, para sobreponerme a tanto intento de humillación.