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Nos dijeron que ya no quedaban dragones que matar: homenaje a Ignacio Echeverría

09/06/2017 07:30 CEST | Actualizado 09/06/2017 07:30 CEST
Pixabay

Nos dijeron que ya no quedaban dragones que matar. Pero no nos contaron que hay malos que no surcan el cielo lanzando llamaradas por la boca. Los malos en el siglo XXI viajan en furgonetas, atropellan almas y utilizan cuchillos que sesgan historias, ilusiones, esperanzas, proyectos: VIDAS.

Irrumpen en la normalidad de las ciudades para crear el caos, para destruir, para instaurar el miedo a lo cotidiano. Y de vez en cuando, surgen héroes que solo soñaron con ese estatus cuando leían de niños las historias de guerreros que salvaban princesas.

Héroes que cabalgan a lomos de caballos de dos ruedas, tu bicicleta, de los que no dudan en desmontarse cuando ven que los malos atacan a alguien indefenso. Tu arma: un monopatín. Una afición que solo deja ver que llevabas aún muy presente al niño que fuiste, lejos de los trajes que debías vestir para ir a trabajar en el banco.

No sabemos si conseguiste salvar la vida de la mujer que estaba siendo atacada. Quiero pensar que sí, que el peaje que has pagado y tu valentía han servido para algo. Me consuela pensar que esos segundos que conseguiste entretener, a golpe de monopatín, a los asaltantes salvaron otras muchas vidas. El efecto mariposa, el efecto Echeverría.

Necesito pensar eso porque en mis libros de cuentos los buenos siempre derrotaban al villano.

Un monopatín, un arma de destrucción masiva de rodillas y codos de chavales que sueñan con saltar más alto.

Gracias, Ignacio, por reconciliarme con los valores que empezaba a ver desvaídos por el tinte de la maldad. Por hacerme creer de nuevo en la valentía de los hombres de bien y en la determinación de quien no puede ver una injusticia.

Estamos faltos de héroes y tú nos has devuelto la ilusión.

No hay consuelo para tu familia en forma de medallas y reconocimientos, porque todos son a título póstumo, pero ojalá les llegue mi humilde gracias por devolverme la fe en las personas ante tanto mal y por haber educado a una persona con tales valores que es capaz de dar su vida por defender a otros.

Descansa en paz.