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Historias que merecen ser contadas: el químico que solo quería viajar

06/02/2018 07:35 CET | Actualizado 06/02/2018 07:35 CET
Victor Navarro, desierto del Sahara

La segunda entrega de la serie Historias que merecen ser contadas bien podría haber tenido su origen en la típica frase que todos hemos escuchado alguna vez en boca de familiares o amigos, cuando en voz alta has fantaseado con dejar el trabajo actual y dedicarte a eso que realmente crees que te haría feliz aunque suponga un riesgo muy elevado: ¿Estás loco/a? ¡pero si te va bien! ¿por qué te vas a meter en semejante berenjenal?. No tengo confirmación de que así fuera, pero sí la certeza de que sucediera. Pero empecemos por el principio.

Víctor Navarro, el químico que solo quería viajar

Víctor Navarro, hijo de una familia media valenciana, parecía sacado del molde del hijo ideal que todos los padres de nuestra generación buscaban: Que no se metiera en líos, que se sacara una ingeniería, que se colocara en una buena empresa trabajando de lo suyo y formara una familia. Y los objetivos los clavó, aunque a su estilo, un poco different.

Es un buen tío, sí. Pausado, cercano y de trato amable. De esos que no se solivianta, o al menos no evidencia los nervios, porque tenerlos los tiene. Comiendo en un restaurante cerca de sus oficinas, en Valencia - Ojo Valencia, que está dando proyectos muy notables últimamente- me reconoce que no fue de los hijos que roban horas de sueño a los padres, y que con 24 años ya había terminado Ingeniería Química Industrial. Echando unas cuentas rápidas confirmo que en toda su vida de estudiante sólo ha repetido un año – Permitidme que como ingeniero a medio hacer me ponga en pie reconociendo semejante proeza-.

Con su buen expediente rápido consiguió "colocarse" recién salido de la universidad, como decían y esperaban los padres en aquellas épocas, y fue progresando hasta llegar a ser director de una fábrica local de galvanizados en la que entró con 24 años. Tenía un buen sueldo, treinta años y un futuro prometedor por delante. Sin embargo, reconoce, una sensación de hastío comenzaba a crecer en su interior. La falta de motivación, de ilusión y replanteamientos vitales profundos tomaban cada vez más protagonismo en las conversaciones con los colegas, hasta que su primo le confesó su idea de irse a Panamá, la tierra prometida, para montar algo y hacer dinero. ¡Y lo hicieron! Habló con el director general, le contó que estaba quemado y que necesitaba un cambio de aires, pero que volvería...

El oxígeno que coge en los viajes cada vez se quema más rápido y el espíritu 'Wanderlust' cada vez es más evidente

El dinero que había ahorrado le permitió pasar por allí unos cuantos meses, aunque el disfrute propio de la edad y el turismo no les dejó hueco para encontrar la oportunidad que iban buscando. Así que tras unos meses en Panamá y algún que otro país de la zona, vuelve a España. Y vuelve a colocarse como director de otra fábrica durante los siguientes tres años, que es lo que tardó en volver a reunir el valor - y dinero – para dejarlo nuevamente, esta vez con la promesa de estudiar inglés...¡En Australia! Un año allí estudiando y haciendo turismo para volver a España nuevamente, pero esta vez decide cambiar el escenario e irse a Jerez para dirigir otra fábrica química.

El oxígeno que coge en los viajes cada vez se quema más rápido y el espíritu Wanderlust -palabra de origen germano que significa necesidad de viajar- cada vez es más evidente. En dos años vuelve a irse, esta vez decidido a cambiar de sector, y una matrícula en un Master en Física de la atmósfera en Leeds era la llave que le abriría las puertas a la investigación, dice mientras se le dibuja esa sonrisa y menea la cabeza de un lado a otro con sonrisa inocente. Pero se las apañó para que el proyecto fin de Master fuera la investigación de la pluma de un volcán, en una isla perdida del Mar Caribe.

Vuelve a Valencia con su Máster bajo el brazo y miles de kilómetros en la maleta, pero sin dar esquinazo a esa angustia vital que se tiene cuando uno no es capaz de vislumbrar su futuro y en su lugar sólo se ve el vacío, la nada. Si no lo has experimentado en tus propias carnes creéme, es una sensación muy jodida que el abajo firmante también ha sufrido con intensidad.

Un amigo suyo, guía turístico, comparte con él sus penas cerveza en mano, contándole con todo detalle lo quemado que estaba él también con todas empresas de viajes con las que trabajaba, mientras le contaba, con la seguridad del que habla al que nada sabe del tema, que había una forma diferente de viajar y que tenía mucho futuro por delante. Víctor, ávido viajero, escuchó atentamente los argumentos del amigo y, por primera vez desde que terminó la carrera, notó esa emoción que te embarga cuando fantaseas con un proyecto que de verdad te seduce; ese escalofrío que recorre el cuerpo; esa sensación, más romántica que racional, a veces llega en el momento adecuado.

En 2009, con la crisis financiera mundial ya en todo lo alto, daban de alta en el registro Different Roads, cuyo nombre ya era una declaración de intenciones, -teníamos que hacer cosas diferentes, dice- y en septiembre lanzaron su primer viaje; una ruta cervecera por Europa para un grupo de 15 personas.

"¿En serio? ¿Y cómo demonios lo vendisteis sin una web?" se me escapa en alto mi pensamiento...

"Pues buscando asociaciones de cerveceros por la ciudad, clubs de amigos de la cerveza... ¡dónde lo íbamos a vender si no!". Responde encogiendo los hombros como si esa fuera la única respuesta posible. Reconoce que salió muy bien, tanto que al año siguiente ya lanzaron dos circuitos por Europa en Semana Santa y otros 3 en verano – de turismo cultural, nada de cervezas ya...- pero también comienzan las divergencias sobre el producto que debían trabajar y la estrategia de futuro, y su amigo y socio finalmente se baja del proyecto. Se queda él solo con un proyecto sin terminar de despegar y sin ahorros.

Corría el 2011, y diseña varios tours –circuitos culturales- para asegurarse ventas, aunque ve tan clara su estrategia de especialización que lanza el primer circuito para singles. ¡Un éxito! y así sigue, ampliando destinos con su toque diferente y sin dejar de apostar por la especialización. El boca a boca hizo su parte, y las ventas crecieron tanto que en 2014 creó la división mayorista TWS para poder vender sus circuitos a través de otras agencias de viajes. Su visión y firme creencia en la especialización le ha permitido ser líder en el mercado de los singles -este año lanza singles senior, singles junior y viajes sólo para mujeres, me susurra a modo de primicia-, aunque sólo representa una pequeña parte de los más de 14 millones de euros facturados por esos viajes different .

Hoy parece haber conseguido superar esa angustia por su futuro, aunque supongo que la ha cambiado por la de la responsabilidad de tener una familia tan grande a su cargo...

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