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El Trineo de Viento frente a las grietas en el glaciar interior de Groenlandia

30/05/2017 07:26 CEST | Actualizado 30/05/2017 07:26 CEST

Navegamos ya por el hielo interior de Groenlandia. Vamos impulsados por un viento del sur que es justamente el que necesitamos para avanzar hacia el norte, con una de las grandes cometas de 80 metros cuadrados. Camino del corazón del Ártico.

Al final, esta expedición Río de Hielo Groenlandia 2017 ha tardado más en salir de Kangerlussuaq de lo previsto. El mal tiempo nos ha tenido atrapados más de la cuenta en un enclave cuyo centro y eje es una base militar norteamericana creada durante la II Guerra Mundial. Este retraso nos ha permitido, eso sí, preparar los últimos detalles, sobre todo buscar soluciones para integrar todos el aparataje científico en convoy, algo que no hemos podido probar hasta que el eco-convoy no estuvo montado. También nos ha permitido conocer a los numerosos científicos polares que utilizan Kangerlussuaq como punto de entrada a las pocas bases científicas del interior.

Finalmente, cuando el temporal de niebla e inestabilidad se redujo, a última hora del miércoles pasado, un helicóptero nos trasladó al punto del hielo, a 1.500 metros de altitud en el glaciar de Groenlandia, donde iniciamos el recorrido. Para este ocasión elegimos un lugar algo más al interior, con objeto de no tener problemas con las grietas o el agua. Aun así, sabíamos que las grietas las teníamos relativamente cerca, así que Ramón Larramendi decidió que habría que dar un rodeo de unos 300 kilómetros antes de poner rumbo directo al norte, para no tropezarnos con ellas. Son un grave peligro para el Trineo de Viento y para cualquier vehículo que trate de moverse por el interior congelado de esa isla.

Estamos convencidos de que estamos abriendo, si no una ruta en Groenlandia, sí una ruta para la ciencia polar que va a tener más recorrido que los kilómetros que tenemos por delate.

Durante dos días, hemos estado acampados en ese mismo lugar, montando el Trineo y a la vez instalando los dispositivos que tenemos para recabar datos para los proyectos en marcha. Lo más complicado ha sido conseguir que todo el sistema de suministro eléctrico funcionara y que las baterías cargaran lo suficiente, gracias a las placas solares, para cumplir los objetivos marcados. ¡Somos 100% autosuficientes a nivel energético! Ni rastro de CO2 queda a nuestro paso.

En este asunto, el químico de la Universidad de Wisconsin, Ross Edwards, se ha revelado como un auténtico 'McGuiver'.

Una vez que todo estuvo preparado, ya sólo quedó esperar que llegara el viento adecuado, viento del sur. Y el viernes, tal y como nos habían anunciado nuestros colaboradores de la Agencia Estatal de Meteorología, comenzó a soplar.... Y comenzamos a navegar, lentamente.

Hay que tener en cuenta que los primeros días son siempre de ajustes y aprendizaje de los nuevos windsleders, como nos bautizamos el pasado año. En este caso, los nuevos son Ross y JJ (Jens Jacob Simonsen), pero enseguida han aprendido a pilotar con ese timón-polea que nos conecta con nuestro motor de tela, casi siempre en el horizonte, a 300 metros del vehículo. Y la vista fija, pendientes todos de cualquier irregularidad que nos indique que hay una grieta.

Son los primeros kilómetros de una travesía que será larga y en la que acabaremos instalados en la rutina de los turnos, de dormir al run-run del ruido de los raíles cuando se deslizan por el hielo y de desenredar los hilos de la cometa cada vez que caiga porque el nos quedamos sin combustible.

Hemos tardado en salir, pero al ver el Trineo de Viento convertido en esta plataforma científica limpia, los cinco (Ramón, Hilo, Nacho, Ross y JJ) estamos convencidos de que estamos abriendo, si no una ruta en Groenlandia, sí una ruta para la ciencia polar que va a tener más recorrido que los kilómetros que tenemos por delate.

Y si queréis información con más detalle, consultad la web del Trineo de Viento