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Carta a una desconocida

18/04/2017 17:25 CEST | Actualizado 24/04/2017 13:38 CEST

Getty Images/iStockphoto

No sé si eres de Madrid o de fuera. Tampoco me importa. Sé que vives aquí porque casi todas las mañanas me cruzo contigo y aunque no fuera así me buscaría tu relación con esta ciudad para ser fiel a la temática de mi blog y escribir sobre ti y lo que representas.

No creo que tengas más de 15 años, quizás 16. Difícil edad donde las haya, que además para ti tiene que ser aún más dura.

No quiero que me des pena. No quiero tener ese sentimiento hacia ti porque eres una luchadora y lo sé porque veo el esfuerzo que te cuesta cada paso que das. Siempre me ha horrorizado el sentimiento de lástima.

Cuando paso a tu lado, casi todas las mañanas, no sé por qué mis pies se frenan y me piden ir a tu ritmo. Me siento mal por poder caminar rápido, subida a mis tacones, mientras tú peleas cada paso ayudada por un andador.

Pero sé que eres una luchadora porque vas sola, con la cabeza muy alta y las manos firmes. Me imagino el día que te negaste a que alguien te acompañara. Me imagino el pellizco en el estómago que debe sentir tu madre todas las mañanas cuando te ve salir por la puerta de casa. No sé si habrá conseguido convertir el miedo en orgullo.

Me pones en mi sitio, pequeña. Me bajas a la tierra. Me haces ver lo afortunada que soy y me quedo con ganas de abrazarte y darte las gracias. Eres una lección. Tus piernas no tienen fuerza pero tu cabeza y tu voluntad son de hierro.

Solo quiero que la ciudad no te resulte hostil. Quiero que Madrid te ayude a llegar sin desfondarte a los sitios, para que te quede energía para disfrutar de lo que a tu edad tienes que disfrutar.

Dicen que los que vivimos en las grandes ciudades perdemos humanidad. Levantemos de vez en cuando la vista de nuestros teléfonos móviles, salgamos de nuestra burbuja y miremos a nuestro alrededor. Nos da miedo mirar porque vemos gente como tú, que nos da una lección de vida y el miedo nos paraliza porque proyectamos. Entonces subimos la música de nuestros auriculares y volvemos a mirar el teléfono; a ver si con suerte un mensaje nos transporta lejos de tu realidad.

Gracias, pequeña,y sirva esta entrada de homenaje a los que cada día, como tú, llegan a su meta con más esfuerzo que los demás en una ciudad que puede ser muy hostil con los que no lo tienen fácil.

Este post se publicó originalmente en el blog de la autora.